14 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Los norteamericanos tienen nombres para cualquier operativo, no solamente los bélicos. Si hubo una «Tormenta del Desierto», ahora que el asunto se trasladó a una guerra económica proyectaron «Línea de Vida» y desarrollado ya como un paraguas total: no solamente los que estaban expuestos con las hipotecas «de alto riesgo», sino para cualquier tipo de crédito con finalidad inmobiliaria.

Un modo de salvar también a los que no precisan ser salvados, pero que -oportunamente- se han tirado cuerpo a tierra esperando que una mano amiga les otorgue facilidades extremas. Que quizá no necesiten, pero que aceptarán de buen grado. Y sin dejar pasar el momento para hacer algún tipo de negocio, emergió en el escenario la figura de un Warren Buffett, quien, a través de una de sus entidades, prometió hacerse cargo de las obligaciones de las aseguradoras (que estaban en agonía y con un cura al lado). En este caso se habla de unos 800.000 millones de dólares, en bonos municipales, dentro de un show de cifras monstruosas que se han venido ventilando en los últimos tiempos.

¿Puede terminar esto con el principio recesivo y con el cambio de ánimo de las personas? No es tan sencillo, y si bien la memoria del ser humano tiende a desterrar lo malo de su archivo, el instinto de conservación no retorna velozmente a sus casillas.


...Y que el miedo no es zonzo se vio también clarito en las actuales referencias del Banco Central (que no eran las mismas de un par de meses atrás, buscaremos esto en el archivo). «La crisis de Estados Unidos se sentiría en la Argentina...», manifiesta la entidad en un informe a la Presidente. Y vale el elogio de reconocer a tiempo que la idea de lo «inexpugnable» parecía repetir uno de los tantos clásicos argentinos: sentirse invencible y suponer que el agua inundaría a los otros solamente.

Es de esperar que otros, que iban en la dirección opuesta -no sea que Kirchner se enoje- se alineen detrás de lo dicho desde el Central y vayan preparando a la gente para que no nos tome de sorpresa, en pleno gasto de consumo disparado, lo que pudiera venirnos.

Decíamos, hace poco, que la incentivación a «ahorrar», a evitar «lo superfluo», a no embarcarse en endeudamientos que son imposibles de poder sobrellevar si varía alguna condición parece haber desaparecido en los tiempos que corren. Hoy, no sólo aquí, todo lo que llega como mensaje oficial es: «Consuman, consuman, gasten, gasten...», con tal de que el endiosado ratio del crecimiento no se contraiga.

Sería excelente que la conductora del gobierno tomara para sí el espíritu del informe y deslizara, en uno de sus diarios discursos, esa recomendación racional a los gobernados. Que la fiesta está terminando.

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