13 de enero 2026 - 14:28

Vaca Muerta frente al nuevo orden energético: petróleo, poder y cómo impacta el giro de EEUU sobre Venezuela

La intervención militar de EEUU en Venezuela, la captura de Maduro y el reposicionamiento estratégico de Trump reabren el debate sobre el rol del petróleo en un mundo menos globalizado. Especialistas analizan qué significa este cambio de escenario para Vaca Muerta.

Daniel Dreizzen ( Aleph Energy), Gustavo Araujo (Criteria) y Luciano Codeseira (Universidad Austral).

Daniel Dreizzen ( Aleph Energy), Gustavo Araujo (Criteria) y Luciano Codeseira (Universidad Austral).

La captura de Nicolás Maduro tras una operación militar impulsada por Estados Unidos a comienzos de 2026 no solo sacudió el tablero político regional. También volvió a poner al petróleo en el centro de una discusión más amplia, donde la energía deja de ser un commodity neutro para convertirse, otra vez, en una herramienta explícita de poder. En ese contexto, Vaca Muerta aparece como una pieza relevante, aunque no exenta de tensiones, dentro de un sistema energético global que dejó atrás la “globalización ingenua”.

“El escenario internacional hoy está atravesado por fuerzas cruzadas”, explica Luciano Codeseira, co-director del Instituto de Energía de la Universidad Austral. “Vaca Muerta puede verse favorecida por precios internacionales del crudo más firmes, impulsados por la inestabilidad global y la lenta normalización de Venezuela, pero al mismo tiempo enfrenta un contexto financiero más exigente, con capital más caro y mayor competencia por inversiones”, agregó Codeseira.

La reacción inicial de los mercados tras la caída del régimen venezolano fue elocuente pero acotada. Según el análisis de Gustavo Araujo, Head of Research de Criteria, “los principales ganadores fueron las compañías petroleras y de servicios energéticos estadounidenses”, con subas de entre 5% y 10% en firmas como Halliburton, Chevron o Marathon Petroleum. También repuntaron con fuerza los bonos soberanos venezolanos y la deuda de PDVSA, aunque “más como apuestas tácticas y especulativas que como inversiones sustentadas en fundamentos sólidos”.

Petróleo Venezuela Vaca Muerta crudo

En los primeros días luego de la intervención militar el precio internacional del petróleo prácticamente no se movió. El Brent se mantuvo estable, en una señal clara de que el mercado no percibió en ese momento un shock inmediato de oferta. “Esto sugiere que una recuperación significativa de la producción venezolana llevará tiempo”, señala Araujo, recordando que reconstruir infraestructura, capital humano y reglas de juego “es un proceso de varios años”.

Sin embargo, en medio de tensiones entre Irán y EEUU, tras las protestas y las amenazas de Donald Trump que genera preocupación por el suministro, ahora el petróleo Brent de referncia para Vaca Muerta escaló casi 2%, y sube por cuarta jornada consecutiva hacia su nivel más alto en dos meses. Los futuros del Brent subían 1,7%, ‌a u$s64,93 por barril. En tanto, el crudo estadounidense West Texas Intermediate ganaba un 1,7%, ‌a u$s60,52.

Desde una mirada estructural, Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy y ex secretario de Planeamiento, plantea que lo ocurrido en Venezuela debe leerse como algo más profundo. “La reciente intervención de los Estados Unidos debe entenderse menos como un episodio aislado y más como un síntoma de un cambio estructural en el orden energético y geopolítico global”. En ese nuevo escenario, sostiene, “la globalización romántica quedó atrás y fue reemplazada por una competencia estratégica abierta entre bloques de poder”.

Dreizzen remarca que, desde el punto de vista estrictamente energético, Venezuela hoy es un actor marginal: produce alrededor de 900.000 barriles diarios, un volumen similar al de la Argentina y muy lejos de los casi 4 millones de barriles por día que alcanzó en los años noventa. “En un mercado global que supera los 100 millones de barriles diarios, incluso una recuperación plena de Venezuela tendría un impacto acotado sobre el precio internacional del crudo”, afirma, especialmente en un contexto donde Estados Unidos consolidó su liderazgo como primer productor mundial gracias al shale.

En ese marco, el interés de Washington no pasa por abastecerse de crudo venezolano. “Estados Unidos no necesita el petróleo de Venezuela para su consumo doméstico”, explica Dreizzen. “El objetivo estratégico es evitar que ese recurso siga siendo utilizado como instrumento financiero y político por China, Rusia e Irán”. Se trata, más que de producir, de decidir “quién administra el petróleo, quién lo financia y bajo qué reglas se inserta en el sistema internacional”.

