FMI: antes de irse, Werner deja una receta para la pospandemia

Economía

Varios popes del organismo internacional plasmaron en un breve documento una serie de recomendaciones para los países de la región. Argentina debería tomar nota si quiere negociar bien.

El viernes pasado la titular del FMI, Kristalina Georgieva, anunció el retiro Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental y sobreviviente del salvataje al Gobierno de Macri. Pero el economista cordobés no se va sin antes dejar una serie de recomendaciones para el día después de la pandemia. Se trata de una “receta”, orientativa, para América Latina para abordar la pobreza y la desigualdad, que plasmó en un informe junto con sus colegas Antoinette Sayeh (directora adjunta), Ravi Balakrishnan (jefe de la unidad de Economías Avanzadas del Departamento de Europa a cargo de la Eurozona) y Frederik Toscani (economista del Departamento del Hemisferio Occidental a cargo de Brasil) y que, dadas las circunstancias imperantes, el caso argentino difícilmente podrá soslayar, si aspira a alcanzar un nuevo acuerdo. No hay fórmulas milagrosas pero si casos de éxito a replicar. Si bien el panorama es desalentador hay dos razones por las que ser optimistas: el superciclo de los precios de las materias primas y la oportunidad que brinda la pandemia de ampliar el consenso político y social en torno a las reformas necesarias.

Con relación al superciclo de los commodities, el informe casi clama que se aproveche que los términos de intercambio están en el nivel más alto desde 2011 en muchos de los principales países exportadores de materias primas de la región. Al respecto, un nuevo documento del Fondo estudió el notable progreso que la región logró en la reducción de la pobreza y la desigualdad durante el anterior auge de las materias primas entre 2000 y 2014. En sus conclusiones, afirma que gran parte de las mejoras fueron consecuencia del aumento en el salario real de los trabajadores menos calificados, especialmente del sector servicios. Esto indica que, “si se mantienen los elevados precios de las materias primas, este sector se ampliará otra vez y atraerá a nuevos trabajadores, lo cual provocará un incremento de los sueldos y el empleo, y probablemente contagie a otros sectores, incluso algunos de los más perjudicados por la pandemia”. Sin embargo, esto no es suficiente porque advierte que “los precios favorables de las materias primas no bastan para reducir de forma duradera la pobreza y la desigualdad por sí mismos en estos países”. Porque la volatilidad de precios implica que las ganancias de hoy pueden convertirse en las perdidas del mañana, como ocurrió cuando el auge se convirtió en caída, después de 2014. Además, el mundo que deja la pandemia, caracterizado por una deuda pública mucho más elevada, supondrá una limitación para muchos países. Por ende, “es probable que los gobiernos dispongan de un menor margen de maniobra para implementar transferencias sociales, tanto por la debilidad de la situación fiscal como por la necesidad de enfrentar las secuelas de la crisis. Por esta razón, los autores creen que la región necesita reformas transformadoras y una diversificación que la aleje de las materias primas. Ahí viene el otro punto clave y que conforma prácticamente la agenda.

Si bien se teme que la pandemia alimente la polarización y frene las reformas en muchos países, los autores opinan que la crisis también podría propiciar las condiciones necesarias para un nuevo consenso político sobre la forma de proceder, en especial si vienen acompañadas de un impulso favorable en los precios de las materias primas. “Esta podría ser una oportunidad única para plantear pactos fiscales exhaustivos y abordar los problemas estructurales de larga data”, dicen.

La receta la resumen en tres pilares:

Fisco: una mayor progresividad ayudaría a reducir la desigualdad y además generaría espacio fiscal para políticas favorables a los pobres y al crecimiento. Se debería incrementar la progresividad de los impuestos sobre la renta de las personas físicas, centrándose en un recorte de las exenciones tributarias y la lucha contra la evasión y la elusión. Por el lado del gasto, se necesita mejorar la focalización de las transferencias sociales para asegurar el apoyo a los grupos vulnerables. Otro aspecto a corregir son las enormes diferencias de elegibilidad para poder obtener pensión y la estructura de determinados sistemas de prestaciones definidas. Incluso, el tema del período mínimo de cotización.

Empleo: deben implementarse políticas destinadas a la recapacitación de los trabajadores, para prepararlos para los empleos del mañana. La pandemia exacerbó la desigualdad de oportunidades educativas, por lo que deben priorizar la mejora en el acceso a la educación y su calidad. También debe ser prioritario abordar el elevado nivel de informalidad.

Economías más diversificadas: el estudio de las estrategias aplicadas por los países que han llevado a cabo con éxito una diversificación, como Corea, Malasia y Singapur, podría ser un buen punto de partida (en la región el caso peruano). Un modelo que implique al “conjunto del Gobierno”.

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