• Un dato importante de la reestructuración de deuda que culminó Telecom (en total u$s 2.500 millones) es que tuvo que lidiar con 25.000 inversores individuales, la mayor parte italianos. El interlocutor de estos acreedores fue nada menos que Nicola Stock, el mismo que encabeza el Comité Global de acreedores que se niega a aceptar la reestructuración que encara la Argentina. «Stock es muy duro, pero entiende razones», señalaron los negociadores de la compañía. Claro que antes de llegar a un acuerdo final tuvieron que mejorar tres veces la oferta. Es muy probable que el gobierno enfrente un escenario muy similar en las próximas semanas.
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• «La recepción de los acreedores cuando hagamos el road-show claramente no va a ser como la venta de acciones de YPF en 1993», explicaba uno de los integrantes del sindicato de bancos internacional que asesora al gobierno. En esa época todos en el exterior se peleaban por comprar papeles argentinos y los funcionarios en el road-sow eran agasajados. Varios ejecutivos de las entidades tanto locales como extranjeras que asesoran al gobierno quieren evitar a toda costa participar del road-show que se iniciará el mes próximo. Saben que se está proponiendo una quita histórica y nadie quiere quedar demasiado «pegado» con la propuesta y menos aparecer en las fotos.
• La renegociación de la deuda que encaró el gobierno de Mendoza con sus bonos Aconcagua está generando también una reacción no del todo positiva entre los inversores en Wall Street. La provincia pospuso el final de la oferta, ante la falta de aceptación.Y eso que no propuso quita de capital. Pero sí estiró once años los plazos de vencimiento (pasa de 2007 a 2018) y busca reducir de 10% a 5,5% anual el cupón de intereses. Muchos sospechan,en realidad, de una maniobra del gobierno nacional para ir « ablandando» a los bonistas más duros con fuertes propuestas de quita de valor presente.
• Una tendencia incipiente se da en el sector financiero de la mano de varias entidades que operan principalmente el negocio cambiario. Estas están completando los trámites para transformarse en bancos, apoyadas por una política de apertura que encaró desde el año pasado (hasta ahora sin resultado) el Ministerio de Economía. Las compañías crecieron, pero se encuentran con la necesidad de expandir el negocio más allá de la operatoria de divisas. Muchas quieren intervenir, por ejemplo, en la financiación de comercio exterior y tener la «chapa» de banco les facilitaría la tarea de acceder a financiamiento barato y luego prestar. Pero la gran desventaja son los enormes costos de mantener la estructura.