Resurge Bob Dylan con un gran álbum

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El disco contiene una canción de 17 minutos, "El asesinato más cruel", sobre el crimen de John Fitzgerald Kennedy.

Bad Times / Good Dylan! Después de casi una década de no componer ninguna canción nueva, el confinamiento por la pandemia del coronavirus provocó que Bob Dylan resurgiera de su cripta creativa con un gran álbum que muestra al artista que convirtió el folk en rock and roll en su mejor forma.

Es que desde los años 80, y su etapa evangélica de discos como “Slow Train Coming” y “Saved”, Robert Allen Zimmerman, verdadero nombre de Bob Dylan, no tenía demasiado nuevo para decir, y tampoco se esforzaba demasiado por sorprender en lo musical. Con todo, nadie se habría atrevido a afirmar que sus últimos álbumes fueran malos ni mucho menos, pero lo cierto es que poco después de que Dylan protagonizara un hecho histórico para un compositor de canciones de rock, como ganar el Premio Nobel de Literatura, el hombre que introdujo a los Beatles en las drogas ilegales sólo tenía ganas de grabar discos de viejos standards de la época de sus abuelos, como la canción del film “Casablanca”, al punto que sus últimos tres discos son exclusivamente de covers.

Por eso cuando hace unas semanas empezaron a filtrarse en la web los nuevos temas de “Rough and Rowdy Ways”, el efecto fue enorme. El nuevo disco, el primero en ocho años que incluye canciones originales, será lanzado oficialmente este viernes, y aunque a manera de campaña promocional Dylan y Columbia Records fueron adelantando algunas canciones en forma gratuita, en varios puntos del planeta los fans de Dylan se las arreglaron para ir conociendo los 10 tracks del álbum.

Este comienza despacio, con “I Contain Multitudes”, una suave balada de la clase que Dylan solía ubicar a modo de epílogo de sus discos más clásicos. La canción presenta sutiles arreglos de pedal steel y Dylan brinda por sus ídolos, reales o ficticios, Y asegura ser “como Anna Frank y como Indiana Jones: soy como esos chicos malos, ingleses, los Rolling Stones”. La canción habla de las heterogéneas influencias que tuvo en su vida, “canto canciones de experiencia, como William Blake” y de cómo “pienso dejar abierto mi camino, hasta llegar a tocar sonatas de Beethoven y preludios de Chopin”.

El álbum explota musicalmente en el segundo track, “False Prophet”, un groove entre blusero, rockero y pop, al mejor estilo del Dylan que rockeaba con George Harrison, Jeff Lyne, Roy Orbison y Tom Petty en la época de la banda apócrifa, “The Travelling Wilburys”. Aunque en “Rough and Rowdy Ways” tocan los sólidos músicos que acompañan a Dylan en la última década, por ejemplo el guitarrista Bob Bert, todo fan del autor de clásicos como “Like a Rolling Stone”, “Slow Taing Coming” o “Highway 61 Revisited” serán feliz al reconocer inmediatamente la guitarra eléctrica del este viejo lobo del rock and roll.

Cada uno de los diez temas de “Rough and Rowdy Ways” tiene algo “crudo y ruidoso”, tal como dice el título de este gran disco que, probablemente, ya nadie esperaba. Pero Dylan deja lo mejor y más oscuro para el final. O mejor dicho la larga, intensamente dramática y fúnebre oda al asesinato de John Fitzgerald Kennedy. Con casi 17 minutos de duración, “Murder Most Foul” es la composición más extensa que haya grabado Bob Dylan a lo largo de toda su carrera. Su voz, grave y seria como nunca, narra el camino a la muerte de JFK en su descapotable. “Lo mataron como un perro a plena luz del día”, canta, o casi recita, el Dylan más histriónico, aquel que tuvo un papel coprotagónico con Kris Kristoferson y James Coburn en el violento western de Sam Peckinpah “Pat Garret y Billy the Kid (film para el que compuso uno de sus mayores hits, “Knocking On Heaven’s Door”). Más que un gran y largo final para un gran disco, este hito en la discografía de Dylan funciona como algo diferente, y en los créditos de las disquerías online está acreditado como único track del “disco 2”. En efecto, en los tiempos de los grandiosos discos dobles del mejor Dylan, como “Blonde on Blonde”, esta canción habría ocupado un lado entero de aquellos vinilos. Con sutiles arreglos de percusión, guitarras, piano y los violines característicos del Dylan que aún no se había convertido al cristianismo (es decir, el de “Desire”, por ejemplo) está claro que “Murder Most Foul” está a la altura de los temas más irónicamente oscuros del Dylan clásico de los 60, el de “Desolation Row” o “Gates of Eden”.

Hace mucho que el artista venía elaborando sus reflexiones personales sobre el asesinato de Kennedy, del que ya hay referencias veladas en obras maestras como “Highway 61 Revisited” cuya primera estrofa dice: “Dios le dijo a Abraham, mátame a tu hijo”. Dylan había escrito poemas poco conocidos sobre el magnicidio, pero nunca una canción directa, y nunca tuvo demasiadas ganas de hablar del tema en entrevistas. Ahora, justo antes de que salga este formidable ““Rough and Rowdy Ways”, simplemente confesó que esta canción es en la que venía trabajando “desde algún tiempo atrás”.

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