Steven Tyler, John Travolta y Uma Thurman planean la producción de un disco en «Tómalo
con calma», secuela de «El nombre del juego».
«Tómalo con calma» («Be Cool», EE.UU., 2005; habl. en inglés). Dir.: F. Gary Gray. Int.: J. Travolta, U. Thurman, H. Keitel, V. Vaughn, S. Tyler y otros.
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"Tómalo con calma" es la secuela, imperfecta aunque divertida, de «El nombre del juego» («GetShorty»), aquella brillante farsa gangsteril en la que el mafioso Chili Palmer (JohnTravolta), enviado a cobrar una deuda, se involucraba en la industria del cine en Hollywood.
Su continuación no tiene la chispa ni el elenco de la original (las ausencias más notorias son las de Gene Hackman y Dennis Farina, y ahora la participación de Danny DeVito es mínima), pero, sobre todo, lo que más la debilita es su aire anacrónico: «El nombre del juego» era un film de su tiempo, y «Tómalo con calma» un indisimulable remedo, un calco tardío de las comedias negras de los tempranos '90. Con todo, muchas de sus situaciones, o sus chistes y diálogos, procuran un placer nada desdeñable.
Ya desde la apertura hay autorreferencias ingeniosas: Palmer, harto de Hollywood, ataca la costumbre de hacer secuelas. Va por Sunset Boulevard en un auto, charlando con un decadente productor de discos (que interpreta el no menos decadente James Woods, con pelo raleado virado al naranja), y observa por la ventanilla afiches de la «secuela» de «Get Shorty»; es decir, el film que se supone estamos viendo, aunque en la ficción es otro, y se llama «Get Lost».
En esos primeros minutos de film, la mafia rusa asesina a Woods en un bar y, cuando la policía se lleva su cuerpo, el diálogo de Palmer con dos testigos no deja de ser cinematográfico: ahora discurren sobre la muerte de protagonistas en los momentos iniciales de una película, «El ocaso de una vida», «Casino», «Belleza americana». Sí: los « cinéfilos» disfrutarán mucho con estas ocurrencias y otras varias. La comedia, como tal, comienza cuando Palmer, a partir de ese asesinato, decide abandonar el cine para dedicarse, de manera tan poco transparente como es habitual en él, a la industria discográfica: se enreda con la viuda de Woods (la siempre increíble Uma Thurman), le «roba» una cantante joven a otro productor de discos ( Harvey Keitel), convence a Steven Tyler, que hace de sí mismo, para que apoye en su primera grabación a su tierna protegée, y termina descubriendo que no sólo se ha puesto en contra a Keitel («tú vienes del cine, donde hay algunos mafiosos», le dice éste «pero en el negocio del disco todos lo somos»), sino también a varios pintorescos matones a sueldo, a un grupo de raperos negros que ahora quieren cobrarle una deuda heredada, y, también, a los mafiosos rusos.
La soltura y la falta de pruritos en algunas caracterizaciones (hay chistes «incorrectos» y muy graciosos sobre gays y negros, por ejemplo), la feliz resolución de algunas escenas y varios remates agudos, además de la acertada elección de secundarios sobresalientes (como Cedrid the Entertainer, al frente de la banda de raperos, o el desaparecido Robert Pastorelli como el killer Joe Loop) justifican la visión de esta película y compensan su aire a «ya visto» y sus también perceptibles irregularidades como guión integral.
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