Diálogos en Wall Street
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo denomina Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es cuántos nuevos recortes de tasas se necesitarán para reactivar la economía norteamericana. A la Reserva Federal no le queda mucho resto.)
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Gordon Gekko: La baja de un cuarto de punto era el pronóstico unánime. Las diferencias de opinión -siempre las hay- se centraban más bien en predecir cuáles serían los pasos futuros de la Reserva...
P.:Y parece que hay todavía más recortes por venir...
G.G.: Ese es el mensaje que arroja el comunicado que acompañó la decisión de la Fed. Es un mensaje directo. Sin rodeos.
P.: Con Fed Funds en 1,75%, eso nos llevaría a una tasa ya de 1,5%. Claramente por debajo de la inflación. Sobre todo de la versión «dura» (core), aquella que excluye los componentes volátiles de precios.
G.G.: No es un problema. No lo es, hoy en día, para el enfoque que ha asumido la Fed. Con precios de petróleo en caída franca, la inflación está fuera del radar de Greenspan. Tome los precios de la energía a nivel minorista: la caída anualizada en los tres últimos meses es de 20,8%. Despeja el panorama.
P.: Pero, por eso le pregunto, ¿hasta qué nivel llegarán los recortes?
G.G.: Un par de semanas atrás, le transfirieron a William Poole el mismo interrogante.
P.: El titular de la Reserva Federal de Saint Louis...
G.G.: Correcto, ¿llegarán los Fed Funds a cero? Si hiciera falta, no sería un impedimento, fue la respuesta de Poole. Imposible ser más contundente.
P.: Si la memoria no me traiciona, ¿estamos hablando del mismo Poole que antes integraba el bando de los «halcones» dentro de la Fed?
G.G.: Precisamente. Esa afirmación en boca de quien custodia el último reducto monetarista posee un valor agregado adicional. Lawrence Meyer, que no es tan duro como Poole, pero que ha sabido votar en disenso en el pasado, se pronunció en los mismos términos poco después. Así que de la mano de Poole y Meyer el mercado se convenció de antemano de que la Fed todavía milita a favor de una política monetaria de estímulo. Que los «halcones» estén de acuerdo, sin dudas, que debe facilitar las decisiones...
P.: ¿Qué tan expansiva es la política monetaria? En los hechos...
G.G.: Si usted observa el crecimiento de los agregados monetarios, no hay dudas sobre la presencia de una inyección generosa de liquidez. M2 crece a 11,2% anual. La velocidad de M3 es aún un punto superior. M1 crece por debajo de 8%, pero si uno toma las últimas 13 semanas, su ritmo de expansión es superior a 13%..
P.: No parece escasear el lubricante. Se entiende ahora que, pese a toda la incertidumbre económica, la Bolsa no tenga dudas...
G.G.: Es un combustible muy potente. Piense que la inflación se ubica en 2,1% anual (o 2,6% excluyendo energía y alimentos). O sea que lo que verdaderamente importa, la variación real, es muy robusta. El único signo de interrogación reside en el comportamiento del crédito bancario. Que ha sido más remiso. Y que en algunos rubros, como los préstamos corporativos, todavía no han interrumpido una fase de contracción. Pero en un balance amplio, el saldo que prevalece es el de un estímulo más que adecuado...
P.: ¿No corre la Fed el riesgo de sobreestimular la economía? Los últimos indicadores revelan indicios tempranos de recuperación.
G.G.: Mi impresión es que la Fed no sólo corre ese riesgo, sino que lo hace con gusto.
P.: No lo entiendo.
P.: Ese objetivo tiene prioridad...
G.G.: Es el objetivo. El único. Si en el afán de recobrar dinamismo, la dosis de estímulo probara ser excesiva, creo que la Fed elegiría mil veces tener que pagar el costo de ese error y no lidiar con una situación en la que la economía queda atrapada a media agua, quizá no en el piso de la recesión, pero tampoco embarcada en un sendero claro de recuperación.
P.: Sería grave para la Fed que ello ocurriera y las tasas estuvieran en 1,75%..
G.G.: Ya lo hemos conversado antes. Sería el síndrome de Japón. Por eso no hay titubeos. Greenspan, como en el '87, o como en el '98, está poniendo toda la carne en el asador.
P.: En el '87 o en el '98, Greenspan se las arregló con tres rebajas consecutivas de tasas de interés. Esta vez ya llevamos once, y todos los indicios señalan que la número doce está en camino.
G.G.: La filosofía es la misma. Pero está vez sí que ha tenido que echar mano a toda la munición.
P.: ¿Qué tan cerca del éxito cree que estará la Fed?
G.G.: Mucho más de lo que creían todos el 11 de setiembre.
P.: Pero no tanto como para suspender la baja de tasas...
G.G.: Tiene las pruebas a la vista. No se olvide de que entre octubre y noviembre se perdieron 800 mil puestos de trabajo. Netos. O sea aun tomando en cuenta los que hayan podido crearse. Y la tasa de desempleo que estaba en 4,9% saltó a 5,7%. Cuando se estabilice el empleo, quizá la Fed pueda pensar que ha cruzado a la otra orilla. Pero no antes.
P.: Mientras tanto hay señales positivas... Como para ser optimistas.
G.G.: De todas ellas, la propia suba de la Bolsa, y por varios cuerpos, es la que permite alentar los mejores pronósticos.




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