14 de octubre 2003 - 00:00

Barboza: el chamamé bien temperado

Presentación de «Cherógape». Actuación de Raúl Barboza ( acordeones). Con Amadeo Monges (arpa), Alfredo Remus (contrabajo), Horacio Castillo (guitarra) y Cacho Bernal ( percusión). (Teatro ND/ Ateneo; 11 de octubre).


El desarrollo que ha planteado Raúl Barboza a partir de la música del litoral argentino no es producto de la especulación intelectual. Este porteño de familia guaraní que ha armado la última parte de su vida en París aprendió sólo muy tarde, ya superados los 50 años, algunos de los secretos de la lectoescritura musical.

Entonces, en todo caso sucedió al revés. Barboza necesitaba decir cosas, y también organizarlas en un papel escrito, que su formación empírica no terminaba de permitirle, y decidió estudiar para eso. Quizá por esta razón, todos los juegos armónicos -que pueden llegar hasta la utilización de «clusters-» o racimos de notas-, improvisatorios y formales se presentan en su música con tal naturalidad.

Con ella explica al público la génesis de cada uno de sus temas, esos que integran su más reciente álbum -«Cherógape» (en mi país) grabado en vivo hace un año y medio en La Trastienda de Buenos Aires-y que constituyen la parte principal de este recital con que volvió a actuar frente al público de su país.

Barboza
toca fundamentalmente chamamés y, en la mayoría de los casos, y si quitamos las introducciones, donde se permite un trabajo más atrevido, podrían ser perfectamente aptos para el baile. Elige acompañarse por una banda de sonidos tradicionales -el arpa, la guitarra, el contrabajo-a la que suma elementos de percusión.

• Clásico y moderno

Pasa del acordeón grande de botones a la pequeña « verdulera» -o acordeón diatónico-al que le ha hecho algunas modificaciones organológicas para ampliar sus posibilidades contrapuntísticas. Mezcla sus temas, sobre todo los del disco, con clásicos como «
Merceditas», «El toro» o «Kilómetro 11» «A pedido del público». Comparte un momento con otro talentoso colega que, como él, fusiona perfectamente lo tradicional con lo moderno, el misionero Chango Spasiuk. Y demuestra una alegría al hacer esta música que se transmite a la platea.

Lo de Barboza es, indudablemente, música de concierto, porque es en la audición concentrada donde se descubren las muchas sutilezas que presenta. Pero tiene la rara habilidad de no quedar jamás alejado de lo sencillo. Sus melodías y su manera de tocarlas siempre levantan vuelo, pero no quitan jamás los pies de la tierra.

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