3 de diciembre 2004 - 00:00

Gas: si Bolivia aumenta el precio, ¿Argentina subsidiará venta a Chile?

Carlos Mesa
Carlos Mesa
La Argentina ya pagó este año un precio levemente superior por el gas de Bolivia que el percibido por el exportado a Chile. La diferencia exacta no se conoce porque hay numerosos contratos y porque es un tema casi tabú para petroleras y gobierno, pero en promedio, se cree que nuestro país compró gas de Bolivia a 1,60 dólar por millón de btu ( unidad calórica) y, en cambio, cobró 1,50 dólar promedio por el fluido enviado al país trasandino.

Para la balanza comercial, el efecto sigue siendo positivo porque se exportaron unos 20 millones de metros cúbicos diarios y se importaron de Bolivia 4 millones. Sin embargo, la pretensión del gobierno de Carlos Mesa de subir aun más el valor y la posición de algunos sectores de ese país que buscan fijar un precio político porque en el fondo no quieren exportar, abre el riesgo cierto de que terminemos comprando a un precio superior al que percibimos por venderle a Chile.

Entre enero y setiembre, las exportaciones de gas al país trasandino promediaron 19,5 millones de metros cúbicos diarios, 17% más que los 16,6 millones vendidos en 2003. Los datos suministrados por el Instituto Argentino para el Petróleo y Gas (IAPG) resultan llamativos, si se considera el énfasis puesto por el gobierno en limitar las exportaciones a Chile debido a la crisis energética y las quejas que la medida provocó en la oposición y aun en el gobierno chileno.

Según fuentes de las empresas petroleras, la cifra es un promedio porque en los cuatro primeros meses del año se exportó más que el año anterior; sólo en mayo se vendió menos volumen, y ya a partir de junio se retomó el ritmo de ventas crecientes con respecto al año anterior.

Las petroleras indican también que entre enero y setiembre hubo «un importante aumento de la producción, que permitió mantener las exportaciones a Chile». La producción promedio diaria de los nueve primeros meses del año fue de 145,19 millones de metros cúbicos diarios, frente a 139,55 del año anterior. Esto es, la producción creció 4%, unos 5,5 millones de metros cúbicos diarios, mientras la exportación aumentó 2,9 millones de metros cúbicos.


• Precio

Simultáneamente, por lo menos hasta setiembre con seguridad, se importaron de Bolivia unos 4 millones de metros cúbicos, los que llegarán a 6,5 millones en el invierno de 2005, según acaban de acordar ambos gobiernos.

Durante este año, el precio pagado a Bolivia habría sido sólo levemente superior al obtenido por venderle gas a Chile. Esto es por dos razones: los contratos con el país trasandino permitieron trasladar las retenciones a la exportación (20%) que rigen desde mayo, y además, el precio se ajusta según el combustible sustituto (fueloil por lo general), que, a su vez, sigue la evolución del precio internacional del petróleo, que este año alcanzó máximos históricos.


Es decir, la diferencia entre los precios de exportación y los de importación habría sido casi neutra. Sin embargo, la situación puede cambiar en el futuro.

Bolivia renovó y amplió en cantidad de gas el convenio con la Argentina la semana pasada, pero todavía no fijó precios, y en el Congreso de ese país hay fuerzas importantes que quieren fijar un valor prácticamente político para el gas.
Algunos han llegado a hablar de 4 dólares, mientras durante este año el precio puesto en la frontera argentina fue de 1,60 dólar.

Se trataría, en realidad, de las mismas posiciones que ven con aprehensión que Bolivia exporte gas, y que fijarían un valor imposible de pagar para no venderlo. Esta situación presiona sobre el gobierno boliviano y crea fuerte preocupación en las petroleras que invirtieron en ese país porque, afirman, «las reservas encontradas no podrán monetizarse».

En el gobierno de Néstor Kirchner también hay fuerte inquietud. El problema no es sólo el invierno próximo, cuando las importaciones llegarían a 6,5 millones de metros cúbicos diarios. La incertidumbre sobre el precio abre un interrogante serio sobre el proyecto de construir el gasoducto del nordeste, que exige una inversión de 1.000 millones de dólares, además de 3.000 millones en territorio boliviano para extraer las reservas.


Este panorama crea ahora sí realmente una gran duda sobre la posibilidad de seguir exportando a Chile en la cantidad en que se lo está haciendo. De hecho, el volumen de gas que se exporta al país trasandino es el mismo que se importaría por el futuro gasoducto del nordeste, de modo que las reservas propias bajan mientras la posibilidad de traer el gas boliviano parece más remota.

• Presiones

El gobierno de Kirchner tiene varias presiones. En primer lugar, la del gobierno de EE.UU., que quiere que Bolivia no se le escape de las manos, si las decisiones se ven forzadas por sectores indigenistas. En segundo lugar, la de Chile, que pretende seguir teniendo gas argentino como si todavía fuera la época en que se creía que la Argentina era un país gasífero, capaz de abastecer al Cono Sur. En realidad, las reservas se consumen y el ritmo para incorporar nuevas es mucho menor que el de la extracción.

Por último, las petroleras y los analistas locales insisten en la necesidad de cumplir los contratos con Chile, que están firmados a más de diez años.
Sin embargo, nadie podría negar que comprar gas a precio político a Bolivia para seguir vendiéndole a Chile sería una barbaridad económica, que tendría fuerte costo político.

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