9 de marzo 2004 - 00:00

Kirchner espera una respuesta del Fondo y decide hoy si paga

La Argentina está al borde de sumar otro default hoy, al vencer el plazo para pagar u$s 3.100 millones al FMI. La única esperanza abierta para que ello no suceda es que ese organismo acepte una propuesta de acuerdo que el gobierno le envió anoche. Si lo hace, Kirchner inmediatamente dará la orden de pago de esos u$s 3.100 millones. Fue una tensa jornada ayer con reuniones clave en el Ministerio de Economía, Casa de Gobierno y, por último, la residencia de Olivos.

Néstor Kirchner y Julio De Vido parten, ayer a la mañana, a un acto de la empresa Telefónica. Allí, el Presidente declararía que ya está todo dicho.
Néstor Kirchner y Julio De Vido parten, ayer a la mañana, a un acto de la empresa Telefónica. Allí, el Presidente declararía que "ya está todo dicho".
Néstor Kirchner esperará hasta hoy a último momento antes de dar la orden al secretario de Hacienda, Carlos Mosse (el funcionario del Ejecutivo que se encargará de transmitir la decisión al Banco Central), de pagar los 3.100 millones de dólares. El último instante para salvar el segundo default de su gobierno sería cerca de las 12 de hoy, aunque, en realidad, la transferencia habría que haberla efectuado ayer para cubrir atrasos. Hasta ese momento se aguardará la respuesta de Anne Krueger ante la contrapropuesta enviada anoche al Fondo Monetario Internacional (FMI).

La contraoferta del gobierno local ante una carta que envió ayer el FMI se basa en la reserva de la facultad para el Ejecutivo para poder rescindir el contrato de cualquiera de los bancos que participan en el sindicato que negociará con los acreedores, y la eliminación de la palabra «alto» en el grado de participación en el contenido de las discusiones por parte de los bancos. Por otro lado, la Argentina propone ahora no incluir porcentajes concretos en cuanto a la cantidad de acreedores que deberían aceptar la propuesta de la Argentina para que el acuerdo se cierre; y que no figure el 80% que propone el FMI pero tampoco el 50% que pedía laArgentina.Además, el gobierno aceptaría que el Comité Global de Acreedores figure como uno de los grupos principales de representación de los bonistas, aunque sin un protagonismo fundamental. La diferencia con la posición anterior es que ahora la Argentina aceptaría que se lo mencionara con nombre y apellido.

• Ratificación

Además, el gobierno ratifica en el texto de la contrapropuesta, la oferta de quita de 75% que se presentó en Dubai el año pasado y se reafirma que no se negociará ningún tipo de alteración de lo firmado con el FMI en setiembre del año pasado, en obvia referencia a la posibilidad de incrementar el superávit de 3% del PBI.

Públicamente, el Presidente hizo ayer su primera referencia sobre la situación con el Fondo cerca del mediodía, cuando el jefe de Estado abandonaba un acto donde inauguró un centro técnico de la empresa Telefónica.
Ante algunos periodistas y sin aceptar repreguntas dijo en ese momento que «ya está todo dicho, está todo muy claro», con lo que en ese momento dejó entender que para el gobierno argentino no había otra salida que entrar en default.

Paralelamente, Roberto Lavagna recibía en el Palacio de Hacienda al representante del FMI y encargado del caso argentino, John Dodsworth, que llegaba con la última carta de Anne Krueger. Prácticamente no hubo análisis entre el ministro y sus colaboradores directos sobre esta propuesta y en cuanto tuvo la confirmación de que el Presidente había retornado a la Casa de Gobierno, cruzó la calle para encontrarse con Kirchner. Hubo unos cinco minutos durante los cuales Lavagna le adelantó brevemente el contenido de la carta a solas al Presidente.

Mientras tanto, Cristina de Kirchner y Alberto Fernández esperaban la llegada del secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini. La presencia de este funcionario kirchnerista era clave: sobre él caía la responsabilidad de la redacción del decreto del sindicato de bancos con las exigencias innegociables que exigía el jefe de Estado. El encuentro entre los cinco protagonistas comenzó minutosdespués de las 18.30. El centro de la discusión se concentró en los dos puntos reclamados por Kirchner que debían figurar en el decreto para la formación definitiva del sindicato de bancos. El primero era la inclusión de una cláusula en la cual el gobierno argentino se reserva la facultad de rescindir el contrato unilateralmente con cualquiera de los bancos si alguno de éstos tenía una actuación que no satisficiera a la Argentina. Se supone que Krueger considera esta cláusula como inaceptable, ya que en el Fondo no confía en que la eliminación eventual de alguno de los bancos por parte del gobierno argentino responda únicamente a problemas de criterios de negociación y no aparezcan cuestiones ideológicas o políticas. Indirectamente, la protección que busca el FMI apunta a alguna decisión del Ejecutivo argentino contra la actuación, cuando comiencen las negociaciones, de Merrill Lynch, banco que ingresó en el sindicato sin las simpatías del gobierno.

El segundo cuestionamiento que se discutía ayer en Casa de Gobierno era la inclusión de la palabra «alto» en la frase sobre grado de participación de las entidades financieras que componenen sindicato (además de Merrill Lynch en UBS-Warburg y Barclays). Zannini habló sobre la necesidad de eliminar del texto la palabra «alto» para que las tres entidades sólo se conviertan en un intermediario pasivo en las negociaciones y que siempre el componente principal quede en manos de los argentinos.

La ocasión sirvió también para que Kirchner despliegue todo su arsenal conocido sobre su visión personal sobre el FMI. Kirchner volvió sobre el concepto de que, de entrar en default, el problema mayor es del Fondo y no de la Argentina, ya que debería explicar por qué no se le aprueban las metas al país pese a haberlas cumplido. Habló sobre la violación de la «seguridad jurídica» por parte del FMI al agregar nuevas exigencias a las metas que, según el gobierno, ya cumplió holgadamente.
Kirchner embistió luego contra la ideología del FMI y de sus economistas, a los que calificó de «representantes del neoliberalismo»; criticó los planes económicos que diseñan, asegurando que pervierten el crecimiento de los Estados.

Pasadas las 20.30, la reunión terminó y Lavagna envió la contraoferta a Washington. Desde su despacho, esperó hasta tener la confirmación de que Krueger tenía el texto en sus manos.

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