13 de junio 2006 - 00:00
Buenos Aires no es ya la ciudad amada por Borges
-
Robert Pattinson dio nuevos detalles de la secuela de "The Batman" y confirmó que ya está trabajando en la película
-
Una esperada película argentina llegó finalmente a HBO Max y está generando un gran debate entre los espectadores
Mañana se cumplen 20 años de la muerte de Jorge Luis
Borges y entre los actos en Buenos Aires y otras ciudades
del mundo, el Circulo de Bellas Artes de Madrid realizará el
Congreso Borges.
Si Borges, a su retorno de Europa, buscó sumir en sí la ciudad, fue la ciudad la que terminó por sumir en sí a Borges: es esta la distancia -temporal y cultural- que media entre el joven poeta deslumbrado por el barrio de Palermo, y el anciano escritor guarecido en su minúscula habitación del centro de Retiro. Vivió en un limitado fragmento de Buenos Aires. Pero debemos agregar que vivió también a la ciudad eterna, ya por sus caminatas o por sus recuerdos.
Esta capital fue, hasta no hace mucho, una ciudad de Barrios autónomos, no desde el punto de vista administrativo y político sino desde lo social y cultural. La ciudad, que entre fines del siglo XIX y comienzos del XX se expandió hacia el Oeste, fue una acumulación de distritos, cada uno con su historia, sus tradiciones, sus usos y costumbres. Así era la ciudad del Borges niño y adolescente, y también así fue la del Borges joven, adulto y de principios de la vejez.
Pero hacia la década del '70, Buenos Aires inició una de sus transformaciones cíclicas, que consistió, entre otras situaciones, en la pérdida de la individualidad característica de sus barrios, que pasan a ser reliquias de un tiempo ido, estímulos de la nostalgia. Acaso el gran poeta porteño haya sido, en definitiva, el hombre que acompaño más hondamente esta desarticulación de identidadesy de pertenencias. Por eso sostuvo alguna vez: «En los sueños, no salgo nunca de Buenos Aires».
A la vuelta de Europa, quizá por contraste con las ciudades que allí había visto y en las cuales había vivido, Borges eligió el Buenos Aires de los suburbios -empezando por el de Palermo-, a los que veía como intermediarios entre el campo -la llanura, la pampa-, y la ciudad moderna y complicada, de la zona céntrica, la de su nacimiento. Imagina, por eso, una «Fundación mítica de Buenos Aires», (en su forma original, de 1926, el poema hablaba de «fundación mitológica»), no en las cercanías del Riachuelo, al Sur de la ciudad, como sucedió en 1536, sino en «una manzana entera y en mi barrio: en Palermo».
En esa ciudad eterna, que no tuvo principio humano, Borges se internó por los barrios del Oeste: Villa Urquiza, Villa Crespo, Boedo. «En las afueras están las involuntarias bellezas de Buenos Aires, que son también las únicas», dice. Pero además deambuló por el Norte: Belgrano, Saavedra, y Nuñez, sobre los límites de la ciudad. Lo atrajeron las casas humildes, los zaguanes, los patios con aljibe, los almacenes con despacho de bebidas, de muros pintados de color rosa. En 1927, Borges esbozó uno de sus grandes cuentos, « Hombre de la esquina rosada», que editara en su versión definitiva en 1935.
Con los años, sin embargo, emblematizó a los barrios del Sur (Monserrat, San Telmo, Constitución, Barracas) como paradigma urbano: «El Sur es la sustancia original de que está hecha Buenos Aires. Yo, que creí cantar a Palermo, había cantado el Sur, porque no hay un palmo de Buenos Aires que pudorosa, íntimamente, no sea sub quidam specie aeternitatis, el Sur. El Oeste es una heterogénea rapsodia de formas del Sur y formas del Norte; el Norte es símbolo imperfecto de nuestra nostalgia de Europa».



Dejá tu comentario