26 de octubre 2001 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Periodista: Octubre se arrima a su fin. Y con él la temporada oficial de balances. La impresión que uno recoge es que las compañías no se apartaron demasiado de las expectativas de ganancias que habían establecido los analistas de antemano.

Gordon Gekko: No se engañe. Ha sido un trimestre horrible. Esa es la mala noticia. Pero no más siniestro que lo que ya se temía a comienzos de octubre. Y ésa es la buena nueva.

P.: ¿Tiene números a mano? O es muy temprano?


G.G.:
Con la mayoría de las corporaciones que integran la canasta S&P500 habiendo ya publicado sus balances, las utilidades retroceden casi 23% con respecto a sus niveles de un año atrás. Se espera que cuando el proceso termine, la caída se ubique en 22 por ciento.

P.: No parece tan alentador...

G.G.: No sabía de nadie que lo encontrara alentador...

P.: La Bolsa no ha sentido el impacto.


G.G.:
En fecha tan reciente como julio -cuando comenzó el trimestre-, los analistas esperaban una merma de sólo 7% en las ganancias. Eran los tiempos de un Dow Jones que fluctuaba entre 10.400 y 10.800.

P.: Y un NASDAQ por encima de los 2.000 puntos. Lo recuerdo bien. Fue el último intento por dejar atrás el mercado «bear» (bajista).


G.G.:
Pues bien, de la mano de los «warnings», de los prenuncios que las firmas suelen hacer para preparar el terreno, las perspectivas se tornaron más sombrías y, pari passu, se fue derritiendo el rally. Si la Bolsa no sintió el impacto ahora, queda claro que antes tuvo que masticar el polvo de la derrota.

P.: Los atentados del 11 de setiembre occurrieron sobre el filo del trimestre. ¿Cuánto influyeron en los presentes resultados y cuánto quedó para el cuarto período?


G.G.:
Depende de la industria. He visto estimaciones que arrojan una incidencia negativa de 4 o 5 puntos (en el agregado) para el S&P500.

P.: En el tercer trimestre...

G.G.: Sí. Ignoro cuánto será en el cuarto trimestre. Pienso que menos, pero no lo sé con certeza. Hay que tener en mente que, paralelamente, los atentados han dado la oportunidad de sacar a luz la basura que yacía debajo de la alfombra.

P.: Por lo menos no se han detectado desastres... Hablo de los balances en general.


G.G.:
Siempre hay desastres en tiempos malos y me pregunto por qué esta vez habría de constituir una excepción.

P.: Recuerde los casos...

G.G.: Bancos como US Bancorp o Providian han reflejado un fuerte aumento en la morosidad de las carteras de crédito personales. Tarjetas de crédito. Me parece un tema a monitorear. Si usted quiere construir un escenario optimista, necesita que el sistema financiero no acuse un deterioro pronunciado en su cartera de préstamos. Situación que, le aclaro, no ha sucedido hasta el presente.

P.: Pero, ¿cree que se está incubando?


G.G.:
Una suba en la cartera irregular es inevitable -es un proceso en curso-pero nada señala aún que no se produzca un alza dentro de márgenes manejables. Cuando la economía norteamericana entró en la última recesión en 1990, casi 5% de los préstamos estaba ya en situación dudosa. Hoy por hoy, la relación se ubica en la mitad de esa cifra. En 1991, con más de 7% de la cartera inmobiliaria en problemas, los bancos cortaron de cuajo sus préstamos y la economía sintió el impacto. La recesión en sí resultó breve pero la recuperación fue extremadamente lenta, casi imperceptible. Atada a las vicisitudes bancarias. Que no se remediaron por completo hasta 1993.

P.: George Bush padre puede dar fe.


G.G.:
Esa pereza le costó las elecciones de noviembre de 1992. La recesión había terminado en marzo de 1991 pero el votante no lo percibió hasta casi dos años después.

P.: Cree que los balances bancarios encierran una amenaza similar.


G.G.:
Hay un deterioro general en línea con el enfriamiento de la economía. Pero se cuenta con un buen colchón de ganancias. Los bancos operan una industria con altísimo leverage, con muy elevado apalancamiento. Es imposible evitar las pérdidas cuando cambia el ciclo pero el tema es tenerlas bajo control. Y, en general, ése es el caso. Aun reconociendo que la contabilidad puede estar amortiguando el verdadero impacto. Balances que encendían reparos el año pasado, como el de Bank of America, hoy muestran una institución que cambió de management y está saliendo de los negocios más arriesgados. Pero también pienso que si este año el foco de los dolores de cabeza fueron los préstamos corporativos, el año que viene será el turno de los préstamos personales.

P.: ¿Por qué?

G.G.:
Basta mirar lo que acontece en el mercado de trabajo. El desempleo ha trepado ya más de un punto. Y los casos que cité ponen el acento -de repenteen súbitos problemas en la cartera de consumo. Vale la pena no perderles pisada. Recuerde que la política monetaria para ser efectiva precisa que los bancos estén dispuestos a prestar. Y el crédito bancario, de crecer a un ritmo cercano a dos dígitos --9,3% a fines de 2000- ha pasado a 4,8%, casi la mitad, a fines de setiembre. Esto, a su vez, es sensiblemente inferior a la creación de base monetaria -8,5%- impulsada por la Fed.

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