No llores por mí, Ucrania. La invasión de Vladímir Putin liberó a Wall Street de su agonía. Se dijo la semana pasada: cuando la incertidumbre es tan corrosiva, la vigilia puede dañar más que las definiciones. Pero Rusia movió los trebejos y la realidad asomó a cara descubierta. Putin urdió una guerra brutal, sin sutilezas, en el flanco oriental de Europa. ¿Y cómo respondieron los mercados?
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Jerome Powell, en las pantallas de Wall Street.
El índice S&P 500, que se hundió a comienzos de semana en el terreno formal de una corrección de 10%, revivió: trepó 1,5% el jueves y 2,24% el viernes. Ese mismo día, el Dow Jones escaló 2,5%, su jornada más rutilante desde 2020. La historia rima. En la guerra del Golfo de 1990 la zozobra de las acciones acabó con el disparo del primer misil. Y así ocurrió tantas otras veces: Vietnam, Irak o la anexión de Crimea, la aventura original de Putin en Ucrania, allá por 2014.
La Bolsa no cotiza catástrofes humanitarias pero es sensible a las tensiones geopolíticas extremas, por lo menos hasta no ver las cartas expuestas sobre la mesa. Se relaja después. ¿Cuán ansiosos están los inversores todavía por buscar refugio? Poco y nada, aunque el pesimismo bursátil sea récord desde 2013. No hay fuga hacia los bonos del Tesoro, según lo certifican las tasas largas. No irrumpió el superdólar. El oro digital -las criptomonedas- se comportó como bisutería en liquidación, y el oro de verdad proveyó protección hasta la invasión y, luego, tras dar las hurras, se debilitó.
Kiev se desangra, la seguridad europea se hace trizas y los dividendos de la paz se esfumaron (volverán y serán millones de gasto en defensa). Así y todo, ¿ya pasó lo peor en Wall Street? El S&P corrigió (cayó más de 5% en enero y de 7% en febrero) y ¿resucita con un manifiesto de guerra? Así es. Aunque la Bolsa pena en dos frentes y la guerra de tasas está todavía por librarse. Putin fue el padre de la volatilidad de febrero, pero el pico del VIX, el 24 de enero, fue obra de Jay Powell y la incertidumbre de la suba de tasas, una escalera con ¿cuatro?, ¿cinco?, ¿seis?, peldaños en 2022.
¿Dónde está la crisis de la energía? No está. Las sanciones que el presidente Joe Biden le aplicó a Rusia la excluyen explícitamente. Europa recibe puntual el gas que proviene de allí y cruza el territorio de Ucrania. Alemania no certificó Nord Stream 2, pero sólo porque no está en funciones. ¿Desidia? ¿Traición? ¿Conflicto de intereses? Nada de eso. En Estados Unidos, el deflactor del consumo (sin alimentos ni energía) crece 6% anualizado sin interrupciones desde octubre. El mundo ya padece la inflación de los años 80. Lo último que se precisa es sumar un shock petrolero y propiciar un bis de la estanflación. Y por eso preserva intacta la oferta de energía disponible (incluyendo la que provee Rusia). De momento, no opera un shock adverso de magnitud del lado de la oferta. ¿Que así los aliados financian a Putin y la intrusión en Ucrania? La guerra es una decisión de Putin en el margen. Y la paga con su dinero. El mundo no le aportó ni un solo dólar extra. De hecho, en otros inviernos, cortar el suministro de gas fue un castigo de Putin a los europeos. Mientras pueda cobrarlo es un equilibrio que se acomoda a las necesidades financieras y políticas de todas las partes. ¿Lo perturbará una acción bélica? ¿O será otro corte más sutil, la desconexión de Swift?
¿Qué hará la Fed? ¿Cancelará la suba de tasas hasta que cedan las inclemencias? El banco central preventivo podía darse ese lujo porque conducía la inflación con rienda corta. Pero la Fed flexible no tiene grados de libertad. Es que la inflación excede a su meta por más de 300 puntos base bajo cualquier definición, James Bullard dixit. No hay espacio para un cambio beneficioso de planes. ¿Y habría razones? Tampoco. Nada pueden hacer las tasas para remediar restricciones de oferta, pero los cuellos de botella se solucionan (y el shock energético se evitó por diseño). Lo que se debe atacar es la demanda excesiva. Es más, el gobernador Christopher Waller señaló que, si la data es muy robusta, no descarta un ajuste de medio punto el 16 de marzo. Toda suba de tasa impacta a través de dos circuitos. Es contractiva de la demanda agregada. Pero el canal informativo es expansivo. Y en tiempos azarosos nada mejor que potenciar la señal de una economía firme. Si el ímpetu iracundo de Putin puede manejarse, la prisa anunciada de Powell no debería ser motivo de indigestión.
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