24 de febrero 2006 - 00:00

Sigue baja inversión: sólo las pymes y de corto plazo

Montadas sobre la favorable coyuntura, que ya se prolonga por espacio de tres años, de una economía que crece a 9% y un tipo de cambio subvaluado, la mayor parte de las empresas manufactureras apuestan al corto plazo y ello se refleja en el volumen y calidad de las inversiones realizadas.

Si bien las estadísticas muestran que la tasa de inversión de la economía se ha recuperado desde la crisis 2001-2002 y en la actualidad se ubica en torno a 21% del PBI; esto aún no sólo es insuficiente como para garantizar un crecimiento sostenido de 5% anual, sino que también resulta poco efectiva para ampliar el nivel de producción. Porque sin soslayar el aumento de las inversiones de los últimos años, éste no se ha traducido en una expansión de las posibilidades de expansión de la economía. Vale mencionar que recién casi a fines de 2005 se recuperó el nivel de actividad récord de 1998.

Los analistas cuestionan el hecho de que las inversiones que se están llevando a cabo tendrán un impacto marginal en la capacidad instalada. Son muy pocos los sectores, y en realidad pocas las compañías, que pueden mostrar aumentos significativos en sus plantas. Como se sabe, estos años han crecido sobre la base de la capacidad ociosa y en general se trata de inversiones que permitieron mejorar la productividad.

Algunos sostienen que lo que ha ocurrido es que cambió el origen de las importaciones de bienes de capital, siendo Brasil ahora el principal proveedor de las compras argentinas.

  • Reorientación

  • En 1997, 34% de los bienes de capital provenía del NAFTA, 29% de la UE y sólo 17% del Mercosur. «La devaluación del peso redireccionó las compras de bienes de capital a mercados menos avanzados con precios más bajos», explica la Fundación Mediterránea. Es así que en 2004, 33% de los bienes de capital importados provenía del Mercosur, mientras que sólo 29% tenía como origen NAFTA y 19% la UE.

    Un empresario comentaba a este diario que antes compraban turbinas, generadores o calderas a Alemania, y ahora se sustituyen por las chinas, que valen un tercio pero duran dos tercios menos.

    Sin embargo, al analizar la composición de las importaciones de bienes de capital desde Brasil, surge que hay un altísimo componente de equipos, como los teléfonos celulares, lavarropas, refrigeradores, televisores y otros aparatos electrónicos, que no implicarán aumentos de la capacidad de producción.

    Aproximadamente de los u$s 4.200 millones de bienes de capital importados de Brasil en 2005 se tiene que u$s 2.800 corresponden a material de transporte (autos, camiones y autopartes); u$s 750 millones son máquinas y aparatos eléctricos (sólo u$s 566 millones son celulares); y u$s 650 millones son Artefactos mecánicos (motores, impresoras, lavarropas, heladeras, maquinaria agrícola).

    De modo que argumentar que el déficit comercial con Brasil (que en 2005 alcanzó un récord de u$s 3.700 millones) está muy vinculado con el proceso de inversión tiene poco asidero.

    El contexto de la inversión que se viene concretando en la industria manufacturera se podría resumir, a grandes rasgos, en que las empresas extranjeras grandes no están aumentando la capacidad; las extranjeras chicas sí lo están haciendo; las nacionales grandes poco y nada; y las nacionales pequeñas sí.

    Tanto las grandes nacionales como las extranjeras no invierten en forma significativa por la estabilidad institucional, la restricción energética y el clima de negocios.

  • Las compañías extranjeras grandes se vienen ocupando de atender los cuellos de botella. Son empresas vinculadas al sector automotor, químico, petroquímico, plásticos, termoplásticos y servicios. Muchas de ellas cumplen con sus obligaciones financieras y algunas esperanver una solución al tema gasífero para decidirinversiones.

    Sólo empresas vinculadas a la cadena agroindustrial han ampliado capacidades. Pero, como reconocen detrás de bambalinas, por las altas ganancias de los últimos años se han visto obligados «moralmente» a invertir en el país.

  • Neumáticos

    Un sector que se destaca es el de neumáticos, donde se invirtió, por ejemplo, en una planta para abastecer el mercado de reposición de camiones (no hay fabricación local de neumáticos para camiones, todo es importado). Mientras que el negocio de automóviles está atado a la exportación y al comercio intrafirma.

  • Entre las pocas grandes nacionales que sobrevivieron se observa, en general, una expansión significativa de las capacidades, pero de la mano de compras de plantas en el exterior.

  • Son las empresas chicas, extranjeras y nacionales, las que más invierten. Las subsidiarias extranjeras de sectores como el autopartista tienen contratos de exportación acordados por la casa matriz, y sobre la base de estos negocios aumentan capacidad de producción.

    Las nacionales son las que están más recostadas en el ciclo económico y deciden inversiones con el creciente flujo de fondos (la caja). Estas empresas consumen poca energía por lo que compran maquinaria nueva pensando sólo en repagar la inversión en el corto plazo. El abanico de empresas va desde la rama alimentaria hasta metalúrgica. Las inversiones promedio se ubican en torno de los 30.000 a 80.000 dólares. Por ejemplo, maquinaria para envasado de alimentos.

    La rama textil muestra un elevado nivel de inversión, sobre todo en hilandería y tejeduría. Pero en este sector se registraron más que nada traspasos de paquetes accionarios. Hubo mucha compra de empresas cerradas en las que se incorporó maquinaria usada de empresas en convocatoria.Y obviamente la clave del negocio es un alto nivel de informalidad. Las inversiones promedio de maquinaria nueva oscilan entre 2.000 y 20.000 dólares.

    Hay también una sensación de que, pese al perfil productivo del modelo que persigue el gobierno, todavía el negocio financiero es más redituable ya que hay bonos públicos que ofrecen rendimientos de casi 20% en pesos y otros de 9% en dólares.

    Esto indica que la tasa de descuento es muy alta para decidir una inversión y por eso es más atractivo comprar bonos que máquinas, argumentan analistas y empresarios.
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