Que Eduardo Duhalde y el monopolio «Clarín» sospechen de la Justicia por la liberación de la injusta prisión de María Julia Alsogaray está de acuerdo con sus intereses. Duhalde, antes de iniciar su sexta vacación este año con todo pago (esta vez será a Rusia con su cargo inventado en el Mercosur para permitirle seguir viviendo del Estado), cree que así gana votos. «Clarín», para no variar su línea, acusa de «fallo político» porque con la Sra. Alsogaray presa quizá lograra lo que no pudo hasta ahora «Clarín» ni otros reportajes: que «prendiera el ventilador», que le serviría al monopolio para atacar más a Daniel Vila y José Manzano que se oponen, desde Supercanal, a que extienda su monopolio de medios de información también al cable.
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Pero Alberto Fernández, vocero del gobierno por su alto cargo, no puede sumarse a la bajeza de «Clarín». La excarcelación de María Julia Alsogaray fue porque era una injusticia evidente y ella se expuso al decirlo. No es justicia, en su caso, privarla de libertad «porque podría huir del país». ¿Por qué no hacer lo mismo con Luis D'Elía que violó leyes penales por hechos más graves? ¿O con Ricardo Jaime, secretario de Transporte, tras los hechos de Southern Winds? Tan evidente todo que los jueces comenzaron a sentir vergüenza porque la opinión pública sentía que era una injusticia.
Tres jueces nuevos dispusieron lo lógico, su liberación. Los dos anteriores de la misma cámara fueron recusados por la defensora oficial con causa: habían perdido la imparcialidad. Llegaron al absurdo de impedirle a la mujer dejar la prisión para ir al entierro de su padre, Alvaro Alsogaray. Parecía ya alevosía contra ella.
Además no puede ignorarse que nuestra Justicia usa «blanqueadores». La conducta de muchos estrados judiciales en el pasado reciente se blanquea ante un nuevo gobierno con el mantener presa a una mujer que puede o no ser culpable pero que era ideal para prisión por la campaña de prensa que le habían hecho. Víctor Alderete era el otro del pasado con «clima desde la prensa encima». Lo detuvieron pero era el colmo del absurdo mantenerlo preso acusado de reunirse con los gerentes del PAMI -como se intentó con Carlos Menem al hacerlo con sus ministros- y acusarlos de «asociación ilícita». Debieron liberarlo pronto.
Quedaba como «blanqueador» María Julia Alsogaray. Aunque lamentablemente no se pueda creer en esta Justicia giratoria, salvo excepciones, habrá que esperar que se disponga o no su culpabilidad. Hay algunas acusaciones más de forma que de fondo, como que siendo mujer arreglara su despacho antes de asumir y que para ello dispusiera partidas chicas que no necesitaban licitación. No es aconsejable hacer esto, desde ya, pero convengamos que Ricardo Jaime con SW cometió irregularidades enormemente mayores. Y lo hicieron ministros de este gobierno que incluyeron en las listas de ex empleados de LAPA para subsidiar con fondos públicos a hijos y parientes que nunca habían trabajado allí. Si hubiera justicia real, todo esto es peor que lo imputado a la Sra. Alsogaray y en éstos y muchos casos más no sólo no hay prisión «para que no huya del país», sino siquiera proceso porque un juez atemorizado operó para que lo separaran de la comprometida causa de SW.
El gobierno no puede acusar de «político» un fallo justo. Es como escupir para arriba. Habrá «blanqueadores» ante un gobierno futuro con funcionarios que hoy pertenecen a este gobierno. El clima que le están creando, sin que el gobierno aclare, hace fácil deducir que el actual ministro Julio De Vido será el «María Julia Alsogaray» del poskirchnerismo dentro del esquema clásico argentino, que se repite gobierno tras gobierno.
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