8 de diciembre 2003 - 00:00

Buenos Aires: estampas de una ciudad en fuga

Durante estos últimos tres años, Facundo de Zuviría fotografió la fachada de los negocios de varios barrios de Buenos Aires, todos con idéntico encuadre frontal y la misma reiterada simetría, todos con la misma estructura constructivista: una puerta en el centro y a ambos lados los cuadriláteros que conforman las ventanas y los muros.

La semana pasada, De Zuviría presentó una selección de estas imágenes en la galería Dabbah Torrejón junto al libro «Siesta Argentina» editado por Larivière. Se trata de un libro que al tener sus páginas plegadas, al estilo de los biombos chinos, ofrece en cada uno de sus lados dos comienzos y dos finales diferentes. De este modo, el libro se asemeja a un objeto, y las 46 fotografías en blanco y negro aparecen -según sea el lado que se elija para mirarlasdivididas en dos series: una dedicada a las imágenes de los negocios vacíos, la otra, a los locales con las persianas absolutamente cerradas, como testimonios de un mundo clausurado y opresivo al que ni siquiera los graffitis logran infundir vida.

La referencia a la situación sociopolítica del país, expresada en ese universo que permanece inmóvil, es ineludible. Sin embargo, De Zuviría escapa a la obviedad de las numerosas muestras que inspiradas en la crisis no hacen más que reiterar lo que ya se sabe. Para comenzar, tanto en la exposición como en el libro se exhiben dos realidades diferentes: a la quietud metafísica de los negocios vacíos, cuyo clima podría ser el de ese ensueño diurno de la siesta, se contrapone el hermetismo y la oscuridad de una «noche» ficticia, creada al intensificar las sombras en medio de la claridad del día.

Luego, la sistemática reiteración de esos escenarios casi idénticos en apariencia, así como la constante repetición de la ordenada geometría de los frentes, le imprime al conjunto de la obra un carácter abstracto y enigmático: el sueño en medio de la vigilia se convierte en alucinación. En el prólogo, Lucas Fragasso observa con sutileza que ninguno de los locales cerrados en pleno día «invoca la luz del domingo». Es decir, no se trata de Buenos Aires cuando descansa, cuando detiene su ritmo, sino por el contrario, las imágenes muestran una ciudad abandonada de la que se ha fugado la vida.

En «Estampas Porteñas» (1996), De Zuviría exhibía el espíritu de la época: los brillos y reflejos, el culto por la belleza y la forma estetizada. En su última muestra en la galería Sara García Uriburu, sus tomas en secuencia rápida de cruces peatonales y semáforos sonaban como un llamado de alerta. Ahora, teniendo en cuenta el tono atemporal de su obra, los carteles y graffitis bien podrían vislumbrarse como los rastros de una civilización perdida, o como diría Malraux, como las huellas de «la capital de un imperio que nunca existió». Pese a todo, la serie de los negocios vacíos termina con un toque de nostálgico humor, una foto llamada «Para ti», el nombre que exhibe un negocio en sus ventanas.

El libro desplegable de De Zuviría tiene como antecedente el catálogo con forma de acordeón que Richard Avedon presentó en la última exposición de retratos del Metropolitan de Nueva York. Pero en este caso, dedicado a Buenos Aires, el libro que vuelve a comenzar cuando se termina, sirve para potencia una obra a todas luces conceptual, para acrecentar la marea de dudas que dejan flotando las imágenes. Antes que nada, si lo que se exhibe es el fin o el principio de la «siesta argentina».

En suma, al impecable oficio y la excelencia de su trabajo, el artista añade en esta ocasión un trabajo austero y riguroso que provoca reflexiones de índole filosófica.

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