Atentado a la AMIA tendrá su película

Espectáculos

En dos semanas comenzará el rodaje de «18-J», película integrada por diez cortometrajes a cargo de diez directores argentinos en homenaje a las víctimas del atentado a la AMIA, perpetrado hace diez años. El film, así llamado por el ataque del 18 de julio de 1994 donde murieron 85 personas, se estrenará comercialmente en agosto y se realiza en coproducción con diez productoras de cine, a beneficio de diez entidades de bien público. Las productoras aportan 500 mil pesos cada una y el Instituto de Cine 1 millón 200 mil pesos.

Como en Estados Unidos, donde se realizó el año pasado el film «9/11» en homenaje a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre, «18-J» exhibirá diferentes historias concebidas por los realizadores, con el fin de solidarizarse con los familiares de las víctimas en su persistente búsqueda de los responsablesde la masacre. El proyecto norteamericano había reunido a 11 directores de diferentes nacionalidades, entre los que se contaban el norteamericano Sean Penn, el inglés Ken Loach, el francés Claude Lelouch, el mexicano Alejandro González Iñárritu, entre otros, y demás referentes del cine egipcio, israelí, indio, iraní, etc. Los cortos duraban 11 minutos y 9 segundos.

«18-J»
contará con películas de diez minutos exactos de duración, a cargo de Alejandro Doria, Juan Bautista Stagnaro, Alberto Lecchi, Carlos Sorín, Adrián Caetano, Daniel Burman, Lucía Cedrón, Marcelo Schapces, Mauricio Wainrot y Adrián Suar.

Anteayer se presentó el proyecto en el Paseo La Plaza, con la presencia de los directores (sólo faltaron Sorín y Caetano), el vicepresidente de la AMIA, Benjamín Katzaf, algunos actores como Adriana Aizemberg, Max Berliner y el director del INCAA, Jorge Coscia.

Coscia
explicó que la recaudación se destinará « prioritariamente a recuperar los dineros públicos y el resto a las entidades benéficas» entre las que se cuentan, además de AMIA, Caritas, Fundación Casa Garraham, Memoria Activa, Red Solidaria y el Centro Simon Wiesenthal, entre otras. También destacó la labor del coordinador del proyecto, Claudio Rovito. Entre los trabajos que parecen más interesantes a partir de los comentarios de sus directores, se destacan: el de Daniel Burman («Todas las azafatas van al cielo» y coproductor de « Diarios de motocicleta», de Walter Salles), que filmará un corto claramente autorreferencial, sobre las anécdotas de vecinos y comerciantes del barrio del Once. Se centrará, al principio y en el desenlace, en un niño nacido en el Hospital de Clínicas durante el día del atentado. Burman vivía a 200 metros de la AMIA y se crió en el Once.

Lucía Cedrón
incluirá también parte de su experiencia de vida en el exterior, pues se referirá a un matrimonio inmigrante cuya hija decide emigrar a Israel a los 18 años. Cedrón emigró del país junto a su familia y se formó en la Universidad de La Sorbona de París. Volvió a la Argentina en 2002.

Adrián Caetano («Pizza, birra, faso»; «Bolivia»; «Un oso rojo»)
eligió mostrar pequeños objetos a través de los que se construirán las historias de las víctimas, mediante diez postales. Alejandro Doria («Esperando la carroza»; «Cien veces no debo») dirigirá a Inés Estevez como única protagonista de su guión, escrito en conjunto con Aída Bortnik, sobre una mujer que ensaya el testimonio que dará ante un Juez en la causa AMIA.

Alberto Lecchi («Perdido por perdido», «El juego de Arcibel»)
se trasladará un pueblo perdido en la Quebrada de Humahuaca, a 1300 kilómetros de Buenos Aires y mostrará el sufrimiento de una familia agobiada por la incertidumbre de lo ocurrido con su hijo (que vive en Buenos Aires) durante el día del atentado. Sólo pueden seguir la tragedia de la AMIA a través de los precarios medios de comunicación de la zona.

Finalmente, el Director del Ballet Contemporáneo del San Martín,
Mauricio Wainrot, ha filmado una coreografía concebida especialmente para expresar el desgarramiento por el dolor de las pérdidas. Wainrot contó que las dos bailarinas estaban embarazadas durante la filmación, lo que el director aprovechó para asociar con la necesaria esperanza que debe sobrevenir tras la masacre y el horror.

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