(25/09/2001) A excepción del magnífico espectáculo de danza teatro «Iets op Bach» del belga Alain Platel y de la celebrada actuación de Philip Glass en el Teatro Colón (aunque los aplausos se los llevaron más los colmillos de Lugosi que los teclados del músico), la programación que ofreció el Festival Internacional de Buenos Aires la semana pasada opacó el auspicioso arranque de las primeras jornadas.
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Pese a la resistencia de la crítica de danza más tradicional, la compañía de Platel recibió una merecida ovación que hizo que el público se pusiera de pie y lanzara un «¡bravo!» a todo pulmón (el del actor Alberto Segado se impuso sobre el resto) pero los demás espectáculos internacionales no estuvieron a la altura de las expectativas generadas. Algo que quedó todavía más en evidencia al recorrer la valiosa programación local generosa en títulos de excelente factura y nivel artístico.
Desilusionó Ilotopie con su pobre y deslucido «Tentations d'atypismes-Les menus plaisirs», un espectáculo ambulatorio (integrado por actores, músicos y performers) que pretendía «redescubrir algunos clichés de la cultura francesa» transformando al Centro Cultural Recoleta en un espacio lúdico y festivo. Pero las acciones e imágenes desplegadas por estos artistas no lograron interesar ni al espectador más voluntarioso. El público (200 personas por función) deambulaba aburrido y desorientado por un circuito que no ofrecía puntos de gran interés. Salvo alguna que otra instalación que lograba detener al caminante, el resto de las performances dio cuenta de una paupérrima metodología de trabajo. Sin mucho para hacer (pelar una cebolla era una de las propuestas «interactivas»), los espectadores de la función del viernes pasado optaron por abandonar el lugar antes de las dos horas previstas.
Tampoco levantaron la puntería «El cerdo» (Uruguay) y «La historia de la oca» (Canadá). A pesar de que esta última tocó un tema tan perturbador como el abuso infantil, la propuesta denotó una inesperada liviandad, quizá por tratarse de un trabajo destinado a niños y adolescentes. Pero nada se compara a la ola de indignación que desató entre críticos, teatristas y espectadores el espectáculo de Rodrigo García («Conocer gente, comer mierda»).
Este argentino consagrado en España y dueño de una creciente repercusión en París, mostró un trabajo de pretensiones iconoclastas, pero cuyo principal objetivo pareció ser el de «épater les bourgeois». Es cierto que algunas señoras mayores «se espantaron» (mucho tuvo que ver en eso la proyección de un video porno), pero para el resto del público, más habituado tal vez a lidiar con cuestiones escatológicas, la pieza de García fue recibida con frialdad y hasta con fastidio. Sus ataques a la sociedad de consumo fueron interpretados como una mezcla de travesura infantil y de trasnochada experiencia pop art, coloreada, eso sí, con ketchup y sandías destrozadas.
Muy buena repercusión logró, en cambio, la master class que ofreció Frank Castorf sobre «El trabajo del director con el texto». El prestigioso director alemán logró convocar a un amplio abanico de teatristas argentinos (desde Vivi Tellas a Hugo Urquijo, pasando por Eva Halac y Alejandro Tantanián), interesados en escuchar su charla.
Para hoy a las 15 está anunciada la clase magistral del actor Sotigui Kouyaté, quien a pesar de haberse quebrado una pierna en un accidente automovilístico la semana pasada, ya confirmó su llegada a Buenos Aires. Por su parte, el actor alemán Martin Wuttke brindará una video-conferencia mañana a las 12.
Entre las novedades más interesantes que ofrece esta última semana de festival figuran la llegada al país del gran maestro del teatro contemporáneo Robert Wilson, quien dictará (el sábado 29, de 15 a 18 y sin intervalo) una clase magistral sobre su labor en el teatro y las artes visuales.
Otra de las figuras clave de este festival es la talentosa coreógrafa alemana Sacha Waltz, quien además de ofrecer una charla abierta al público el viernes 28 a las 11 en el 9º piso del Teatro San Martín traerá dos espectáculos de peso: «Körper» (26 y 27/9) y «Zweiland» (29 y 30/9).
Por último, también se aguarda con sumo interés la llegada del director norteamericano Richard Maxwell. Su espectáculo «House» -que será ofrecido durante las tres últimas noches del festivales uno de los más recomendados. Y lo mismo ocurre con la obra «Ugnies veidas» del lituano Oskaras Korsunovas que se exhibirá en el Teatro de la Ribera del 27 al 29/9.
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