Diálogos en Wall Street
(Para Gordon Gekko no cabe dudas: EE.UU. está en recesión. Así opinó un operador de la Bolsa de Nueva York que se identifica con el nombre del mítico personaje de la película «Wall Street». Los atentados en las Torres Gemelas dieron el golpe de gracia. Para el analista, el caso argentino se asemeja al del accidente de trenes más lento de la historia.)
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Gordon Gekko: Después del 11 de setiembre, se ha invertido la carga de la prueba. Se respira un sentimiento muy profundo de recesión. Es un axioma. Como tal, no se discute. No precisa corroborarse en los números. Estamos en recesión. Punto. A menos que se pruebe lo contrario. Pero -si fuera el caso- no logrará hacerlo antes de comenzado 2002.
P.: ¿Aunque las apariencias engañen? Me refiero a que se esperaba una caída de 1%. Un escenario más sangriento.
G.G.: Es un suave paso atrás. Las apariencias engañan. Aun así -o sea, admitiendo un margen de error en la percepción- que la economía ha retrocedido en el tercer trimestre y que sucederá otro tanto en el cuarto lucen como una conclusión irrefutable. Sin pretender negar los matices...
P.: ¿Cuáles?
P.: ¿Cómo es posible?
P.: Todavía el consumidor responde a los descuentos de precio.
G.G.: Definitivamente. Pero usted no puede trabajar por siempre a precios por debajo del costo. Tiene sentido como herramienta temporaria. Para acelerar la digestión de stocks. Pero no se engañe: esos autos que vende hoy los dejará de vender más adelante. Ya sea porque tratará de quitar los incentivos o, en mayor medida, porque el financiamiento gratuito ha influenciado no tanto la decisión de comprar un auto, sino el momento de hacerlo. Quien pierde el trabajo, no cambia el auto. Aunque lo tiente con una buena oferta.
P.: ¿Cómo cree que Alan Greenspan responderá a estas realidades? Hay una nueva reunión de la Reserva Federal...
G.G.: Como lo ha hecho hasta el presente.
P.: Anotamos una nueva baja.
G.G.: No seré yo quien lo discuta.
P.: ¿Un cuarto de punto? ¿O medio?
G.G.: Un cuarto de punto es la fija. Antes de ver el informe de empleo de octubre.
P.: ¿Medio punto sería demasiado agresivo?
G.G.: Sí. Pero cuando Greenspan tuvo que serlo, no titubeó.
P.: Con la recuperación de las cotizaciones -con acciones que cotizan más cerca de los precios previos a los atentados que a los mínimos posteriores- no parecen existir muchas razones para un recorte tajante...
G.G.: La Bolsa sólo precisa saber que Greenspan no se ha retirado de la escena. Alcanza, en ese sentido, con que opere una baja de un cuarto de punto ahora y otro tanto en la última sesión del año, en diciembre. Mi impresión es que mientras ello ocurra, tendrá estómago suficiente para absorber las malas noticias económicas del ahora y para seguir apostando a una recuperación más adelante.
P.: Se precisa contar con un suave viento a favor por parte de la Fed...
G.G.: Eso pienso. Tenga presente que las ventas de acciones por razones impositivas ceden en importancia una vez terminado octubre. Subsiste una corriente ligada a los portafolios personales (que perdura hasta diciembre), pero ya la mayoría de los fondos comunes de acciones ha cerrado su ejercicio anual.
P.: ¿Qué papel juega la situación internacional? La Argentina, en concreto. ¿Se enteró de que se aproxima una refinanciación de la deuda pública?
G.G.: No crea todo lo que escuche, el correo todavía funciona. Me enteré. Y Greenspan lo hizo antes todavía.
P.: ¿Los acontecimientos en la Argentina pueden llevar a modificar las pautas de la Fed?
G.G.: No se ha movido el amperímetro de manera suficiente como para justificar un cambio de planes. Suele decirse aquí que el caso de la Argentina es el del accidente de trenes más lento de la historia. No hubo una gran sorpresa. Pero la percepción de que los problemas emergentes siguen en alza es muy clara y no contradice, sino apunta, en la misma dirección que lleva ya la Fed. Como la definición de la situación argentina se espera más bien para diciembre, quizás entonces tome un rol más prominente.
P.: ¿Se piensa que habrá un default?
G.G.: Una calificación CC suele asociarse a la inminencia de este tipo de trance.
P.: ¿Quizá se extraiga un conejo de la galera?
G.G.: Eso también está en los planes. Dada la experiencia. Pero debido a la atomización de los tenedores de bonos, parece imposible cerrar una transacción que evite siquiera un default parcial sobre determinados instrumentos.
P.: ¿Cómo piensa que reaccionarán los Estados Unidos?
G.G.: Conocemos la postura de Paul O'Neill. El es el partidario más encendido de una reestructuración de deuda. Unos días después de los atentados dejó bien claro que si por él fuera, el concepto a aplicar es el que rige el espíritu del capítulo 11 de la ley de quiebras...
P.: Pero no hay una ley de quiebras equivalente que rija para el caso de un deudor soberano como la Argentina.
G.G.: Eso no lo dijo. Pero es obvio que es así.Y me temo que la Argentina deberá definir su situación mucho antes que ese cuerpo legal exista.
P.: Se sabe cuál es el paraguas ideal. Pero también que no está disponible. Queda el apoyo internacional. ¿Supone que una vez más tomará partido?
G.G.: Eso no lo dude. Pero esta vez exigirá que todas las partes involucradas hagan su contribución. Eso tampoco lo dudaría.




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