«La indigna señora B.», de B. Brecht. Adaptación: T. Gómez. Mús.: R. De Pedro. Dir.: F. Javier. Int.: A. Bellán, E. Bai, B. Cordovero, T. Mkantassis, E. Shafer, G. Rossi y L.Fernán (Teatro Actor's Studio).
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Los memoriosos recordarán «La vieja dama indigna» como una deliciosa película protagonizada por Sylvie que, basada en un cuento de Bertolt Brecht, cuenta la historia de una anciana que pasó la vida «entre una mesa y un armario» y, a la muerte de su marido, se ve enfrentada a tomar decisiones por cuenta propia por primera vez en su vida. Pero sus hijos, acostumbrados a su sometimiento, intentan arrogarse inmediatamente el derecho de disponer de sus bienes y su existencia. Mientras uno de ellos, so pretexto de la soledad en la que ha quedado, decide trasladarse a vivir con ella junto a su familia, la hija puja por llevársela a su casa.
Pero, al quedarse sola, la anciana dama descubre el valor de la libertad y las posibilidades que brinda la vida. Posibilidades de las que nunca pudo disfrutar estando como estaba, destinada a obedecer la voluntad y las necesidades de los otros. Todo lo que reprimió durante su limitada existencia se presenta de pronto como posible. Se relaciona con una joven camarera que la quiere desinteresadamente y le brinda todo lo que tiene.
La anciana «se libera» y lucha por sus derechos. A los 80 años se anima a tomar unas copitas de alcohol, aprende a andar en bicicleta, realiza un viaje y hasta se atreve a entrar en una lucha para combatir la injusticia. Un tema que conoce, porque ha tomado conciencia de que ella también fue una víctima. Por supuesto, esto escandaliza a los hijos, pero su voluntad no cede, y con firmeza, aunque con mansedumbre, se rebela ante las presiones y decide viver lo que le queda de vida disfrutando de todo lo que le ha sido negado por los prejuicios y las convenciones.
La correcta adaptación de Teresa Gómez incluye una narradora -interpretada por Livia Fernán con solvencia y mesura-, en cuyo relato se insertan las canciones compuestas por Roque de Pedro que se integran naturalmente a la trama. La mesura también es mérito de Alicia Bellán, quien compone a la anciana dama dotándola de una discreta rebeldía.
Francisco Javier ha dirigido al correcto elenco optando por un tono menor al que sólo escapan las ingenuas arengas del zapatero, interpretado por Enzo Bai.
En suma, un espectáculo sin estridencias, que recupera los derechos de la llamada eufemísticamente «tercera edad». Gentilmente contestatario.
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