La Argentina presentó ayer una «nota de protesta» a Brasil por la decisión de ese país de «interrumpir el ingreso de productos argentinos genéticamente modificados», según anunció el canciller Carlos Ruckauf.
«El mismo tipo de producto por el que se nos piden a nosotros condiciones especiales de empaque y etiquetas no se les pide a los propios productores brasileños, que también trabajan con productos genéticamente modificados», indicó.
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En una reunión con corresponsales extranjeros, el ministro de Relaciones Exteriores precisó que la queja fue dirigida directamente a su colega brasileño, Celso Amorim. Además, confirmó que su vice, Martín Redrado, viajará a Brasil el próximo fin de semanapara, entre otras cuestiones, «hablar sobre este tema» con las autoridades locales. Ruckauf remarcó que con Brasil, el principal socio de la Argentina en el Mercosur, bloque regional que también integran Paraguay y Uruguay, «había un acuerdo de trabajar sobre el tema transgénicos en forma conjunta y se ha tomado una decisión unilateral». Relevamientos privados dan cuenta de perjuicios totales, en concepto de todos alimentos, por u$s 600 millones, aunque se prevé que los más perjudicados serían leche en polvo y maíz, vendidos a granel, aunque la medida frenaría ventas de los productos con valor agregado que contengan aceite de soja transgénica.
«Esta decisión está haciendo una diferencia esencial entre lo que el propio gobierno brasileño hace con los productores de ese país y los nuestros, cuyos productos tienen una garantía clara de control y no afectan a las personas», consideró Ruckauf.
Si bien el gobierno argentino cree que «cada uno de los países tiene derecho a tener su propia política comercial, eso es respetable en la medida en que no haya diferencias esenciales en el trato entre la producción local y la externa».
• Etiquetado
La normativa asumida por la administración de Luiz Inácio Lula Da Silva indica que se deben etiquetar a « todos los alimentos e ingredientes destinados tanto al consumo humano o animal que contengan o sean producidos a través de Organismos Genéticamente Modificados (OGM)».
La situación complica los embarques de granos, alimentoselaborados, carne y leche de la Argentina.
Se calcula que 95% de la oleaginosa argentina es transgénico, mientras que menores proporciones implican al resto del complejo granario. Ruckauf remarcó que con Brasil «había un acuerdo de trabajar sobre el tema transgénicos en forma conjunta» y criticó que «se ha tomado una decisión unilateral». «Esta decisión está haciendo una diferencia esencial entre lo que el propio gobierno brasileño hace con los productores de ese país y los nuestros, cuyos productos tienen una garantía clara de control y no afectan a las personas», argumentó.
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