15 de marzo 2007 - 00:00

Besson: "Sólo me atrae el cine que me deja escapar"

Luc Besson: «Lo de las generaciones es una fantasía de laprensa. ¿O alguien cree que existió de verdad la nouvellevague?Luc Besson: «Lo de las generaciones es una fantasía de laprensa. ¿O alguien cree que existió de verdad la nouvellevague?
Luc Besson: «Lo de las generaciones es una fantasía de la prensa. ¿O alguien cree que existió de verdad la nouvelle vague? Luc Besson: «Lo de las generaciones es una fantasía de la prensa. ¿O alguien cree que existió de verdad la nouvelle vague?
Viste ropa deportiva amplia y negra; cuando habla mira fijo a los ojos, serio y grave, aunque durante el diálogo se distiende y hasta ríe en algunas oportunidades. Bebe café negro, seguramente frío ya, y tiene al lado unas pocas galletitas de agua que no ha tocado. El sobrepeso, con seguridad, lo tiene a maltraer. Es Luc Besson, 48 años, el director de cine francés de mayor llegada al mundo en los últimos años («Nikita», «Azul profundo», «El perfecto asesino», «Juana de Arco», «El quinto elemento»), que está pasando unas horas en Buenos Aires para presentar su nueva criatura, «Arthur y los Minimoys», primera película francesa de animación y actores en vivo a escala norteamericana en cuento a la producción (y lujos como Madonna y David Bowie entre quienes doblan las voces).

El símil con Hollywood no le es muy grato, sin embargo. «Recibo frecuentemente propuestas norteamericanas, casi semanales, pero nunca me iría de Francia. Sería desnaturalizarme», asegura a este diario. «Y no sólo por la manera de trabajar, tan distinta entre Francia y los Estados Unidos. Una película es una marca de las raíces de quien la crea. Expresa al artista y al país donde se formó».

Contradictorio como todo creador, Besson dirá no mucho después, en el diálogo, que «el arte no tiene pasaporte. Cuando uno ve las cerezas de Van Gogh no piensa si son francesas u holandesas. Yo soy francés, europeo de alma, mundial en mi cultura. Pero me tiene sin cuidado la bandera de una obra. Mañana podría filmar en Corea, o en Sudamérica. El personaje y la historia es lo que me enamora.»

La historia de la que se enamoró ahora es la de Arthur, un niño de diez años que vive solo con su abuela (Mia Farrow) en una granja... norteamericana (los padres están ausentes, sólo se comunican por teléfono). Arthur descubre un día, hurgando en los libros de su abuelo explorador, que puede haber otro mundo debajo del jardín, el de los minimoys, pequeñas criaturas fantásticas que lo ayudarán en varias misiones.

«La creadora es Patrice Garcia, una gran dibujante que trabajó conmigo en 'El quinto elemento'. Un día me vino a ver con un dibujo que acababa de diseñar, era Arthur. Fue amor a primera vista, algo raro. Sentí que ese personaje me permitiría expresar algo que no logré en ninguna de mis películas precedentes. Fue como si se me abrieran de golpe muchas puertas que tenía cerradas. Quería ponerme a trabajar en ese mismo instante, y no en una serie de TV, como pensaba ella, sino en un largometraje».

Periodista: ¿Cuánto hace de eso?

Luc Besson: Siete años. Fue cuando trabajábamos juntos en el montaje de «Juana de Arco». Y el tiempo de realización de «Arthur» fue de cinco años. No teníamos ninguna experiencia. Eramos un equipo muy grande ante algo nuevo, y además no quise tener en cuenta ningún modelo, ni Disney, ni Pixar, ni Dreamworks ni nada. Me propuse encararlo como una pelicula normal, pero claro, no lo era.

P.: ¿Le fue la más dificultosade toda su obra?

L.B.: En realidad, no. La película más difícil es siempre la primera; en mi caso, «El último combate», una fantasía post-apocalíptica. Yo estaba lleno de dudas, de inseguridades. Moralmente, fue muchísimo más fatigosa que manejar los cientos y cientos de extras de «Juana de Arco», por ejemplo. Ahora bien, si hay algo muy arduo en un film como «Arthur» es mantener el perfil de un personaje de manera coherente a lo largo de cinco años de trabajo en las computadoras. El «código de barras emocional» que debe llevar un personaje debe ser siempre el mismo. ¿Y cómo se logra eso a lo largo de cinco años de trabajo? No fue nada fácil.

P.:
En «Arthur» vuelve a estar, como en «El perfecto asesino», el tema del niño solitario ante una realidad hostil. ¿Es el tema que más lo obsesiona?

L.B.: Lo que me interesa de un film no es que haya un niño o un adulto, sino un personaje ordinario que atraviesa una situacion extraordinaria. Y es por esa razón que me interesa el cine. Si yo me encuentro con un personaje ordinario en una situación ordinaria me aburro. Me voy al bar de al lado a tomar una copa. Y cuando voy al cine pido lo mismo: escaparme dos horas del mundo real.

P.:
Hay mensaje ecológico en «Arthur». ¿Le interesaba llegar a los chicos con ese tema?

L.B.: Es primordial. Hay que apuntar a los chicos, porque para los adultos ya es tarde. El mayor contaminador del mundo, los Estados Unidos, continúa negándose a firmarel protocolo de Kyoto. Es muy paradójico en un país que se llena la boca hablando de democracia. Mire, la imagen tradicional que se suele tener del artista es la del fanfarrón, el bebedor, el fumador. No suele asociárselo a una persona preocupada por temas como la ecología, por ejemplo. Y para mí hoy eso es básico. A traves de la fantasia de Arthur los chicos llegan a la idea de la causa y el efecto, es decir, al concepto de responsabilidad. Si yo hago tal cosa, pasará tal otra. Además, hay que intensificar la relacion del chico con la naturaleza. Hace unos años, en una escuela primaria de Paris, se les pidió a los chicos de primer grado que dibujaran un pez en un papel. Pues bien, 60% de ellos, más de la mitad, dibujó un rectángulo: lo que se vino a descubrir era que estaban dibujando la lata de conservas. Para ellos, la forma del pez era la de lata, y no establecían ninguna relación con el pez real sino con el atún y las sardinas del supermercado.

P.: Usted hizo otra película mientras preparaba «Arthur».

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