28 de mayo 2003 - 00:00

"Aprendí robándole a García Márquez"

Aprendí robándole a García Márquez
A Hernán Rivera Letelier (Talca, 1950) se lo conoce por haber trabajado durante buena parte de su vida en los yacimientos de salitre de Atacama, al norte de Chile. Esto a llevado que se lo declare «el único escritor obrero de la literatura chilena». No ha sido ese rasgo, sino el exotismo de sus tema y el lirismo de su prosa, el que le ha permitido conquistar premios y el interés internacional. En su quinta novela, «Santa María de la flores negras» (Seix Barral), revive una tragedia ocurrida en su país el 21 de diciembre de 1907, utilizando la poesia para escapar a lo panfletario. Dialogamos con él.

Periodista: Para retomar, con sentido literario, los trágicos sucesos ocurridos a principios del siglo pasado en Chile, en Santa María de Iquique, ¿se inspiró en algún texto de Neruda o en una difundida cantata sesentista?

Hernán Rivera Letelier: Neruda no escribió sobre ese hecho, lo mencionó al pasar. Hay un poema anónimo, de 1910, de un bardo salitrero, un texto muy sentido sobre la matanza que estaba fresquita entonces. Volodia Teitelbaum, en su novela «Hijo del salitre» trata en 70 páginas la tragedia de Santa María. A parte de ellos, hubo dos escritores en Chile que quisieron escribir sobre aquel suceso. Baldomero Lillo, entre los años 1910 y 1920, no pudo; llegó al capítulo dos y tuvo que abortar. Por los años '50 otro escritor había querido enfrentar el desafío, llego hasta la mitad y no pudo seguir.


P.:
¿Cómo evitó la visión tendenciosa y caer en el panfleto?

H.R.L.: Fue un problema al sentarme a escribir. En realidad eran varios, pero uno, principal, era precisamente ese. No queria una novela panfletaria aunque eso podía aparecer; ni política, pero lo político iba a aparecer; ni histórica, pero lo histórico tenía que estar. Descubrí que el único modo era con dos voces: tercera del singular cuando enfocaba a los personajes, y primera del plural cuando habla la muchedumbre, que al final se sabe que es la voz de los muertos.


P.:
Revive la función del coro en las tragedias griegas...

H.R.L.: Eso me han dicho los críticos, no me lo propuse...


P.:
¿Por qué, luego de novelas de ficción, pasó a la histórica?

H.R.L.: Mis novelas no son cien por ciento ficción, nacen todas de hechos duramente reales, lo que hago es transfigurarlos, recrearlos. Viví todo lo que conté en «La reina Isabel cantaba rancheras», sólo novelé. «Himno del ángel parado en una pata» es un recuerdo de infancia. «Fatamorgana de amor con banda de música» es la historia de un pueblo que hubo en el desierto, ambientada en 1929; ahí aprendí a investigar a mi modo y que lo mejor era no saber tanto, no querer saberlo todo, que hay que dar espacio a la imaginación, sino se hace una crónica. En «Los trenes se van al purgatorio», el tren existió, lo que hice es echarlo a correr otra vez, como lo hizo durante sesenta años. En «Santa María» tuve que trabajar más lo investigativo para que no se convirtiera en una crónica; uní lo histórico con lo ficcional con personajes que inventé. La vida de ellos es lo ficcional, pero todo lo que les ocurre es histórico.


P.:
¿En otros libros se entregó a más la fantasía, en esta más a investigar?

H.R.L.: La Historia acota la imaginación, no se puede ir más allá. Contando hechos históricos intenté hacer creación sin enmendarle la plana a la Historia. Encontré que en el lenguaje, en el modo de contar, podía haber creación. La poesía descarta lo panfletario. Otro problema, y muy grande, era como contar algo que la mayoría de los lectores, sobre todo los chilenos, saben el final, como hacer que no se saltaran páginas.


• Sensibilizar

P.: Enfrentó el problema que tienen que resolver los guionista cuando deben contar, por ejemplo, el asesinato de Kennedy...

H.R.L.: Hay que hacer sentir al lector que es importantísimo el por qué y el cómo del hecho que el sabe que acaeció. Elegí inventar personajes que el lector empezara a querer desde la primera página y que, cuando se le hicieran entrañables, llegara la matanza. Si a uno le cuentan que murieron tres mil hombres, mujeres y niños, lo siente; pero si murieron amigos de uno lo siente el doble.


P.:
¿Por eso eligió personajes especiales, como un borrachín?

H.R.L.: Se, por experiencia personal, que en hechos así nace el amor y hay momentos de humor; se la está pasando como las berenjenas pero uno se las arregla para reírse. Me critican en Chile que haya dado importancia a una historia de amor entre dos niños.


P.:
¿Sus críticos necesitaban que pusiera pancartas?

H.R.L.: (Ríe) Exacto. En mis novelas nunca quise decir, quise mostrar. En esta no quise ni decir ni mostrar, sino hacer participar de la vida de los personajes. Cuando investigaba hacia como regresiones imaginarias a aquella época, a aquella gente, y llegué a vivir momentos de sentimientos muy dolorosos.


P.:
¿Cómo es su método de escritura?

H.R.L.: Mentalizo las imágenes antes de escribirlas. Me tiro a un sofá en el cuarto donde escribo y las mentalizo. Trato de ver la escena, los personajes, los colores, el ámbito y oír los sonidos que la envuelven. Lo hago a diario. Por momentos al escribir lloraba como un chico. No todo es sufrimiento, a veces me divierto. Mi mentalización no es una regresión esotérica a vidas pasadas, es mera imaginación, es como ver una película que estoy haciendo, y de la cual soy productor, director, a veces actor y siempre público en una función privada.


P.:
Más allá del cine, sus libros parecen tener siempre la influencia de la poesía y de Gabriel García Márquez...

H.R.L.: No lo negaré jamás. Lo considero un maestro al que, leyendo sus libros 500 veces, le robe esa manera de contar que hace que uno tome sus obras y no pueda soltarlas.


P.:
Sus novelas «La reina Isabel» y «Fatamorgana» fueron llevadas al teatro, ¿ésta también?

H.R.L.: Gustavo Mesa, que hizo en Santiago «La reina» y «Fatamorgana», quiere convertirla en obra teatral, de ese modo estaría haciendo la trilogía. En Francia hay un proyecto para llevar «Fatamorgana» al cine. Estuve en París hace un mes con el director Bernard Geraudeau, que tiene los derechos, y se da plazo hasta fin de año para filmarla.


P.:
Después de esta novela histórica, ¿qué escribirá?

H.R.L.: Con esta estoy cerrando el ciclo de «novelas sobre el salitre», ahora estoy con una novela sobre el desierto que me está saliendo muy difícil. Trata de los años '60, de los hippies chilenos. Experimentó problemas nuevos y es complicada. Por ser tan complicada estoy contento con lo que está saliendo. Además de cambiar de paisaje estoy cambiando de personajes, de historias, de estructuras, de lenguaje; es todo un reto.

Dejá tu comentario

Te puede interesar