Ya comienzan a aparecer las primeras oposiciones a los «faraones» del gas que han fabricado una utopía de miles de kilómetros, cuando las reservas que poseen dentro de sus propios territorios se caen como un plano desde el octavo piso por falta de inversión. Y por carencia de política aconsejable para que ellas aparezcan. La Bolsa ha reflejado duramente, en papel del sector, las consecuencias de un Evo Morales por ahora dispuesto a ir a fondo, que desmantela la realidad de nuestro país dramáticamente expuesto a importar gas y petróleo, mientras tanto se seguirá con el ensueño del fastuoso gasoducto. Incentivar la producción, espolear empresarios para que ésta aumente y desechen el incremento de precios, sin nadie que pueda asegurarles el suministro de los fluidos vitales. Ciertamente ingeniosos los funcionarios, que solamente exigen, pero no se compenetran de los problemas que se pueden oponer a ello. Y la energía resulta vital, porque sin ella no estará asegurada ni la actual producción.
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Que la Bolsa local otorgue a sus seguidores un enero como el que está a punto de concluir resulta poco menos que un lujo. Porque es un mercado inserto en un escenario sumamente rústico, con gobernantes que atan las cuestiones con alambres de fardo y hasta perder tiempo al presidente de la Nación, llevando empresarios de uno en fondo para firmar «acuerdos» precarios y sometidos a una serie de variables -como la propia energía, o los tironeos gremiales- de los que nadie quiere hacerse cargo. En la lucha contra la inflación, renace la ironía de Churchill sobre los norteamericanos. En esta lucha: «El gobierno espera que cada sector cumpla con su deber». Menos el gobierno. Que, en gran medida, nos trajo la inflación de vuelta y sin siquiera darle la importancia que se merecía en sus primeros rasgos. Ahora, cunde el desorden y la prisa, se ponen en circulación las viejas medidas fracasadas y -en tanto- se produce un enorme boquete en las previsiones energéticas.
La verdad, cada inversor debe darle una ponderación, un buen valor agregado a la ganancia que pudo extraer del mes, con los títulos privados. No es con tal contexto donde se puede hallar un rendimiento, en dólares, de tal magnitud mensual. Es posible que las tasas, y la deserción de ellas, le hayan echado una buena mano a la inversión de riesgo. Es el flanco más imaginable, la falta de alternativas seductoras, lo que hace que la oferta se contenga -por no saber hacia dónde ir con el efectivo- y la demanda se acumule ante las plazas que despiertan por algún motivo. El resto, el rebote de inversión salido para ingresar por otra vía, hace a la mecánica de un circuito que -afortunadamente- vino luciendo cerrado. No, seguramente, por ningún motivo extramuros.
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