El gobierno debió haberlo previsto cuando decidió limitar importaciones para proteger algunas industrias locales. China, que comercia sólo con quienes le compran, apuró ayer represalias contra las exportaciones argentinas: más de 200.000 toneladas de granos quedaron bloqueadas en puertos de ese país asiático a la espera de una autorización para ser comercializadas. Se argumentan, como es habitual, cuestiones sanitarias para complicar, en este caso, esas exportaciones. Pero lo cierto es que peligran ventas de soja por alrededor de u$s 3.500 millones, producto estrella del campo argentino que, además, financia gasto público vía retenciones.
Las primeras represalias chinas contra el gobierno argentino, a través del freno a las exportaciones de soja, tal como adelantó este diario, se conocieron ayer y causaron conmoción entre los exportadores que tienen barcos en camino hacia el mayor comprador de la oleaginosa argentina. Al menos dos embarques ya descargados no son liberados por el gobierno chino -que aplica sorpresivamente trabas pararancelarias- y generan pérdidas por almacenaje, que, por ahora, corren por cuenta de los importadores. Son casi 150.000 toneladas enviadas por las empresas Louis Dreyfuss y Cargill, desde los puertos de Bahía Blanca y Diamante. La información, difundida por fuentes vinculadas a Cancillería, también menciona un cargamento exportado por la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) por casi 60.000 toneladas que salieron desde el puerto de Necochea, aunque desde ese origen se remite mayormente trigo. Esto confirmaría que China podría frenar otros productos, además de la cotizada soja y sus valorados subproductos (aceites y harinas).
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El argumento de los chinos se basa en cuestiones fitosanitarias, las mismas que utilizaron para frenar a principios de este año envíos desde Estados Unidos. En esa oportunidad, el gobierno chino respondió de la misma forma cuando EE.UU. advirtió acerca de la inseguridad de consumir productos chinos. Inmediatamente, los chinosfrenaron cargamentos de soja en febrero de este año con el argumento de que la soja estadounidense contaba con dos tipos de pesticidas que constituían una gran amenaza para la seguridad de los consumidores chinos.
Técnicamente, los chinos dicen que los granos que ingresaron ahora a su país fueron producidos con exceso de «curasemillas», que ponen en peligro la sanidad de su población.
Tal como anticipó este diario ayer, el gobierno argentino estaba al tanto de la inmediata respuesta que darían los chinos ante el freno a las importaciones de electrodomésticos, juguetes, calzados, textiles y máquinas para herramientas.
Cálculo optimista
Pese a que peligran exportaciones que este año llegarían a u$s 3.500 millones, el cálculo optimista de Economía indica que los exportadores podrían redireccionar sus ventas el próximo año, y auguran pérdidas más acotadas en la campaña 2009, ya que en dicha temporada se podrían tener nuevos destinos. Se especula que la demanda de biocombustibles traccione una mayor demanda de soja. El escenario ideal para exportadores es que cese la «China-dependencia» en productos oleaginosos.
Los exportadores y aceiteros trataban ayer de desvincular esta barrera impuesta a tres cargamentos con la inmediata reacciónde los chinos, ya advertidapor el mismo gobierno asiático.
Negociación
«Sabemos que puede haber algún inconveniente con las exportaciones como consecuencia de las restricciones impuestas por la Argentina. Y creemos que debe haber un proceso de negociación entre los gobiernos para tratar de evitar problemas mayores», decía ayer a Ambito Financiero Alberto Rodríguez, gerente de la Cámarade la Industria Aceiterade la República Argentina y del Centro de Exportadores (CIARA-CEC).
La industria aceitera, que el año pasado exportó a China su producción por u$s 2.710 millones (además, se vendieron 6 millones de toneladas de granos de soja por casi u$s 80 millones), trató de minimizar el impacto de la medida argumentando que el freno al envío de Cargill se debió «a que los chinos tratan de disimular, con medidas similares, el freno a la soja estadounidense».
Empresarios vinculados al mercado de granos, sin embargo, reconocían que las restricciones chinas sobre la soja «podrían generar un nuevo cimbronazo a los precios del producto sobre el que se basa la mayor parte de los ingresos fiscales».
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