Norma Aleandro y Norma Argentina en «Cama adentro», de Jorge Gaggero, que inauguró
fuera de competencia el Festival de Buenos Aires.
Gustavo López fue invitado a subir al escenario, pero no habló. Tampoco lo hizo Aníbal Ibarra en la inauguración del nuevo festival porteño de cine, anteanoche en el América. El director artístico Fernando Peña se limitó a recalcar el trabajo de todos los miembros del equipo, presentar a los de la película inaugural, la comedia «Cama adentro», y pedir disculpas «a la gente que esperaba a Fernando Peña, el cómico». Casi nadie entendió el chiste porque en el ambiente de cine él ya era conocido mucho antes de que su homónimo empezara a aparecer en afiches. Mas conocida que todos juntos, la académica Norma Aleandro subió por primera vez a presentar una película en el festival, algo que los snobs habrán considerado como una invasión a sus predios. Peor todavía para ellos, la gente festejó el hecho con todo gusto. ¡Tantos años de prédica modernosa, y al final el público sigue amando los buenos relatos y las buenas actuaciones! A tener en cuenta, los aplausos fueron para ella, tanto como para la comedia, y para su partenaire, la debutante Norma Argentina. El resto de la noche fue, para algunos, en El Garage, un local de San Telmo con música demasiado alta.
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Con «Lo irracional permanece», grave docudrama germánico de reproches del pasado en Berlín Oriental, y « Medio boleto», amable cuadro de niños según la actriz (acá debutante como directora) Isild Le Besco, empezó ayer la competencia internacional del festival, dedicada, como es sabido, a realizadores noveles, o casi.
Al mismo tiempo, la competencia nacional se inició con «Los de Saladillo», también llamada «Ceux de Saladillo», grato documental franco-argentino de Alberto Yaccelini, precisamente dedicado a sus paisanos metidos a cineastas con aquello del Cine con Vecinos. Yaccelini vive en Paris, pero le encanta mostrar por la televisión francesa las cosas de su tierra, o de su gente en tierra francesa, como hizo en «Borboleta», sobre un criollo especializado en la preparación de caballos de carrera.
También cine con vecinos, o con amigos, hacen los protagonistas de un gracioso documental franco-belga «Cineastes a tout prix» (digamos, a cualquier precio), sobre tres verdaderos personajes que filman por puro gusto: un profesor de secundaria, autor de comedias tipo Don Camilo, un viejo que vive en una casa rodante, autor de cintas de la Segunda Guerra (por ejemplo, un ex miembro de la Resistencia recrea su vida ante las cámaras), y un loco que hace cine bizarro y siempre se presenta en público tapado con una capucha, «para que las cámaras no me roben el alma». Encima se llama Jean-Jacques Rousseau, y adaptó «La Internacional» de tal modo que ahora parece «Titanes en el Ring».
• Testimonios
Menos simpática, mejor dicho, nada simpática, es la visión del periodismo en el coreano «Breaking News» ( drama de acción sobre la cobertura de un asalto), y en «Outfoxed: Rupert Murdoch's War on Journalism», serie de testimonios de ex empleados de Fox News y alrededores que sangran por la herida y deschavan memos internos, manipulación de encuestas, técnicas de informar desinformando, modos de humillar al entrevistado interrumpiéndolo sin piedad, etc. El trabajo se basa mucho en lo que dice Bob McChesney («The Problem of the Media»), pero se hace interesante cuando aparecen ejemplos concretos y bien actuales.
Otra historia de periodistas es la que recoge «Paco Urondo, la palabra justa», de Daniel Desaloms, un videodocumental dramático, muy fuerte, ya exhibido en Mar del Plata, que cuenta de qué modo su propia organización mandó a la muerte al periodista y poeta montonero Francisco Urondo. «No me manden a Mendoza, ahí todos me conocen», pidió. Y ahí lo mandaron. Murió en su ley, a los tiros, inútilmente. También su joven mujer cayó ese día, y la hijita se salvó solo porque un vecino que estaba allí alcanzó a agarrarla.
Con muy buena investigación, narración precisa, ritmo en alza, fuerte crítica a la propia guerrilla peronista, y emotivo, y a la vez contenido, reencuentro de la hija ya grande con el vecino ya viejo (que planta un arbolito junto a la acequia donde cayó el poeta), éste es uno de esos trabajos que vale la pena ver y discutir debidamente.
Para hoy se anuncian, entre otras cosas, dos trabajos sobre alemanes: «El asesino de mi abuelo», danés, evocando la invasión nazi, y «El gringo loco», de Carlos Echeverría, dedicado al pionero de Bariloche Otto Miesling, en el cerro que lleva su nombre. También tres musicales: «Helicopter String Quartet», sobre Stockhausen y el Arditti String Quartet, «Los bravos», de Rocío Muñoz, sobre la gran movida de salseros peruanos en Buenos Aires (Cartagena, La Original, y otros que mueven multitudes sin necesidad de salir en los diarios), y «Jevel Katz y sus paisanos», de Alejandro Vagnenkos, dedicado al recuerdo del «Carlos Gardel judío», como le decían en el ambiente.
Pero el interés mayor está en dos documentales sobre sendos fenómenos californianos: «How Arnold won the West», e «Inside Deep Throat», que se dará solo en funciones cercanas a medianoche. En esto la programación estuvo floja: ya que dan la investigación sobre cómo se hizo, bien podrían rescatar también la original « Garganta profunda», que a esta altura es apenas un hecho histórico.
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