Periodista: Cambió la perspectiva de fondo. La Bolsa pasó de la corrección inevitable a la suba frenética en una exhalación. El S&P500 quedó a menos de 1% de los récords absolutos. ¿La pandemia nos alteró los nervios?
Diálogos de Wall Street
No hay estancamiento, pero, ¿hay más inflación? Las compañías sortean dificultades aumentando sus precios. ¿Cuán grave es, Gordon Gekko?
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Gordon Gekko: Con los datos en la mano, con la primera horneada de balances del tercer trimestre y los indicadores económicos de ocasión, los inversores mudaron de opinión. De una manera racional.
P.: ¿Volvió la visión de antes, la de siempre, la que instaló el rally en abril de 2020 cuando la economía, a la par, destruía 14% de la fuerza laboral?
G.G.: La tendencia de fondo es alcista. Se preserva intacta, y en rigor, no fue puesta en duda. Pero cuando arrancó, a fines de marzo de 2020, eso era intuición pura. Hoy en día, las decisiones tienen el respaldo que proporciona la información disponible.
P.: Pero los precios son varias veces más altos.
G.G.: La valuación es, como mínimo, muy generosa. Lo que los mercados están respetando, desde marzo, es el rango de las cotizaciones con respecto a las ganancias futuras a un año. Pivotean en torno a 21 veces utilidades. La Bolsa sube pero se atiene a esa línea tácita en la arena. No se estira a 22. Ni lo intenta.
P.: No ve un desenfreno.
G.G.: Se percibe inquietud. De ahí, la corrección, ampliamente vaticinada de antemano. Los balances salieron bien, con problemas pero no para crecer ganancias e ingresos, y ahí se montó la contraofensiva.
P.: ¿Cuánto crecen las ganancias por acción?
G.G.: La proyección para las firmas que integran el S&P 500, una semana atrás, era de 27% interanual. Hoy en día se elevó a 32%.
P.: ¿Cómo se las arreglan? Los ingresos aumentan, la rentabilidad no se perjudicó, hay faltantes de insumos y de productos, ¿las compañías subieron los precios? ¿O no?
G.G.: Recuperaron poder de fijación de precios, por primera vez en más de una década y media, y lo están usando. Y hay demanda que no se está atendiendo porque no es rentable. O, como pasa en la industria automotriz, porque no se puede aunque se quiera, porque falta un insumo clave, los procesadores.
P.: No es un horizonte de estanflación porque no existe estancamiento pero sí hay más inflación.
G.G.: En el corto plazo, la manera más eficaz de sortear el obstáculo de los problemas de logística, es reorganizar la producción, lo que supone costos más altos, y si se quiere preservar los márgenes de rentabilidad, ello obliga a subir los precios. Las empresas saben que la demanda es menos elástica que antes de la pandemia, convalida y acepta los aumentos.
P.: Y eso es más inflación.
G.G.: Es tentador saltar a esa conclusión. Pero, ¿es correcta? La inflación se mide todos los meses y en una canasta más amplia. En el segundo trimestre, el IPC trepó 0,8% mensual y en el tercero, 0,4%. La mediana indica sí que cada vez más productos suben de precio y a un ritmo que se incrementa, sin prisa pero sin pausa. No hay mayor dolor de cabeza que conseguir mano de obra. Hay más de 10 millones de búsquedas abiertas, y la economía apenas cubrió 194 mil netas en septiembre. Se pagan salarios más altos y hasta bonus con los nuevos contratos. Pero si se mira la marcha de los costos laborales unitarios, el último año, la variación no es muy distinta de cero. La productividad laboral creció y compensó.
P.: La pregunta del millón es si esto es duradero. O un dique que inicialmente resistió bien, pero comienza a romperse. ¿Qué pasa ahora con la crisis de energía?
G.G.: Eso se arregla con la OPEP; capacidad de producción disponible ya, existe. Sólo que el cartel piensa que si cede a las presiones de Washington sobrará crudo el año que viene, y se habrá pegado un tiro en los pies. De igual forma, el capex de las compañías está en alza. Incrementar la inversión es parte de la solución no inflacionaria. Pero hay niveles de demanda excepcional sobre todo en bienes de consumo no durables, y nadie quiere adaptar su capacidad para atender un pico que juzga no sostenible. Eso se cubrirá con precios transitoriamente más altos. Como ve, la realidad es más compleja que su caricatura.
P.: La pregunta del millón sigue en pie. ¿Dura, o la inflación nos desborda?
G.G.: La Bolsa en los máximos, y toda la curva de bonos rindiendo la mitad o menos de la inflación promedio, le están diciendo que no se hiperventile. La realidad no niega la estabilidad, pero exige seguir remando.
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