«Las yemas dobles», de L. Cano.Dir.: J. Echaniz. Int.: S. Falcone, I. Pedrazzoli. Mús. orig.: T. Brass. Ilum.:L. Rodríguez. (La Carbonera.)
(9-11-00) Estanueva pieza de Luis Cano -autor de «Dis pater», «Socavón» y«Clac», entre otros tantos títulos-pone en evidencia, una vez más, laafición del autor por las historias desdibujadas y por personajes que,desprovistos de toda certeza, se mueven en ambientes casi abstractos. Elcontexto en el que éstos se insertan nunca está definido del todo, ya queencuentra sus límites en la precariedad del lenguaje o en el confuso estadomental que generalmente los aqueja.
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Cano
Tal fue la génesisde esta obra a la que el autor no considera un texto terminado, sino más bienen estado de «borrador». Sin embargo, el director Javier Echaniz descubriólas posibilidades metafóricas de este material que tiene por protagonistas ados mujeres que «buscan ser una sola para eliminar todos los peligros de lavida y el mundo». La conclusión del director suena acertada y se hacevisible en la escena. Cuando estas dos hermanas, ya mayores, inventan juegos ose disputan algunos de los objetos que pertenecían a su madre, intentanmantener un estado de calma y seguridad que en realidad las asfixia. Suaislamiento pretende detener el tiempo y sobre todo neutralizar la angustia queprovoca el afuera. Sin embargo, esta alianza simbiótica, instalada paraconjurar cualquier posibilidad de cambio dentro de ese orden precario, sólosirve para anular voluntades y desdibujar la propia identidad. Encerradas en supropia trampa, las hermanas van transformando los juegos compartidos en unduelo a muerte.
La puesta de Echanizes de un gran despojamiento y pone el acento en el juego actoral. SusanaFalcone e Iris Pedrazzoli defienden sus roles con indudable entregay llevan adelante una obra que, sin contar con un texto particularmentenotable, logra estimular la imaginación del espectador.




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