Dicen que fue Nathan Rostschild (1777-1836) quien aconsejó: “Compra cuando hay sangre en las calles, aun cuando esa sangre sea la tuya”. Hoy, lamentablemente esa sangre corre por las calles venezolanas y son muchos los que están pensando si hacerle caso al Barón o no.
Los "bonos del hambre"
OPINIÓN
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UN “NO” DEFAULT
Algo más astuto que los argentinos, en lugar de declarar un “default” Nicolás Maduro anunció una reestructuración de la deuda y comenzó a incumplir los pagos a partir de noviembre de 2017 sin avanzar un ápice desde entonces. La excusa era que las sanciones norteamericanas al régimen le impedían cumplir con sus compromisos por el bloqueo de las cámaras compensadoras internacionales (sin embargo el 27 de abril pasado, Euroclear y Cleearstream dieron curso al pago del u$s1.057 del cupón PDVS 2020, demostrando la mentira del argumento). Así Maduro lograba limitar el accionar de los acreedores: los más ilusos apostaban a que en algún momento la situación se normalizaría, mientras los más aguerridos temían meterse en un berenjenal de gastos legales donde -en la medida que Maduro siguiese en el poder- la chance más grande era no recuperar nada. A pesar de esto, el 6 de diciembre cinco fondos de inversión con una tenencia de u$s1.500 millones en VENZ 34 se presentaron al Bank of New York Mellon, reclamando el pago acelerado del bono tras el incumplimiento del cupón de 2018 por u$s140 millones (a este le siguieron otras reclamos; los procesos de aceleración de la deuda venezolana requieren la anuencia de al menos el 25% de los bonistas de cada serie). Para mediados de mes, Casa Express Corp, un grupo con apenas u$s34 millones de en el VENZ 18, hizo la primera presentación judicial a la Corte de Distrito Sur de Nueva York. Ademas de estos, existen al menos otros dos grupos (uno encabezado por el banco de inversión Houlihan Lokey) que estarían presentándose a la Justicia en el corto plazo (en noviembre se organizó el comité de acreedores del ELECAR 18 por u$s677 millones, pero aún no han presentado una demanda concreta). Posiblemente la última novedad judicial y tal vez la más significativa sea el acercamiento del Venezuela Creditors Committe que mantendrían deuda por u$s8.000 millones, al estudio Cleray Gottlieb para tratar de frenar las acciones de los “deudores reales” que eventualmente los dejen si activos para reclamar.
En abril del año pasado y con la sentencia favorable de un tribunal arbitral internacional, la petrolera Conoco Phillips se adelantó a los acreedores financieros embargando los activos de PDVSA en el Caribe por u$s2.000 millones (en 2007 Hugo Chavez había nacionalizado sus activos en Venezuela). La crisis que esto desató al no permitir la refinación ni exportación de crudo hizo que en agosto Maduro aceptara pagarles u$s500 millones trimestrales durante cuatro años y medio (en horas habrá un nuevo vencimiento) a cambio de levantar los embargos. Los activos se liberaron pero Conoco quedó con todas las herramientas para reembargar al menor inconveniente e incluso avanzar sobre la joya de la corona Venezolana: CITGO (con un valor de mercado arriba de los u$s8.000 millones, refinerías varias y casi 6.000 estaciones de servicio es la mayor cadena y la puerta de entrada del petróleo venezolano a los EE.UU.). Es que en agosto la minera Canadiense Crystallex logró que un juez federal declarara a CITGO parte de PDVSA y por lo tanto embargable (Conoco aun aguarda otra decisión que saldría a su favor, esta del tribunal arbitral del Banco Mundial por una compensación que se estima sería incluso mayor a la de abril, mientas que la sentencia a favor de Rusoro podría conocerse en un par de meses )
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UN “SÍ” DEFAULT
Venezuela tiene 14 títulos soberanos, 8 de PDVSA y uno de Elecar (Electricidad de Caracas) que están en este momento en cesación de pagos. La única excepción es el PDVSA 2020 que cotizaba el viernes a 95,095% y del cual quedan pendientes u$s1.700 millones y está respaldado con el 50,1 % de las acciones de CITGO -el resto pasó a manos rusas como garantía/pago por diversos prestamos-. Esto último explica el interés de Maduro de que este título no caiga, porque en octubre del año pasado hizo “buenos” u$s949 y porque este año respetaría los u$s985 millones que debe pagar.
Como se vio con el caso argentino, apelar a la judicialización para conseguir el cobro no es sencillo ni barato y el proceso en ningún caso tardaría menos de dos años. Así, en el mejor de los casos la clave pasa por el grado de reconocimiento/pago de la deuda que esté dispuesta a hacer la oposición. Pero aquí es importante entender que no se habla de un país como el nuestro en 2001, sino uno devastado, donde la prioridad va a ser la situación humanitaria, alimentos, salud y seguridad, y recién al final el pago de la deuda y la nueva infraestructura. Aquí es donde la actuación del FMI -Lagarde priorizaría Caracas a Buenos Aires- y los préstamos del Tesoro de EE.UU., circunvalando al mercado, serían cruciales.
