26 de octubre 2001 - 00:00

HELADERÍAS PROMETEN VOLVER A LAS FUENTES (26/10/2001)

"No volvimos 'nosotros': volví yo", se apura en aclarar Juan José Guarracino, ex (y actual) CEO de una de las empresas de mayor exposición del país en los últimos años, y no siempre por las razones correctas: Freddo. Guarracino, miembro de una de las dos familias fundadoras, fue convocado por los nuevos dueños de la cadena de heladerías luego de que Banco Galicia capitalizara la acreencia que mantenía con la empresa que hasta ese momento controlaba The Exxel Group. Ahora promete «un regreso a las fuentes» de la heladería que fundaron su padre Juan, su tío Salvador y Pablo Aversa en la esquina de Melo y Callao, hace más de treinta años.

A Guarracino lo acompañan Raúl Medina Fernández y una serie de «históricos» en las áreas operativa, comercial y producción, que habían sido desafectados de la empresa por los anteriores accionistas. Con eso esperan hacer renacer la marca.

• Calidad

«Es cierto lo que pensaban nuestros clientes: los helados no eran iguales. Tenían 50% menos de almendras, las pasas al rhum tampoco eran las mismas, la calidad de la fruta no era la óptima... Este es un negocio que hay que conocer para operarlo; no alcanza con tratar de poner en caja los números», dice.

El flamante presidente (reingresó a la firma hace 45 días, en una movida anticipada por este diario) dijo que 100% del capital de Freddo está en manos de Administraciones Fiduciarias SA, pero no aclaró a quién pertenece esa firma. En realidad es un fondo fiduciario en el que el Galicia depositó su acreencia con Freddo (superior a los u$s 35 millones). En el fondo están también las participaciones de otros acreedores que tenía Freddo (el Unión de Bancos Suizos, el fondo estadounidense Vazzini, el Morgan-Chase), que dejan de aportar plata para financiar la empresa, pero difícilmente recuperarán su inversión en la cadena.

«No me pusieron al frente para ordenar la empresa y venderla; sí para reposicionarla porque venía de un fuerte deterioro»,
dice Guarracino. Las cifras parecen respaldarlo: en los dos años que Freddo estuvo en manos del Exxel pasaron de facturar u$s 36 millones a u$s 24 millones; de producir 2,1 millones de kg de helado a 1,5 millones; de 47 sucursales a 40; de emplear a 800 personas a 572. Las sucursales cerradas, además, no son las mismas que abrió la anterior conducción. «Se equivocaron con el plan de crecimiento, porque quienes lo diseñaron no eran del negocio», defiende Guarracino a su gremio. «En 30 años de control familiar nunca tuvimos que cerrar una sucursal; ellos lo hicieron con 21, muchas de ellas de manera inexplicable».

• Ejemplos

Citan como ejemplo las de Montevideo y de Santiago de Chile, dos mercados a los que habían ingresado en forma trabajosa «y merecían por su potencial esperarlas». También hablan de otras «estratégicas», como las desaparecidas de Galerías Pacífico, Guido y Junín y Villa Devoto («invertimos u$s 600.000 y la cerraron al año»).

Guarracino admite que tomaron la empresa con pérdidas operativas (no da cifras), pero promete que
«en un año esto lo damos vuelta». Y explica que pudo volver a Freddo justamente porque la cláusula de no competencia firmada con el Exxel «era para trabajar en otras empresas, no con Freddo».

En sus planes está reducir «drásticamente» la parte de cafetería en sus locales («somos una heladería, no un café con helados») y cambiar los uniformes de sus empleados «como para que la gente ya perciba que algo cambió». La segunda etapa, que arrancaría en noviembre del año próximo, prevé «la apertura de entre cuatro y ocho sucursales nuevas», y el regreso a Chile y a Montevideo. Guarracino dice que «el financiamiento dependerá de la actitud de los socios: si pretenden retirar 66% de las utilidades, habrá que tomar créditos; de lo contrario, es posible financiarse con el capital operativo».

Según cifras de la empresa, tienen 22% del mercado de helado artesanal, 55% del helado «premium»; hasta 2000 tenían 10% de la facturación del total del sector, que ascendía a u$s 300 millones. De todos modos parece haber mucho lugar para crecer si la economía lo permite: el consumo «per cápita» ronda apenas los 3,8 litros por año, contra los casi 22 litros en los Estados Unidos y los insólitos 30 litros de las naciones escandinavas.

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