Desde el comienzo del conflicto entre Rusia y Ucrania, se dispararon los precios globales de la energía. El crudo Brent, valor de referencia del petróleo en Argentina, aumentó un 34% y el TTF holandés, referencia del gas en Europa, subió más de 60%. El reciente anuncio de Joe Biden, presidente de Estados Unidos, sobre la prohibición a las importaciones de petróleo y gas rusos generó aún más incertidumbre. Ayer hubo un respiro y el Brent retrocedió 10% a u$s114,15 el barril, pero se mantiene muy por encima de la preguerra.
Saldo comercial neutro: estiman que el shock energético podría ser compensado por el agro
Preocupa el impacto fiscal e inflacionario de la escalada del gas y el petróleo. Ayer el crudo aflojó 10%, pero sigue en niveles muy elevados. Déficit en la balanza de energía podría alcanzar los u$s6.000 millones.
-
El costo de la energía demora la inversión en hidrógeno verde de HIF Global en el país
-
Ursea redefine la regulación y el rol de las estaciones de servicio ante el avance de la movilidad eléctrica
Analistas consultados por Ámbito consideraron que este shock energético global tendrá un impacto sobre la política fiscal en Argentina, que es uno de las metas claves del acuerdo con el FMI. También advirtieron sobre el efecto inflacionario. Sin embargo, matizaron el impacto sobre la balanza comercial, ya que el mayor drenaje de divisas por importaciones de gas podría compensarse por el impacto del aumento de los commodities agrícolas en el valor de las exportaciones.
Martín Kalos, director de la consultora EPyCA, señaló que por cada dólar que sube el precio de gas a nivel internacional, aumenta alrededor de u$s160 millones lo que gasta el país, teniendo en cuenta los volúmenes que importa la Argentina año a año. “Argentina es importadora de gas. En consecuencia, el aumento de los precios internacionales impacta directamente sobre los bolsillos fiscales. Lo que el estado subsidia es el gas que está a disposición de las termoeléctricas porque si cada empresa tuviera que hacerse cargo del costo de esa importación, los costos de generación de electricidad serían mucho más caros. Y cada dólar que aumenta el gas es una mala noticia para la balanza comercial del sector energético”.
Además del aumento global de los precios a las energías, un informe la consultora Equilibra, señala que durante el 2022 la Argentina tendrá que incrementar al menos un 20% las importaciones de Gas Natural Licuado respecto de los volúmenes del año pasado para compensar los menores envíos de gas desde Bolivia.
“En 2021 el 43% del gas importado fue GNL, por el cual se pagó un precio promedio de u$s8,33 por millón de BTU, a lo que se suma el costo de la regasificación. Producto de un menor abastecimiento desde Bolivia, este año cerca del 54% de las importaciones de gas serían de GNL, cuyo costo a mediados de febrero ya se había triplicado respecto a 2021, y el viernes su precio se ubicó en u$s39 por millón de BTU. Si los volúmenes de GNL aumentan en 2022, las importaciones superarían los u$s6.000 millones contra u$s1.100 millones en 2021. El déficit externo energético, que a principio de año estimábamos en u$s3.600 millones para 2022, podría superar u$s6.000 millones si los precios siguen en niveles actuales y no se limita la demanda de los grandes usuarios en invierno”, según el informe de Equilibra.
Lorenzo Sigaut Gravina, director de esta consultora, planteó: “Obviamente, el Gobierno podría tratar de ahorrar gas en invierno restringiendo suministros a grandes industrias o generando energía eléctrica. Si tenemos que importar 70 barcos de gas licuado, el impacto puede ser deficitario en cuanto al sector externo de intercambio comercial”.
Sin embargo, ambos economistas coincidieron en que el efecto del aumento de los precios internacionales los commodities agrícolas que la Argentina exporta, compensaría el impacto del gas. Sigaut Gravina sostuvo que “a pesar de la suba de los precios energéticos, el impacto sobre la balanza comercial probablemente sea relativamente neutro por el aumento de los precios de los alimentos”.
Por otra parte, para Kalos, la escalada de precios a nivel mundial ejercerá presión sobre el costo de vida local. “La Argentina tiene una inflación que está estabilizada en alrededor del 50% en los últimos cuatro años. Y si a eso le sumamos la inflación mundial, impactará sobre los precios locales tanto de alimentos como de energías”. Asimismo, advirtió que el objetivo de desacelerar la inflación a una banda de entre el 38% y el 48% para 2022, como plantea el acuerdo con el FMI, estaba lejos de ser cumplido, con esta volatilidad global, “vamos a sufrir una inflación más alta en comparación a la de 2021”.




Dejá tu comentario