9 de septiembre 2026 - 12:13

La energía se consolida como refugio productivo frente al freno industrial

Un informe muestra que petróleo y gas siguen en expansión mientras la industria manufacturera, la construcción y el comercio minorista no logran quebrar la inercia recesiva. El contraste refuerza el rol de Vaca Muerta, la refinación de hidrocarburos y las exportaciones energéticas como uno de los pocos motores activos de la economía.

El informe remarca que el sector hidrocarburífero continúa consolidando una tendencia expansiva y alcanza niveles históricos de extracción por la alta productividad de los yacimientos no convencionales en Vaca Muerta. 

El informe remarca que el sector hidrocarburífero continúa consolidando una tendencia expansiva y alcanza niveles históricos de extracción por la alta productividad de los yacimientos no convencionales en Vaca Muerta. 

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El sector energético volvió a quedar ubicado como uno de los principales refugios productivos de la economía argentina, en medio de un escenario marcado por la caída de la industria manufacturera, la debilidad de la construcción y un consumo minorista todavía selectivo. Según un informe privado, la coyuntura reciente muestra un “reacomodamiento asimétrico” del entramado productivo: mientras los segmentos vinculados al mercado interno siguen golpeados por la demanda deprimida, los recursos naturales y la demanda externa concentran buena parte del impulso económico.

La diferencia aparece con claridad en los indicadores sectoriales. La producción de petróleo creció 12,1% interanual en julio y acumuló una suba de 16,5% en el año, mientras que la industria manufacturera cayó 4,9% interanual y retrocedió 2,6% en el acumulado. La construcción también mostró señales negativas, con despachos de cemento 8,1% abajo en agosto, y las ventas minoristas pyme descendieron 0,2% interanual.

El diagnóstico de Qualy Consultora apunta a una economía de dos velocidades. Por un lado, industrias ligadas al consumo durable, bienes de capital, electrodomésticos, electrónica, indumentaria y calzado enfrentan menor demanda local y presión importadora. Por otro, el bloque energético mantiene una dinámica expansiva apoyada en Vaca Muerta, la refinación de hidrocarburos y nuevos proyectos de infraestructura.

Petróleo y gas resisten mejor que el resto de la economía

El informe remarca que el sector hidrocarburífero continúa consolidando una tendencia expansiva y alcanza niveles históricos de extracción por la alta productividad de los yacimientos no convencionales en Vaca Muerta. Esa dinámica, además, está reforzando el perfil exportador de la industria.

El motor principal es el petróleo no convencional. En julio, la producción shale creció 26,4% interanual y acumula una mejora de 33,6% en el año. En la comparación de dos años, el avance llega a 67,3%. En cambio, el petróleo convencional cayó 11,6% interanual y acumula una baja de 8,9%.

La foto muestra que el crecimiento del sector no se explica por una mejora homogénea de toda la actividad hidrocarburífera, sino por la expansión específica de Vaca Muerta. El petróleo total apenas subió 0,1% mensual, pero creció 12,1% frente a julio del año pasado y acumuló una mejora de 16,5% en el año.

En gas, el panorama aparece más mixto. La producción total cayó 1,1% mensual y 1,6% interanual en julio, aunque todavía acumula una suba de 0,7% en el año. También allí el no convencional muestra mejor desempeño que el convencional: el shale gas creció 3,8% interanual, mientras que el gas convencional retrocedió 12,3%.

La industria sigue sin encontrar piso

El contraste con la industria manufacturera es marcado. Qualy señaló que el sector profundizó su contracción, con un retroceso generalizado que todavía no encuentra piso. En julio, el Índice de Producción Industrial Manufacturero cayó 5% mensual en la medición desestacionalizada y 4,9% interanual. En el acumulado del año, la baja fue de 2,6%, mientras que frente a 2023 el retroceso alcanzó 11,8%.

El informe atribuye esa dinámica a un doble impacto. Por un lado, la caída del poder adquisitivo debilita la demanda interna, genera capacidad ociosa e impide convalidar nuevos precios. Por otro, la apertura comercial, la estabilidad cambiaria y el aumento de costos fijos e insumos energéticos presionan sobre la competitividad de la producción local.

