8 de junio 2000 - 00:00

"BWANA"

D os potencias se “aludan” un muerto de hambre español y un muerto de hambre africano. Pero el saludo no es muy afectuoso que se diga. Imanol Uribe, autor de trazo eficientemente grueso y tocante, recrea aquí una pieza teatral de Ignacio del Moral, «La mira-da del hombre oscuro», potenciando su lado más negro. Bajo un humorismo zumbón, asoman el racismo, la xenofobia, la mezquindad y la violencia. La co-media puede mezclarse con el drama, la risa puede dar paso al nerviosismo y al espanto.
La anécdota refiere el encuentro de una típica familia española con dos negros que aparecen en la orilla del mar, buscando una vida mejor. Por supuesto, difícilmente la encuentren. El cine de Imanol Uribe no es lo que se llama un canto a la vida, y así lo prueban sus películas anteriores, por ejemplo «La fuga de Segovia», «El proceso de Burgos», «La muerte de Mikel» y «Los días contados», todas violentas. Cierto que una vez hizo ese deleite de «El rey pasmado», pero se trató de una obra por encargo. Dentro de ese panorama, «Bwana» es algo así como una obra intermedia, con los temas habituales del director (intolerancia, malestar, prejuicios, gente que necesita actuar como fundamentalista), pero en un marco más amplio del habitual, tanto por sus personajes como por su variedad de tonos.
Nada sabemos del actor africano que le da lustre,
Emilio Buale, pero los protagonistas blancos son María Barranco, que en las películas de Almodóvar siempre hace de flaca infeliz, y Andrés Pajares, que acá es conocido como el Paulino de «¡Ay, Carmela!», pero en su país alcanzó la popularidad con films como «Makinavaja, el último choriso» y «Semos peligrosos (uséase Makinavaja 2)», es decir el tipo ideal para hacer de taxista y padre de familia en una comedia popular. Sólo que ésta, por lo que se ve, más que una comedia popular es una comedia para que el pueblo entienda, y discuta.
En España la «entendieron», fue un éxito comercial, un disparador de polémicas, y hasta la candidatearon para el Oscar. Aquí se mostró en Mar del Plata '96 y se estrena con el debido atraso. No parece tratar algo de nuestra incumbencia. ¿Pero qué pasaría si cambiamos al español por un argentino, y a los negros por dos bolivianos, o chilenos, o paraguayos?

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