29 de enero 2026 - 11:34

A 100 años del nacimiento de Roberto Goyeneche: la voz que le puso su alma al tango

De colectivero en Saavedra a leyenda mundial, un recorrido por el siglo de vida de "El Polaco", el hombre que enseñó que el tango se cuenta más de lo que se canta.

La vida y legado de El Polaco.

La vida y legado de "El Polaco".

No hay una sola voz en el tango que se parezca a la suya, y a la vez, en su voz están todas las voces de Buenos Aires. Hoy se cumple un siglo del nacimiento de Roberto Goyeneche, un artista que no fue un cantante de escuela; fue un narrador de derrotas y esperanzas que encontró en el tango su hábitat natural.

A cien años de aquel 29 de enero de 1926, la figura de Goyeneche no solo permanece intacta, sino que se ha agigantado como el puente definitivo entre la tradición del 40 y la vanguardia que supo abrazar.

Saavedra y el origen de "El Polaco"

Roberto nació en el barrio de Saavedra, una zona que en los años 20 todavía conservaba ese aire de orilla, de límite entre la urbe y el campo. Hijo de una familia trabajadora, su infancia estuvo marcada por la radio y los carnavales. Su padre falleció cuando él era apenas un niño, una herida temprana que quizás forjó esa melancolía que luego destilaría en cada estrofa.

Saavedra no era solo el lugar donde vivía; era su identidad. Allí, entre las calles polvorientas y los clubes de barrio, empezó a forjar una personalidad que combinaba la timidez con una observación aguda de la realidad.

En una Argentina donde los inmigrantes se mezclaban, Roberto destacaba por su delgadez extrema, su piel pálida y, sobre todo, su cabello rubio, casi platino. Sus amigos del barrio lo bautizaron "El Polaco". Curiosamente, no tenía ascendencia polaca (sus raíces eran vascas), pero el mote le sentó tan bien que terminó reemplazando a su propio nombre en el afecto popular.

La vida antes del frac: el colectivo y el ring

Antes de llegar a ser cantante, Goyeneche fue un hombre de oficios terrestres. No fue un niño prodigio del conservatorio; fue un laburante.

Una de las imágenes más románticas de su biografía es su etapa como chofer de la línea 19. Roberto recorría las calles de Buenos Aires al volante, ensayando tangos entre parada y parada. Dicen que los pasajeros se quedaban fascinados no solo por su manejo, sino por el tarareo constante que salía de su garganta.

También tuvo un paso fugaz por el boxeo. Aunque su físico no era el de un peso pesado, tenía la "guapeza" necesaria para subir al ring. Esa misma resistencia y esa capacidad de "aguantar los golpes" se trasladarían años después a su interpretación del tango: Goyeneche cantaba como quien ha recibido y dado batalla.

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Goyeneche y Troilo, una unión histórica.

Goyeneche y Troilo, una unión histórica.

El encuentro con el destino: Salgán y Troilo

Su llegada al tango profesional no fue un estallido, sino una maduración. Su primer gran espaldarazo vino de la mano de Raúl Kaplún, pero el verdadero cambio de paradigma ocurrió en 1952, cuando se incorporó a la orquesta de Horacio Salgán.

Salgán, un perfeccionista del ritmo y la armonía, encontró en Goyeneche una voz maleable. Junto a Ángel Díaz (el otro cantor de la orquesta), el Polaco empezó a entender que el tango podía ser algo más que una melodía bailable; podía ser una pieza de cámara, un drama narrado.

Sin embargo, su matrimonio artístico definitivo fue con Aníbal "Pichuco" Troilo. En 1956, Goyeneche entró a la orquesta de Troilo para reemplazar a Jorge Casal. Bajo el ala de Pichuco, Roberto aprendió el arte del silencio. Esa sociedad produjo versiones inmortales de temas como "La última curda" o "Garúa". Fue Troilo quien le dio la libertad para ser él mismo, y fue bajo su tutela donde el Polaco dejó de ser un cantor de orquesta para convertirse en un solista de alma.

