Madrid - Los bajos precios que ofrece la industria china pueden desatar las peores pasiones, como quedó demostrado en un episodio racista en el pequeño pueblo de Elche, cerca de Valencia, en donde se produce 40% de los zapatos españoles.
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A la deslocalización de empresas desde Europa hacia China se suma la modalidad de que empresarios orientales se instalan con distribuidoras en el Viejo Continente, completando la cadena de comercialización.
Elche alberga a 450 chinos que trabajan en varias distribuidoras. El 16 de setiembre, cientos de personas participaron en una manifestación contra la «competencia desleal e ilegal», durante la cual fueron incendiados dos almacenes y un camión de calzado al grito de «¡Chinos, fuera!». A más de dos meses del brutal ataque a su empresa, Jiusong Chen aún permanece en España ayudando a sus compatriotas, que venden zapatos a precios que van desde 5 hasta 15 euros el par, monto que desespera a los industriales locales.
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