Alberto Fernández comenzará hoy en Madrid una serie de tratativas que intentarán despejar un aspecto importante de la relación entre la Argentina y el Fondo Monetario. Ese costado de la relación no es la deuda: es la cuestión de los contratos de concesión. El viaje de Fernández y de la senadora Cristina Kirchner sería un éxito si consigue arrancarles a las empresas españolas con inversiones en la Argentina la aprobación de un cronograma cierto de tratativas y de recomposición de ingresos.
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En las primeras aproximaciones, que se produjeron ayer antes y después de una exposición de Fernández ante las 30 empresas más importantes de España ( estaban todas las que tienen filiales en el país, claro), se esbozó una posibilidad que tal vez resulte definitiva: se establecería una agenda de negociación de inicio casi inmediato, que desembocaría en un aumento de tarifas después de las elecciones de renovación parlamentaria.
El problema de los precios de los servicios impulsa presiones del G-7 sobre el Fondo tan o más directas que el problema de la deuda pública. ¿Las otras dimensiones de la discusión con De Rato y el directorio del Fondo? Serán parte de las conversaciones «para consultar, explicar, pedir consejo pero nada más», según explicó a este diario un miembro de la comitiva. Alguna razón misteriosa puso al gobierno al borde de otro «cuento chino» (en este caso, dicen los graciosos, «de gallegos»).
Por otra parte, está cada vez más claro que De Rato está fuera del alcance político de Rodríguez Zapatero y que del rey Juan Carlos I sólo pueden esperar palabras de aliento. En cambio, los empresarios españoles a lo largo de las entrevistas individuales que sostendrán con Fernández, tendrán definiciones sobre el destino del proyecto de regulación de los servicios públicos.
Básicamente dos acotaciones: se suprimirá la pretensión de que las casas matrices respondan patrimonialmente por sus filiales y que se acordará una jurisdicción internacional distinta del CIADI para el caso de pleitos.
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La cuestión del Fondo y la deuda, que es casi el único tema hoy de política exterior en la Argentina, matizó también ayer la presentación más importante del día. Fue la que compartió la primera dama con Felipe González y con el numen del diario «El País», Juan Luis Cebrián (ver página 3). El debate fue organizado y presentado por Carlos Bettini, el embajador en Madrid, quien viene mostrando en este viaje los buenos frutos de sus increíbles contactos en España.
González advirtió: «Ya sabemos que vuestro país fue el niño aplicado que no disfrutó luego el fruto de su esfuerzo. No os confundáis. Creer que el problema de la Argentina es el Fondo los llevará a más problemas. Los problemas de vuestro país los arreglaréis o los profundizaréis vosotros». Fue un pasaje claro, en medio de reflexiones sobre la globalización y de la sociedad red muy alineadas con los trabajos de Manuel Castells (el Anthony Giddens del socialismo español), que sirvió a Felipe para allanarle el camino a su ahijado Zapatero. Y para indicarles a los argentinos qué cosas deben pedirse y cuáles no. Por algo Alberto Fernández se le acercó después a González para aclarar: «Suscribo todo lo que dijo, todo».
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