28 de mayo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

El viernes fue feriado; seguramente muchos lectores no leyeron la columna de esa fecha. Y resulta que la de hoy es continuación de aquella. Los que no la posean, ni puedan o quieran, deben saber que abordamos los pronósticos directos de Alan Greenspan -del miércoles a la tarde- en una teleconferencia con Madrid. Y que al menos no estábamos tan desacertados -en teoría- cuando desde aquí alertamos al lector sobre el «peligro chino», que se aproxima a un estallido grave. O cuando mencionamos que esa corriente, incentivando a los inversores a pasarse de bonos a acciones -sobre mercados ya muy maduros-, nos hacía temblar, al ver mucho más cercano el riesgo con tanto seguir inflando la «burbuja». Greenspan anda por los mismos principios y creencias. Y evidentemente, no es un «don nadie» (como nosotros). A partir de esto, queda claro que la única forma de verificar los aciertos o errores de las presunciones solamente lo dirá el devenir del tiempo y los mercados. Pero, hay que reiterar el «alerta». No por esta columna, pero sí por una voz que resume experiencia, sapiencia, además de larga gestión en puesto clave.

Se nos dirá: «¿Pero las casas bursátiles, los analistas que crearon la otra corriente, no ven lo mismo?». Respuesta: sí que lo ven. No hay que ser un genio para saber que lo de China es un clásico camino a estallar. Y que no se les puede colocar más presión a mercados que derriban récords casi a diario. La advertencia de febrero pasado, cuando estornudó China y todos se resfriaron, no se tomó. Y no será la primera vez que casi se ríen de las que resultan luces de peligro, que parten de gente como Greenspan (lo gozaban, estando en la Fed, cuando hablaba de «exuberancias», antes del desastre tecnológico).  


Lo saben, sí que lo saben y lo piensan igual. Pero el negocio y los intereses pasan por otro lado. Entonces, si se está saliendo de posiciones de modo apresurado y denso, se envían los mensajes a la inversa para poder capturar compradores que crean en tales manifiestos.

Siempre el inversor, el dueño de su capital, tiene las opciones y actitudes a adoptar para defenderse. No sólo posee el derecho, sino el deber de velar por lo suyo, y llegando a conclusiones entre lo que considere más sensato de lo que ve o escucha.

Lo que le pedimos es que no se contente con versiones ultraoptimistas, como las que venían en paquete desde afuera, sino que las coteje con las opuestas. Desdeñe lo nuestro, pero Greenspan es un nombre como para confrontar con lo que digan casas bursátiles, o analistas renombrados. Después, llegará a sus conclusiones.

El mayor riesgo a la vista es China, sin dudas, porque ya el alud parece imparable. Pero, si desde mercados alternativos se aplican también incentivos alcistas, puede haber graves traumatismos en cadena ( donde no estaremos a salvo, seguro). Baraje las cartas.

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