Por qué Vaca Muerta y el petróleo de Venezuela no compiten

Para Vaca Muerta, este nuevo orden no implica una competencia directa con Venezuela. El geólogo Ignacio Rovira es categórico: “Más que una discusión geopolítica o de precios, la comparación requiere entender la naturaleza de los recursos”. Venezuela produce crudos extra pesados, con API entre 8 y 14, alto azufre y elevados costos operativos. Vaca Muerta, en cambio, ofrece petróleo liviano y dulce, con API de 39 a 42, fácilmente refinable y con mayor flexibilidad comercial.

“Lejos de desplazarse entre sí, estos crudos ocupan lugares específicos dentro del sistema de refinación”, señala Rovira. Incluso, en muchas refinerías modernas, “el crudo liviano de Vaca Muerta complementa a los crudos pesados, como los venezolanos, aportando fluidez y eficiencia”.

Además, los tiempos juegan a favor del shale argentino. Mientras Venezuela necesitaría entre u$s80.000 y u$s100.000 millones y un plazo de 8 a 10 años para recuperar su producción histórica, Vaca Muerta ya produce cerca de 850.000 barriles diarios y puede responder al mercado en el corto y mediano plazo.

Esa capacidad de ajuste rápido es, según Codeseira, una ventaja clave. “La gran diferencia de Vaca Muerta frente a la producción convencional es su lógica de ciclo corto: permite ajustar más rápido los niveles de inversión y producción frente a cambios en precios o condiciones financieras”. Sin embargo, advierte que esa flexibilidad “no reemplaza una condición básica: la necesidad de inversiones intensivas y de largo plazo en infraestructura”.

Vaca Muerta PAE no convencional petróleo

Oleoductos, almacenamiento y capacidad exportadora aparecen como los verdaderos cuellos de botella. “Sin esos activos, el potencial productivo no se puede transformar en valor económico”, subraya Codeseira. Y agrega: “En contextos de alta incertidumbre geopolítica, los inversores no miran solo la calidad del recurso; evalúan estabilidad macroeconómica, previsibilidad regulatoria y consistencia de las políticas públicas”.

Desde Criteria coinciden en que el impacto sobre Vaca Muerta no es inmediato ni concluyente. “No esperamos presiones adicionales relevantes sobre el precio del crudo en el corto plazo”, sostiene Araujo, lo que explica por qué mantienen a YPF y Vista “bajo observación”, sin cambios por ahora en sus recomendaciones.

En definitiva, lo que ocurre en Venezuela amplifica tendencias que ya estaban en marcha. “En un mundo donde la geopolítica vuelve a dominar la agenda energética”, resume Codeseira, “los países que logren reducir sus vulnerabilidades internas serán los que mejor puedan capturar las oportunidades externas”.

Cuánto petróleo puede producir Argentina vs. Guyana y Brasil

Para 2026, la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) proyecta que la producción mundial de petróleo crecerá en unos 800.000 barriles diarios, y que cerca de la mitad de ese aumento será aportado de manera conjunta por Brasil, Guyana y la Argentina. Esta dinámica consolida una tendencia que ya se hizo visible en 2025, cuando estos tres países explicaron el 28% del crecimiento global del suministro. En el caso argentino, el punto de inflexión se produjo en 2021, cuando el desarrollo del shale en Vaca Muerta revirtió años de declive y permitió escalar la producción a 670.000 barriles diarios en 2024, 740.000 en 2025 y un nivel proyectado de 810.000 barriles diarios para 2026.

Ese crecimiento tuvo un impacto directo en el posicionamiento regional, tal como reveló Los Andes. Durante el segundo semestre de 2025, la Argentina superó a Colombia y se convirtió en el cuarto productor de petróleo de América del Sur, detrás de Brasil, Venezuela y Guyana. En noviembre, la producción alcanzó los 844.386 barriles diarios, con el shale oil aportando cerca del 70% del total, liderado principalmente por YPF.

Mientras Brasil sostiene el liderazgo con más de 4 millones de barriles diarios y Guyana continúa su expansión acelerada en el offshore de Stabroek, el foco regional se desplazó hacia la fragilidad venezolana. Pese a contar con las mayores reservas del mundo, la industria de ese país enfrenta una crisis profunda que podría llevar su producción de 1,2 millones de barriles diarios actuales a menos de 300.000 hacia fines de este año.

De confirmarse ese escenario, y si la Argentina mantiene su ritmo de expansión por encima de los 800.000 barriles diarios en 2026, podría escalar al tercer lugar del ranking sudamericano, en contraste con una Venezuela que necesitaría inversiones estimadas en u$s183.000 millones para aspirar a recuperar niveles de 3 millones de barriles diarios hacia 2040.

Vaca Muerta sigue teniendo una ventaja central: su competitividad técnica y económica. Pero convertir ese potencial geológico en desarrollo sostenible dependerá menos de lo que ocurra en Caracas o Washington, y mucho más de la capacidad de la Argentina para ofrecer reglas claras, estabilidad y una estrategia de largo plazo en un mundo donde el petróleo volvió a ser sinónimo de poder.


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