Horacio Ferrer y la reinvención del tango

Si Troilo fue su padre espiritual, Horacio Ferrer fue su cómplice en la modernidad. Cuando el tango parecía languidecer frente al avance del rock y el pop internacional, la sociedad entre Astor Piazzolla, Horacio Ferrer y el Polaco Goyeneche le devolvió la vigencia.

La amistad con Ferrer no fue solo profesional; fue una comunión de poetas. Goyeneche fue el intérprete ideal para la lírica surrealista de Ferrer. Versiones como "Balada para un loco" o "Chiquilín de Bachín" encontraron en el Polaco esa mezcla de ternura y locura que la obra requería. Goyeneche no juzgaba las letras; las habitaba. Ferrer solía decir que Roberto era el único capaz de entender las metáforas más complejas y devolverlas al pueblo masticadas y comprensibles.

Roberyo Goyeneche Astor Piazzolla
Piazzolla y Goyeneche, dos gigantes del tango.

Piazzolla y Goyeneche, dos gigantes del tango.

El "Decidor" y su relación con otros referentes

Con el paso de los años, la voz de Goyeneche cambió. El terciopelo de su juventud dio paso a una lija expresiva. Perdió rango vocal, pero ganó profundidad. Fue en esta etapa donde se consagró como el "Decidor". Ya no buscaba la nota alta, sino la intención justa.

Mantuvo una relación de respeto y admiración mutua con figuras como Edmundo Rivero, Mercedes Sosa y Astor Piazzolla, entre otros. Piazzolla lo consideraba el mejor cantor de la historia por su capacidad de romper el tiempo musical y caer siempre parado.

Un ícono multimedia: cine y televisión

Goyeneche no se quedó encerrado en las "tanguerías". Su carisma y su rostro surcado por los años lo llevaron a otros medios. Su aparición en la película "Sur" (1988) de Fernando "Pino" Solanas fue consagratoria. En ella, interpretando a Amado, se convirtió en el símbolo de la resistencia cultural y el retorno de la democracia.

En televisión, sus apariciones en programas como "Grandes Valores del Tango" o sus entrevistas con Gerardo Sofovich lo transformaron en un personaje de culto. Su forma de hablar, sus anécdotas en el bar "Gandhi" y su amor por los pájaros (era un apasionado de los jilgueros) lo acercaron a las nuevas generaciones que lo veían como un "abuelo sabio" de la noche porteña.

Roberto Goyeneche Fito Paez
Fito Páez junto a Goyeneche.

Fito Páez junto a Goyeneche.

El impacto en el rock y versiones ajenas

Quizás el mayor logro de Goyeneche fue derribar los muros generacionales. En los años 80 y 90, los jóvenes del rock argentino descubrieron en él una rebeldía que no encontraban en otros géneros. Fito Páez, Andrés Calamaro y Vicentico se declararon sus discípulos.

Sus canciones fueron grabadas por artistas de los géneros más diversos, pero él mismo se encargó de versionar clásicos ajenos, como su inolvidable interpretación de "Grisel" o su acercamiento a temas de la música popular que no eran estrictamente tangos, pero que él "tangueaba" con solo tocarlos.

Legado: la voz que no se apaga

Roberto Goyeneche falleció el 27 de agosto de 1994, pero su centenario nos encuentra con una certeza: su estilo es la medida de todas las cosas en el tango moderno.

Su impacto cultural reside en haber humanizado el tango, todo puede resumirse en una pregunta (de la cuál seguramente ya sabemos la respuesta) ¿De qué sirve la técnica en el tango sin la emoción? Hoy, cualquier cantor que intente interpretar "Malena" o "Naranjo en flor" debe decidir si imita al Polaco o se aleja de él ya que ignorarlo es imposible.

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