24 de septiembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

A partir de no poder dar marcos, ni leyes, ni reglas de juego estables, no nos debe extrañar que resultemos un simple mercado para que se ejerza la «timba» foránea, en los momentos que les parezca apetecible. Es tan doloroso, como real, habida cuenta de los entusiastas esfuerzos por avasallar contratos y compromisos, y retorcer legislaciones, a gusto y placer. Si comienza a fluir algún capital de riesgo desde el exterior será solamente porque pueden efectuar un vuelo rasante -tipo «garza»- y recoger pececillos de la superficie, para seguir después su rumbo. Y cierto es que un movimiento que posea cierto lapso en la dirección alcista generará diferencias más que suculentas en nuestra plaza: como lo que está aconteciendo desde inicios de mes. Lo que no debe perderse de vista es que si la tentación se produce, el inversor local tiene que resultar un excelente tiempista y jugar sus cartas, una mano antes que las «garzas», para no vernos en esa ensoñación perjudicial que otras veces aconteciera: de suponer que «la confianza en la economía» y frases de molde por el estilo sean las que atraen al exterior. Todavía está por verse si sucede, por ahora la cuestión se sintetiza en el propio ámbito local y carteras que están buscando redimirse en el año, jugando al contado y a las opciones.

Bien llevado, con sentido profesional, el curso se fue afirmando y respondiendo a los principios ortodoxos. Si es posible formalizar un « presupuesto» para 2005, basado en ingresos que -en su gran medida responden a los volátiles precios de materias primas, no caben dudas de que también es posible realizar un raid bursátil: que posee casi las mismas chances de ser cierto que esas cuentas nacionales realizadas en el aire. Lo demás pasa por emocionarse con el superávit, imaginar una economía que resplandece ahora y proyectarla indefinidamente. Dejar de lado los fuertes compromisos que se avecinan, los manejos de gobernantes que solicitan poderes absolutos para utilizar esos recursos, y suponer que la tendencia encuentra sus apoyaturas reales en causas volátiles, pero que lucen como inalterables. Seguimos indagando acerca de los motivos que pueden estar moviendo a la demanda surgida, y a la oferta aquietada, no nos han dicho nada nuevo los operadores y lo que se invoca es bastante de lo que ya estaba -y no movilizaba a nadie y algunos agregados difusos, sobre los que cada quien coloca el acento. En base a la hora, a las condiciones que se tienen, lo visto en setiembre merece la categoría de fenomenal. Ya el Merval atacó los 1.100 puntos a mediados de semana, sin que aparecieran amagos de que pudiera diluirse el movimiento. Hecho así, con lo que hay, es simple fe: creer sin haber visto.

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