2 de octubre 2006 - 00:00

Andrés Paredes: forma y contenido en una línea

«Pedazos de selva», del artista misionero Andrés Paredes. En el papel, las luces y sombrasrecuerdan los bordados del Paraguay.
«Pedazos de selva», del artista misionero Andrés Paredes. En el papel, las luces y sombras recuerdan los bordados del Paraguay.
En las obras que el artista misionero Andrés Paredes exhibe en el espacio Azcue de la calle Montevideo, se percibe una línea que fluye con energía desde su adolescencia. No hay quiebres en esa línea, que con elegante precisión entreteje el sentido de la obra.

Los encajes de madera y papel oscilan entre lo bidimensional y tridimensional y en sus troncos brotes y enramadas, los cortes y recortes permiten el paso de la luz. De este modo, las obras proyectan una sombra que configuran su totalidad. En la fragilidad del papel, el enjambre de luces y sombras de apariencia abstracta, trae a la memoria los bordados del Paraguay, aunque los diseños de Paredes están cargados de relatos autobiográficos, de matices y sutilezas. Hay en la obra algo instintivo, una compulsión por la exploración de las formas, y una condición musical que por momentos adquiere la línea en sus ritmos envolventes. Hay una belleza visual donde se adivina el paisaje natal de la selva, y hay una sensibilidad que ofrece resistencia a la tentación intelectual y nos recuerda que las cuestiones del arte no se organizan tan sólo con la razón.

Paredes nació en 1976. Estudiaba diseño en la Universidad de Misiones cuando la vertiente conceptual y el arte político comenzaron a ganar espacio en los circuitos de consagración. Aunque no deja de ser una paradoja, sus trabajos aprecian mejor en Buenos Aires que en su tierra natal, donde el afán por la belleza se percibe como vanidad.

El incesante transitar de esa línea en proceso, parece responder a un plan mayor; puede ser vista como un gesto poético, o como el gesto terco de un artista que en el escenario de la galería reconstruye un paisaje agredido. La interpretación ecologista es otra tentación y, además, está de moda. Pero la obra invita a pensar que el arte nos regala estos árboles huecos que brotan y florecen sin pausa y sin porqué.

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