11 de julio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Nosotros, desde esta columna diaria, muchas veces hemos cometido equivocaciones. Pero, del total de ellas, las que más nos fastidian son las que son frutos de una torpeza.

Especialmente, cuando se abordan temas que resultan materia prima de nuestra especialidad y donde aparecen autozancadillas insólitas. Si el lector desea un ejemplo práctico, real, se lo vamos a dar pero en una esfera donde resulta mucho más insólito todavía, que tales equivocaciones de principiantes se cometan. Como el que cometieron funcionarios de tan alto nivel, como de Economía, dejando deslizar en los medios (y éstos lo reprodujeron hasta en las tapas) que la inflación de junio rondaría 0,5%. Y que donde podía haber algún dato más elevado sería en julio. Muy bien... resultó que ya entrados en julio, aparece con letras de molde en todas partes que la inflación del mes anterior llegó a 0,9%. Y en todas las menciones, la bajada de línea -bien ganada, por otra parte- remataba el dato específico con «esto resultó bastante más alto, que lo que esperaban en el gobierno». O bien, una variante, como «la inflación de junio salió a casi el doble de lo pronosticado por los funcionarios». Remate lógico, ya midiendo lo de julio, donde se remachaba con «esto hace temer por el índice de julio, al que se consideraba más complicado que el de junio». Ahora bien, uno se pregunta para qué diablos surgieron los profetas a hablar, cuando ni siquiera había culminado el mes y para exponerse de tal modo. Creando todo un discurso en derredor de la marca anunciada, por culpas de esas manifestaciones tan alejadas de la realidad y que habían forjado una expectativa favorable: que se cayó a pedazos, con decepción, y predisponiendo mal a lo que se espere de julio.



Es como si un alto directivo bursátil manifestara que el mercado va a subir en un mes de 5% a 10%. Y, después, al terminar el período resulta que la Bolsa decae 4% en sus precios. Hubo casos, claro que los hubo, uno de los más espectaculares (sin citar el nombre) provino de un demasiado entusiasta presidente de la Bolsa que allá, antes de la caída de 1992, y frente a un mercado que había tocado volúmenes de hasta 150 millones de dólares, profetizó que eso no era nada: «Llegaremos a ver al mercado en 300 millones de dólares...». Dichos que acompañaron al personaje como una lápida, en su corta carrera política bursátil.


Ahora, con todo lo que se armó en torno de la inflación «inesperada» (pero fabricada la expectativa desde la esfera oficial) los ánimos de julio con los precios están caldeados. Tanto como para volver a hablar de «controles». Y cuando unos días antes, en el triunfalismo dibujado, se hablaba de abandonar ese sistema de controles. Un enchastre gratuito: como para decirle al Presidente, que se cuida de «zancadillas» que le hace su propio equipo.

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