Resultó quizás premonitorio, cuando traíamos a colación, sobre la furibunda seguidilla alcista, lo que aconsejaban los operadores veteranos: «vale más pagar más arriba, pero seguro, que arriesgar a tientas». Quedaba la posibilidad de una jugada mucho más redonda: extraer de cualquier candidato finalista, la designación «promercado», con que se quiso venir martillando. Pero, a la vista de los sucesos de ayer, esa jugada pasaba por solamente una de las listas, inflada convenientemente por los medios y encuestadores, con lo que se generó tremendo desbande y se desarmó un movimiento: al que se le había podido elogiar la ortodoxia, y prolijidad, de su armado. ¿Habrá que creer que parte del dinero de una campaña, en lugar de ir a «spots» se canalizó a la Bolsa?
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Difícil, no imposible en nuestro medio, pero el mercado local ya no tiene arrastre popular y no gana las calles como el «termómetro», que antes fuera. Interesante todo, salvo para el que entró mal, desesperado, en los máximos.
Una vez más, se pudo demostrar que no todo se «descuenta» y que más de una vez: el mercado también se equivoca. En la víspera, el desplome llevó al MERVAL casi a la frontera de los «600» -que tiene un imán especial- y se tambaleó en los «607», para concluir un punto más arriba. La baja en el promedio ponderado arrojó casi 9%, con varios títulos en un doce, trece -hasta catorce- por ciento. El volumen se mostró generoso en la salida, no se encogió, obrando con unos $ 41 millones para acciones y configurando un «lunes negro»: al que habrá que intentar de suavizar ahora...
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