9 de diciembre 2004 - 00:00

A Puccini le faltaron emoción y ensayos

Ni las voces de Inés Salazar y Carlo Scibelli contribuyeron a esta olvidable «Manon Lescaut», último título de la temporada 2004 en el Colón.
Ni las voces de Inés Salazar y Carlo Scibelli contribuyeron a esta olvidable «Manon Lescaut», último título de la temporada 2004 en el Colón.
«Manon Lescaut», ópera de G. Puccini. Con I. Salazar, C. Scibelli, O. Carrión, H. Iturralde y elenco. Regie: M. Cambiasso. Esc.: S. Massa. Vest.: A. Gumá. Ilum.: R. Conde. Dir. Coro: A. Balzanelli. Direcc. orq.: G. Györivanyi Rath. (7/ 12, Teatro Colón, Func. Gran Abono).

Cuando el director del Colón, Tito Capobianco, apareció en el escenario, se temió algún anuncio catastrófico; pero no, saludó la reapertura del Teatro Alla Scala de Milán y le dedicó la función. Al abrir el programa de mano el espectador se encontró con una carta, con foto y firma de Capobianco, donde confiesa que «la crisis aún no ha sido superada», y donde se queja por la situación económica y pide la descentralización del Colón para gozar de autonomía.

Al comenzar la representación fue inevitable la sensación de improvisación que venía del escenario: desencuentros entre el coro y la orquesta, personajes secundarios con voces destempladas, etc. La exquisita música de Puccini se defendía con «tempi» de extraña marcación y pinceladas de brocha gorda; el famoso «Intermezzo», esta vez colocado antes del cuarto acto, pareció la única parte debidamente ensayada.

El dormitorio del segundo acto es inconcebible, con su inmensa cama semicircular y estatuas, y en el desierto de Nueva Orleáns aparecen tres ojivas enormes, algo bastante improbable, a menos que se trate de una alegoría de la decadencia. La protagonista es la soprano venezolana Inés Salazar, con un lindo timbre en el registro central y forzada para llegar a los agudos; en las escenas de conjunto era prácticamente inaudible y su actuación fue desapasionada.

El tenor Carlo Scibelli fue bendecido con una voz que tiene un rango enorme, pero su fraseo no es comunicativo, como si tuviera una línea de canto propia que prescinde de la música; para la actuación no aporta intensidad ni dramatismo, elementos sustanciales para el papel de Des Grieux, al que Puccini dotó de ricos matices vocales y actorales. Estos elementos fueron bien aprovechados por Omar Carrión como Lescaut y por Hernán Iturralde como Geronte de Revoir, que hacieron una excelente labor. Tuvo encanto Alejandra Malvino como el madrigalista, página que Puccini tomó del «Agnus Dei» de su «Misa de Gloria».

En síntesis, la conmovedora música de Puccini, que por momentos se anticipa al impresionismo y otros de intensa pasión propia, es lo más rescatable en esta opaca versión que fue fríamente recibida por el público, dispuesto a buscar una emoción que le fue negada.

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