Emergentes en alerta por Turquía (primer tiempo y déjà vu de 2018)

Economía

Aún están muy frescos los recuerdos de la repentina interrupción en la entrada de capitales tres años atrás. La lira turca fue protagonista en dicha crisis. Hoy vuelve al escenario y sus pares se preocupan.

Tras ser echado de la presidencia del Banco Central de Turquía (CBRT), Naci Agbal se perdió hoy de participar del Innovation Summit del BIS, uno de los encuentros anuales del selecto club de los banqueros centrales que, obviamente, se lleva a cabo virtualmente pero que cuenta con la participación de funcionarios de la talla de Jerome Powell, Christine Lagarde, Jens Weidmann, Sir Jon Cunliffe y otros personajes como el presidente de Microsoft, Brad Smith. Su sucesor, Sahap Kavcioglu, tampoco podrá aprovechar esta videoconferencia global, porque tiene que intentar contener la debacle que desató el abrupto despido de Agbal a manos del presidente turco, Tayyip Erdogan, que llevó la paridad entre la lira turca y el dólar a casi 8,45 unidades desde los 7,2 (el mínimo se registró en noviembre pasado en 8,60 liras por dólar).

Esta nueva crisis turca provocó un dejá vu de lo ocurrido en 2018 poniendo en alerta al resto de los mercados emergentes. Así, rápidamente, las divisas que más acusaron el impacto fueron el baht tailandés, la rupia indonesia, el rublo ruso y el peso filipino. El yuan se mantuvo estable en 6,5085 frente al dólar, después de que China dejara sin cambios su tasa de interés de referencia por undécimo mes consecutivo. El menor apetito por el riesgo le pegó al dólar australiano, que cayó a 0,7724 dólares y al dólar neozelandés que bajó hasta los 0,7155 dólares. Mientras que en la región fueron el real y el peso mexicano las principales víctimas. También subieron los CDS turcos a 440 puntos desde los 300 pb.

En las últimas horas, luego que el flamante y sorpresivo nuevo presidente del CBRT (es el cuarto en menos de dos años) se comunicara en conference call con los bancos turcos e hiciera otro tanto con inversores internacionales, para aplacar los ánimos, hubo una leve mejora en los mercados de divisas donde la lira recortó las pérdidas al igual que varias de las monedas emergentes que sufrieron el efecto turco. Sin embargo, analistas y expertos advierten que, además de impactar, negativamente, la salida de Agbal también afecta, en la misma dirección, el perfil y pensamiento de Kavcioglu, por lo que no descartan que como ocurre en todo tsunami, una vez que sobrevino el evento y luego la marea se retira, casi siempre sobreviene la segunda ola que termina de arrasar con lo que quedó en pie. Por ello consideran que la lira turca seguirá bajo presión al igual que los activos turcos con el consiguiente impacto sobre emergentes. Algo similar a lo ocurrido en el sudden stop del 2018 cuando la debacle de la lira se extendió al resto de los emergentes. Al respecto, cabe señalar que Argentina fue una de las que más sufrió en esa oportunidad la inesperada interrupción de la entrada de capitales internacionales pero esa crisis fue más por mérito propio (los desaciertos de la política económica de Cambiemos) que por culpa de Erdogan.

Hoy el panorama es distinto. Argentina tiene vedado el acceso a los mercados de capitales mundiales, ya se produjo la retirada de los grandes inversores, además imperan los controles de capitales en el país, de modo que el daño podría venir más por el lado de la pérdida de competitividad del peso frente al dólar y las monedas de los principales socios comerciales y algún impacto por el canal del riesgo país si se fuera a intensificar la liquidación de posiciones en los bonos reestructurados.

Amén de esto, los mercados están preparados para que la salida de capitales continúe en Turquía tras la salida de Agbal. El meollo turco es, paradójicamente para la actualidad argentina, la lucha contra la inflación. La estrategia ortodoxa le costó el cargo a Agbal que había sido bien recibido por los mercados. Ahora confirmada, una vez más, la interferencia política los inversores esperan ver más fugas. Los no residentes tienen unos u$s30.000 millones en acciones turcas y otros u$s10.000 millones en bonos.

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