«Nole toquen ni una coma», le pidió Roberto Lavagna la semana pasada a un grupo de senadores peronistas que almorzó con él en relación con la ley de promoción de inversiones, más conocida como ley del gasoducto. El proyecto, que ya tiene sanción de Diputados y podría convertirse en ley esta semana en el Senado, es uno de los pocos temas que hoy preocupan al gobierno en el Congreso. El resto de las cuestiones pendientes se limita a proyectos como la aprobación por ley del sistema de tarjeta magnética para pago de planes sociales o el que promueve la industria del software en el Senado y la creación de ENARSA, la nueva empresa estatal de energía, en Diputados.
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Es casi un hecho que esta semana los diputados no debatirán la creación de la empresa energética. Por lo tanto, todo el esfuerzo por demostrar actividad correrá por parte de los senadores.
Como el proyecto de promoción de inversiones y obras públicas tiene problemas para caminar con tranquilidad por el Senado, el chaqueño Jorge Capitanich organizó hace dos semanas una serie de reuniones con la idea era apurar la ley del gasoducto.
• Intención
Primero se convocó a Carlos Mosse -secretario de Hacienda-a la Comisión de Presupuesto y Hacienda, para explicar el costado fiscal del proyecto, habida cuenta de que se está hablando de promocionar la compra de bienes de capital y obras públicas con devoluciones anticipadas de IVA y una amortización acelerada en Ganancias, entre otras herramientas impositivas. Después llegó Alberto Dumont, secretario de Industria, con el mismo fin pero desde el costado de la producción. La intención fue ratificar todo lo votado en Diputados y conseguir que ese paquete no se desarmara. El gobierno sabe que si el proyecto debe volver a la Cámara baja -por posibles modificaciones en el Senado-corre el peligro de despedirse de la ley por un buen tiempo.
Todos los senadores escucharon más que atentos las explicaciones hasta que el pampeano Rubén Marín tiró la primera bomba: «¿Quién va a pagar esto? Porque esto es IVA. ¿Qué quiere decir? ¿Que ustedes van a repartir la plata de las provincias para promover como ustedes quieran?».
La reunión debió terminarseminutos después porque al reclamo de Marín, que como ex gobernador conoce como pocos los laberintos de la coparticipación federal de impuestos, se empezó a sumar el resto de los senadores presentes. Era claro que ninguno podía en ese momento aparecer defendiendo menos a su provincia que lo que planteaba el senador por La Pampa.
• Presiones
El tratamiento del proyecto, entonces, no avanzaba. Y fue por eso que Capitanich organizó con Lavagna una visita al comedor reservado del ministro.Junto con él llegaron media docena de senadores a Economía que comenzaron hablando de las presiones del FMI y la negociación con los acreedores privados -tema que subyuga a los senadores- para terminar en la intimidad recibiendo una orden de Lavagna: votar el proyecto sin modificar nada. Eso es lo que intentará este miércoles el núcleo más íntimo del oficialismo en el Senado, en una votación que, de concretarse, será la primera prueba de estado de relaciones entre Kirchner y los gobernadores después de la sanción de la Ley de Responsabilidad Fiscal, cuando a fuerza de condonación de deudas por decretos se convenció a las provincias más rebeldes.