Setiembre, un mes pródigo en acontecimientos culturales con la inauguración del MALBA, las muestras de Diego Rivera en la Fundación Proa de La Boca y «El Caso Aizenberg» en el Centro Cultural Recoleta, se extiende en octubre con la inauguración de Daniel Maman Fine Art. Este nuevo espacio de 700 m2 alberga una muestra antológica de Rómulo Macció (1931) que seguirá hasta fines de noviembre.
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Como en el caso de Luis Felipe Noé o De la Vega o Deira que junto con Macció fueron los «enfants terribles» que revolucionaron nuestras artes plásticas en los '60, referirse a su trayectoria tanto en nuestro país como en el extranjero es una ardua tarea que abarcaría todo el espacio de esta columna. La muestra abre con un díptico de 1958, «Ofelia», abstracción matérica de color algo tenebroso en la que se adivinan rostros y «Figuras» (1960), de similares características y audacia. «Chanfles» (1960), «Figura» (1961), son ejemplos de la influencia de De Kooning con su gran gestualidad, espesa materia, intenso color. Macció adhiere así al movimiento que se llamó Nueva Figuración, prolongación de las experiencias iniciadas por Dubuffet, Appel, Fautrier, Asger Jorn, Corneille. En estas figuraciones el objeto evocado quedaba en cierta forma supeditado al empaste grueso y enérgico.
En el libro «Nuevas Tendencias en la Pintura», el crítico argentino Aldo Pellegrini incluye al grupo Macció, Noé, De la Vega, Deira, dentro de una categorización orientadora y no definitiva de la Neofiguración limítrofe con el Pop, junto a Larry Rivers, Kitaj, Munford, entre otros. «El Hombre y su Infierno» (1961), obra en la que Macció vuelca la pintura con pasión, desenfreno, violencia, ostenta la etiqueta de su participación en la Bienal de Venecia de ese año, Segundo Premio del Premio Di Tella 1961 (Clorindo Testa fue el ganador del Primero), otorgado por el jurado que integraron el crítico italiano Giulio Carlo Argan y Jorge Romero Brest.
Este pope de la crítica de arte en la Argentina en su libro «Rescate del Arte de Hoy», compara a dos pintores realistas: Lindner nacido en los EE.UU. en 1901, y Macció de quien eligió «El Discurso». En esta obra de 1975 según Romero Brest, la figura aparece fragmentada en procura de una organización dinámica del cuadro. En ella, portada de un pequeño catálogo de una exposición en Art Gallery International que conservamos, admiramos la síntesis y la inmediatez del trazo con que este artista plasmó a ese ser en su más absoluta orfandad.
Volviendo a 1961, expone por primera vez junto a Deira, De la Vega y Noé en la Galería Peuser y desde ese entonces se convirtieron en figuras míticas del arte argentino. De 1962 se expone «El Hombre Machacado», año en el que ganó el 4° Premio de la Bienal Interamericana de Córdoba, obra en la que los trazos también violentos, terminan en drippings y el rostro central aparece amenazante. «Dolorosa», (1963), un rostro grotesco unido al rojo furioso dominante en gran parte del cuadro aún provoca un fuerte impacto en el contemplador.
Hacia 1965 su obra sufre un cambio. «Ayer tenía mejores costumbres», planos de colores bien definidos, algunas pinceladas a manera de manchas que los interrumpen, una síntesis de la figura. Más adelante ésta aparece recortada, un bosquejo, pero el color domina y da ritmo a las figuras estáticas. «Cara I» y «Cara II» de 1968 anteceden a obras muy esquemáticas realizadas para su segunda muestra en Nueva York, «Fictions» (1969). «Cuando pinto me guía el instinto: ese innegable mecanismo interno y largas horas de pinacotecas y no bibliotecas». Es lo que se experimenta frente a sus obras que nos hace traspasar los límites de la percepción además de revelarnos, en cada cuadro, su libre albedrío.
Este gran artista es capaz de envolver en una niebla poética una vidriera de ropa masculina, tema de un cuadro de 1991, «Costanera» (1993), nos planta en medio del Río de la Plata, una inmensa superficie que, encrespado, es definitivamente un Macció, o «Familia Italiana II», versión 1993 del célebre cuadro que integraba el conjunto merecedor del Premio Palanza (1983) y que la imagen no se convierta en algo ya visto. «Pinturas en el tiempo» incluye 23 obras de gran tamaño en el magnífico espacio de una nueva galería cuyo director intenta concretar proyectos ambiciosos, entre ellos, promover el arte argentino en el exterior, invitar a figuras consagradas así como crear un espacio para la difusión de nuevos talentos. Av. Libertador 2475.
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