19 de febrero 2007 - 00:00

Berlinale pro cine arte y vs. Estados Unidos

Berlín - El maratón de diez días de cine, que terminó anteanoche, dejó exhaustos a público, periodistas acreditados y diversos participantes, y encantados a los ganadores, entre los cuales se contó de manera importante el argentino Ariel Rotter, director del drama introspectivo minimalista «El otro». El film se llevó dos osos de plata del Festival de Berlín, uno al mejor actor, Julio Chávez, un premio que podía imaginarse factible, y el otro, el grand prix del jurado, que sorprendió a todos, quizás más que a nadie a su joven director.

«El otro» -que suscitó críticas encontradas, incluida la negativa publicada por este diario- terminó siendo un film sintomático de esta edición del certamen. Por un lado ilustra no sólo la visión de la Berlinale frente al cine del nuevo milenio sino también cómo se plantea hoy el clásico debate entre cine comercial y de autor. Este año se notó claramente que Berlín promueve y financia este último tipo de cine, y también una política anti-Bush, que terminó desdeñando todo lo que venía de Estados Unidos (salvo el Oso de Plata en conjunto a los actores de «El buen pastor», el thriller de espionaje dirigido por Robert De Niro sobre los orígenes de la CIA).

La película de Rotter -sostenida por las declaraciones de éste en la breve rueda de prensa con la crítica luego del premio- se coloca con tranquilo desafío en las antípodas del cine que corteja a su público. El premio -señaló Rotter- muestra la fe del jurado «en un cine personal». Implica también, añadió, «el premio a una generación de cine argentino, que ha apostado por la honestidad de contar lo que pasa, no lo que pasa con la recepción de la película». Un tiro por elevación contra quienes preguntan -no sin razón-quién debe costear estoslargometrajes hechos, palabras textuales del director: para su madre y su mujer, para explicarse cosas que nos ocurren ... Este debate - donde se mezcla lo artístico con lo económico --ilustra la observación de Malraux sobre la peculiar naturaleza del cine, una industria que a veces se disfraza de arte. Este dilema estuvo presenteen las conversaciones y paneles del festival vinculados al tema de cómo y qué cine financiar, y lo recogieron con brío las publicaciones diarias de la Berlinale, orientadas a informar a distribuidores y exhibidores.

Es más, desde hace unos pocos años el festival elige proyectos en esbozo para su World Film Fund y les proporciona los medios de concluirlos. «El otro» es uno de esos resultados. Le toca ahora al público argentino ver cómo conversa con la película de Rotter.

El oso de oro, premio principal del certamen, recayó en «El casamiento de Tuya», de Wang quan'an, un drama costumbrista chino ambientado en Mongolia sobre el dilema de una madre joven cuyo marido ya no puede trabajar y acepta ofertas para un nuevo cónyuge, para poder sobrevivir pastoreando ovejas. El film maneja con inteligencia una propuesta neorrealista y a través de un largo flashback cuenta una historia que va más allá de la estepa.

Los directores ya consagrados que participaron en esta 57a. edición del certamen, Jacques Rivette, Jiri Menzel, Bille August, André Téchiné y Steven Soderbergh se volvieron con las manos vacías. El único reconocimiento a los participantes veteranos y al cine generado por Hollywood fue el que se llevó el elenco del film de De Niro,

Sobre gustos no hay nada escrito, observa el refrán. Pero sí hubo consenso entre los periodistas acreditados que esta Berlinale ofreció en la selección oficial películas con notables niveles de interpretación. Una lástima que los compromisos teatrales de Julio Chávez lo retuvieron en Buenos Aires. Rotter recordó que Chávez es en realidad su nombre artístico: se llama Hirsch, y su padre era de Berlín.

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