La parálisis golpea especialmente a sectores dependientes del consumo durable y los bienes de capital. Entre ellos aparecen maquinaria agropecuaria, electrodomésticos, electrónica, indumentaria y calzado, todos afectados por la retracción de la demanda y por la mayor competencia importada.

Dentro de ese cuadro, la refinación de hidrocarburos aparece como una excepción. Qualy señala que el sesgo recesivo general de la industria solo fue parcialmente amortiguado por el dinamismo de la refinación de hidrocarburos y de la industria papelera y maderera, que se destacaron con actividad al alza.

Balances energéticos con resultados récord

La diferencia también se observa en los balances empresarios. YPF cerró el segundo trimestre de 2026 con ingresos por u$s6.574 millones, una suba interanual de 42%, y un EBITDA de u$s2.804 millones, con un salto de 149%. Según el informe, la petrolera alcanzó el mejor EBITDA ajustado de su historia y el apalancamiento más bajo en 11 años, impulsada por un crecimiento de 47% en la producción de shale oil y refinerías operando al 104%.

Pampa Energía también mostró resultados récord. La compañía registró ingresos por u$s746 millones, con una mejora interanual de 53%, y un EBITDA de u$s415 millones, 75% superior al del mismo período del año pasado. El desempeño estuvo impulsado por el crecimiento de la producción en Rincón de Aranda, en Vaca Muerta, la integración de negocios y la mejora de márgenes por la desregulación eléctrica.

Transportadora de Gas del Sur también aparece entre las empresas con mejores resultados. Sus ingresos alcanzaron $535.522 millones, con una suba interanual de 15%, mientras que el resultado operativo creció 32%, hasta $216.327 millones. Las ganancias netas se duplicaron gracias al desempeño del negocio de producción y comercialización de líquidos, favorecido por mayores volúmenes, tipo de cambio y precios internacionales.

Un crecimiento que mira hacia afuera

El informe plantea que el crecimiento energético ya no se limita a la extracción en los yacimientos. La industria empieza a concentrarse en los canales necesarios para monetizar los recursos y competir a gran escala en los mercados globales, con avances como licitaciones internacionales para el aprovisionamiento de caños destinados a futuros megaproyectos de transporte de GNL.

Ese punto es clave para entender por qué energía se despega de otros sectores. Mientras buena parte del aparato productivo depende de un mercado interno debilitado, petróleo y gas encuentran una demanda potencial en el exterior y en proyectos de infraestructura orientados a exportar.

Sin embargo, Qualy advierte que ese derrame exportador todavía no logra reactivar los motores internos. La construcción sigue sin proyectos de escala suficientes, las pymes industriales operan con prudencia y el comercio minorista depende de liquidaciones, acuerdos financieros y compras estrictamente necesarias.

La demanda eléctrica de comercios e industrias también refleja ese límite. En julio creció 1,1% mensual, pero cayó 2,9% interanual y acumula una baja de 2,4% en el año. En contraste, la demanda eléctrica total subió 1,3% interanual y acumula una mejora de 0,9%.

La energía como sostén de la actividad

El cuadro general muestra que la energía opera como uno de los pocos sectores capaces de sostener inversión, producción y resultados positivos en un contexto económico todavía restrictivo. Vaca Muerta tracciona el petróleo no convencional, la refinación ayuda a amortiguar la caída industrial y las grandes empresas del sector muestran balances con mejoras significativas.

Pero el desafío sigue siendo convertir ese dinamismo en un efecto más amplio sobre el resto de la economía. Por ahora, el crecimiento energético convive con industrias que recortan turnos, comercios que enfrentan márgenes estrechos y constructoras que esperan nuevas obras de escala.

La energía aparece así como refugio productivo y financiero, pero todavía no como motor suficiente para reactivar por completo el mercado interno. El próximo paso dependerá de la capacidad de acelerar infraestructura, sostener exportaciones y ampliar el encadenamiento local de Vaca Muerta, la refinación y los proyectos asociados al gas y al petróleo.

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