20 de mayo 2003 - 00:00

"Anthony Quinn me auguró que yo encarnaría a Zorba"

Anthony Quinn me auguró que yo encarnaría a Zorba
"Esto es un premio a todo lo que hice en tantos años de carrera", dice Raúl Lavié, flamante protagonista de «Zorba», la comedia musical que subirá a escena en el Teatro El Nacional (Corrientes 960), y de la que Ambito Financiero ofrecerá una avant-première exclusiva para sus lectores el próximo viernes.

La producción tiene un elenco de 40 artistas encabezado por Julia Zenko, María Rosa Fugazot, Miguel Abud y Sandra Ballesteros. «Zorba» está inspirada en la novela de Nikos Katzanzakis, «Alexis Zorba, el griego», y en la exitosa adaptación cinematográfica que el director Michael Caccoyanis realizó en 1964, protagonizada por Anthony Quinn.

El personaje creado por Katzanzakis es un campesino cre-tense, de espíritu dionisíaco y mente muy abierta, que vive el presente con desbordante vitalidad. Sin proponérselo, termina convertido en maestro espiritual de un escritor inglés, tímido y reprimido, que llega a Creta para reactivar una mina de lignito que heredó de su familia.

La obra llegó a Broadway en 1968, pero la versión que se conocerá en Buenos Aires (con guión de Joseph Stein, el autor de «El violinista en el tejado» y música y canciones de John Kander y Fred Ebb, los creadores de «Cabaret») fue renovada y ampliada en 1981. Dicha versión contó con el protagónico de Anthony Quinn y su deslumbrante actuación fue la que hizo que Raúl Lavié soñara desde entonces con interpretar a Zorba.

Lavié contó alguna vez su cálido encuentro con Quinn y cómo el actor le auguró que algún día el papel de Zorba podría ser suyo. La concreción ahora es obra de Alejandro Romay, quien produce el espectáculo.

Periodista:
El encuentro con Anthony Quinn le dejó una marca muy fuerte.

Raúl Lavié: Sí, su figura apareció en mi vida muchas veces. Hay cosas que yo no cuento por prurito, pero en 1970 vino al Festival de Cine de Buenos Aires Jack Valenti, el presidente de la Motion Pictures, y me pidió que diera un recital en la Embajada de Estados Unidos. Fui y canté y después, mientras comíamos con el embajador, me interrogó largamente sobre mi trayectoria y al final me ofreció ir a trabajar a Hollywood, porque según Valenti ya no tenían actores con caras fuertes. El último que les quedaba era Anthony Quinn, pero él era una estrella, ya no podía ser el sostén de una primera figura. Así fue que decidieron ponerme un profesor de idioma en la embajada misma para que cuando estuviera listo tramitara los papeles de radicación. Yo en ese momento estaba casado con Pinky y uno de mis chicos era recién nacido... así que también me aseguraron casa, auto y colegio para mis hijos. Pero al final no me fui.

P.:
¿Qué sucedió?

R. L.: No logré el acuerdo familiar. Recién habíamos llegado de México donde estuvimos tres años y... bueno, no se dio.


P.:
¿«Zorba» fue la única co-media musical que lo deslumbró?

R.L.: También «El hombre de la Mancha», que tuve la suerte de hacer en México con Nati Mistral. Fue un gran éxito. En Buenos Aires la hizo Ernesto Bianco y muchos años después José Sacristán, pero no lo fui a ver porque no me gusta como canta. Esa obra fue una de las cosas más hermosas que hice y ahora «Zorba» que es un espectáculo extraordinario y vital que me va a permitir mostrar toda mi experiencia.


• Tango

P.: Su fama de tanguero hace que muchos olviden su larga trayectoria en teatro y comedia musical.

R.L.: Es que el tango es mi música, con ella he vivido, he crecido, en mi casa había toda una cultura de tango y pienso seguir cantando hasta el último día de mi vida. En estos momentos acabo de terminar un CD de candombes y tengo previsto armar un espectáculo de tango con Gerardo Gardelín. El tango me dio muchas satisfacciones, como «Gotán», que compartí con Susana Rinaldi, o el espectáculo «Cosas de negros» que hice en 1980 con Rubén Juárez con el que nos divertimos mucho. Fuimos los primeros en desmitificar al tango y sacarle solemnidad.


P.:
¿Qué otros espectáculos teatrales destacaría?

R.L.: Obras como «El sombrero de paja de Italia», «El conventillo de la Paloma», «El casamiento de Laucha» y muchas otras piezas en donde sólo actuaba. Pero recuerdo con mucho cariño a «Hello Dolly», que hice en México con Libertad Lamarque, «Annie» en el Lola Membrives o «Pippin» en El Nacional. Ahí sí había que bailar en serio porque era de Bob Fosse. Ya tengo hechas cuatro grandes comedias de Broadway, no me puedo quejar.


P.:
¿Qué fue lo más difícil durante los ensayos de Zorba?

R.L.: Lo más complicado fue el paso de baile, porque la danza griega no tiene que perder su espontaneidad. Si uno piensa mucho en la coreografía le quita fuerza a la interpretación. Soy muy perfeccionista cantando, actuando o lo que sea, y desde hace dos meses le estoy dando al baile duro y parejo. Es importante que la gente sepa que estamos trabajando para que el espectáculo salga lo mejor posible. A lo mejor yo estoy minimizando mi trabajo, pero es por la obsesión que le pongo a todo lo que hago.

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