Entre Venezuela como país y su principal compañía, Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y Elecar hoy tienen una deuda emitida en bonos de más de u$s65.000 millones (86% es deuda pública -la deuda total es de más de 150% del PBI), con atrasos por u$s8.869 millones (u$s5.078 por vencimientos en 2018) que sumarian este año u$s8.975 adicionales (en octubre es lo más fuerte con el VENZ 19 y la amortización del PDVSA 202) y donde los mayores acreedores son Goldman Sachs, el Ashmore Group, Black Rock, T. Rowe Prince, Northertn Trust y a continuación una serie de Hedge Funds.
“HUNGER BONDS”
En mayo de 2017, tres meses antes de que el presidente Trump prohibiera a las empresas y ciudadanos norteamericanos comprar cualquier nueva deuda venezolana (sacando a Venezuela del mercado financiero internacional), la gente de Goldman Sachs adquirió u$s2.800 millones de bonos de PDVSA 2022 al 12,3/4 pagando algo menos de u$s31 centavos (o u$s865 millones) por dólar. La operación fue duramente criticada por el resto del establishment financiero (a partir de ahí el Credit Suisse y otras casas se negaron a operar papeles Venezolanos), porque significaba un claro apoyo a una dictadura que hambreaba a su población. En abril del año pasado -ya con gran parte de la deuda en default- la petrolera pagó a los norteamericanos u$s90 millones de intereses, con dinero que hubiera estado mejor destinado a la compra de alimentos y medicinas para los venezolanos y el mercado comenzó a usar el término de “hunger bonds” (bonos del hambre) que sirve hoy de referencia para todos los papeles venezolanos. Podría pensarse que los de Goldman le hicieron “pito catalán” al resto del sistema, pero la verdad es que con el cambio político y las declaraciones de la oposición que, de alcanzar ellos el poder estos títulos en particular no serían honrados y Goldman quedaría excluida del cualquier eventual nuevo negocio con el país, más la mancha a la reputación de la sociedad, pone en dudas lo acertado de la operación. Ah!, estos títulos cotizaban el viernes a 28,69% y entre los más líquidos (si se puede aplicar este concepto a la deuda venezolana) son los que menos han subido con el rally de la semana pasada.
EL RALLY
Si se ha sobrevivido a los dislates de nuestro país... ¿por qué no se habría de sobrevivir a los de Venezuela?. Es así que el mercado de los “hunger bonds”, con sus sueños de ganancias astronómicas son especialmente atractivos para cualquier inversor argentino, de los tantos que el año pasado vieron destruirse casi la mitad de sus ahorros. Pero aquí tenemos varios problemas. El primero es la iliquidez, parte por las restricciones impuestas por los EE.UU. y parte porque los que compraron esperando que Maduro perdiera las elecciones en 2017 o al anuncio de renegociación de la deuda, siguen perdiendo dinero y prefieren sentarse sobre sus tenencias esperando (a principios de este año el desánimo era tal que la deuda cotizaba entre 10 y 20 centavos por dólar; el viernes ya habías algunos títulos en los 30´s, en niveles de septiembre de 2017). El segundo es el tiempo para que las cosas realmente mejoren: nadie descarta que veamos una situación parecida a la de Libia en 2011, cuando pasaron varios meses entre el alzamiento popular y la caída del Muammar Gadafi, a lo que sumamos los tiempos legales que ya comentamos.
Aquí un comentario casi político: es cierto que Maduro tiene el poder físico en el país, pero Juan Guaidó tendría “la plata” si es que Trump decide desbloquearle los activos venezolanos congelados en EE.UU., pasarle el control de CITGO, los activos del Caribe, y finalmente decretar el embargo petrolero a Venezuela.
En rally que tuvo la deuda Venezolana estos días fue significativo (el mayor desde octubre pasado) pero hasta aquí nada extraordinario para papeles tan ilíquidos (los soberanos han venido algo mejor que los papeles de PDVSA). Se pasó de algo así como u$s0,20 a u$s0,24/u$s0,39. Las expectativas en el mejor de los casos -esto es con cambio de gobierno, “luna de miel” y Trump levantando las restricciones-, es que podrían rondarse los u$s0,40/u$s0,50 hacia fin de año. Frente a esto, en el peor de los casos -gana o sigue Maduro- se habla de volver a la zona de los u$s0,20.
Ante este panorama, el mercado parece preferir aguardar -a riesgo de perder un poco o dejar de ganar- y ver qué pasa, y no seguir el consejo de Rotschild. Bien.
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