29 de agosto 2007 - 00:00

Adiós a Claudia

Cuando la modelo Claudia Schiffer se retiró de las pasarelas, Umbral la despidió de esta manera en su columna «Los placeres y los días» en el diario «El Mundo», el 6 de octubre de 1998. La reproducimos aquí, a modo de homenaje y ejemplo de su gracia y talento.

La gran Claudia Schiffer ha dicho adiós a las pasarelas en Milán, después de un desfile. Así, de pronto, como si nada, la rubia universal de sexo y nata dice que bueno, que ya, bai bai, que lo deja, o sea, y no dio más explicaciones. Otra novia que me deja.

Las razones de este abandono pueden ser múltiples y todas obvias: amor, negocios, cansancio profesional, previsión del futuro, problema de impuestos, incluso. Pero lo que a uno le afecta de esta medida que ella ha tomado sin contar conmigo es una cosa, o sea dos: en principio, que los cronistas urgentes de la vida que pasa perdemos un dulce comodín, porque Claudia era una coneja pariendo artículos, columnas, noticias.

Acudíamos a ella y nunca nos negaba un tema: que me desvisto, que me desnudo, que me enamoro, que lo diga papá, etc. ¿Y va a ser ésta la última columna y éstos los últimos versos que yo le escriba?

Me coge, además, en un día que he olvidado el acordeón nerudiano en casa. El otro daño y perjuicio que me hace Claudia es que ella hacía mucho juego con la negra, Naomi, o sea, la morena y la rubia, y ahora el candelabro, la antorcha femenina queda desparejada, las escalinatas del culto al cuerpo de la mujer sólo tienen la luminosidad oscura de la Campbell, cuando hemos vivido iluminados por esas dos esbeltas llamas que doraban la paganía de la mujer y nuestra tardía y prematura devoción.

Venga, otra rubia urgente para emparejar con la negra, de nuevo la pareja contradictoria y adorable para los voyeurs del mundo. El deslumbramiento negro de Naomi me ha hecho pensar mucho en el ángel rubio de la otra diosa de quiosco. Y la presencia solar de Claudia ha cobijado mi añoranza de las tinieblas atroces y perfumadas de la negra.

La vida es eso, el hombre es eso: disparidad, dualidad, duda, indecisión dulcísima, y por eso nos hace falta siempre la otra, porque en Vallecas añoramos a la novia de Getafe y en Getafe a la de Vallecas. Necesita uno esa dialéctica del vivir -¿Marx o Cristo, Neruda o Juan Ramón, el Greco o Zurbarán, Felipe o Borrell, Joselito o Belmonte?-, porque toda dialéctica es enriquecedora y del juego de contrarios nace la pasión total por la del vello rubio o la del vello plata. Y, cuando ya nos hemos decidido por una, va y se tiñe el vello. Costará tiempo encontrar otra modelo tan completa, otra rubia tan completa. Se decepcionaba mucho Truman Capote viendo a Marilyn teñirse las raíces negras del pelo:

- Yo creía que eras rubia natural.

- Sí, pero nadie es tan natural.

La mujer nos desconciertasiempre, incluso a quienes no las necesitan, como Capote. Yo me parece que voy a echar mucho de menos a esta rubia que no me gustaba por decente, por exceso de papá y por falta de pecado.

Claudia fue un proyecto de Brigitte Bardot, pero Alemania no sabe meter el diablo en el cuerpo a una colegiala crecidita, mientras que Francia llenó de pecado y libertad a Brigitte Bardot. Claudia ha sido la lámpara tonta de los 80/90, ciegos por el resplandor de la Bolsa más que por el resplandor de un cuerpo. Claudia o sus sociólogos saben eso, han visto que el milenio se acaba y las mitologías envejecen, aunque sean de la materia del marco fuerte. Mejor retirarse a tiempo. En caso de que la noticia sea verdad, en todos los quioscos de Occidente faltará una rubia y en mi casillero de temas faltará un amor literario y sólo literario. Y a estas edades cuesta volver a enamorarse, no crean.

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