La última edición de la Feria de Arte Contemporáneo, ArteBA, cerró ayer las puertas de su edición más exitosa. Batió todos sus récords con la sorprendente cifra de alrededor de 1500 obras vendidas por totales que superan los de años anteriores y con la suma -que parecía inalcanzable-de 100.500 visitantes.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Desde su nombre y su estilo, la feria mostró un perfil diferente al poner el acento en las nuevas expresiones, sin cortar el vínculo con su soporte fundamental que son las galerías que presentaron obras importantes de los grandes maestros. Pero lo diferente este año fue la actitud del público, que respondió afirmativamente y en masa a esta gran convocatoria del arte. A partir del marasmo financiero de diciembre de 2001 la Argentina parece otro país, pero en el ambiente del arte los cambios son muy notorios. Para comenzar, los galeristas extranjeros señalaban que los compradores reclamaban indefectiblemente «arte argentino», de cualquier época o tendencia, «pero argentino». Toda una rareza en un país que ganó fama en el mundo entero por sus colecciones internacionales, y que llegó a ufanarse de poseer más pinturas de Sorolla que España. « Resulta increíble que la gente ni siquiera mire las litografías del consagrado Matta que apenas cuestan 800 dólares», agregó un entendido.
Si bien varios de nuestros coleccionistas top estuvieron la semana pasada de gira por la Bienal de Venecia y la feria de Basilea, los argentinos de la post devaluación pagan y miran con otros ojos lo nuestro. Así se vendieron centenares de obras llegadas de las provincias y de artistas que recién inician sus carreras. Claro, además de 30 pinturas de Bianchedi y cinco grandes cuadros de Macció con valores que rondan los 70.000 dólares.
En este contexto, un artista como Carlos Alonso que en otros tiempos circulaba libremente por la feria, se vio repentinamente arrinconado frente a su mural «La inauguración», acosado por cámaras, micrófonosy admiradores y obligado a firmar autógrafos como si fuera un actor de Hollywood. La obra en cuestión, que demandó 18 años de trabajo, muestra la degradación del país.
En la parte superior, un grupo de autoridades políticas en plan festivo se dispone a cortar una cinta inaugural que ostenta los colores de la bandera argentina. Bajo la cinta, un paisaje que puede interpretarse como el producto de esa «gestión»: los restos del país, un cadáver en medio de un basural poblado de hierros retorcidos.
Curiosamente, para el corte de cinta de la feria, a cargo de la comisión directiva y los políticos de turno, se eligió el mural de Alonso como telón de fondo. Elección por demás sugestiva, que nadie acertó a explicar y dejó flotando la duda sobre si fue un acto de distracción o deliberado.
En todo caso, pese al evidente dramatismo de algunas obras, el clima de la feria fue el de una celebración, desde el alegre té con masitas de Lelé de Troya, el elegante cocktail de Arte Viva o el festejo de la compra de una obra de Chandón, hasta la presentación del libro de Alonso «(Auto)biografía en imágenes».
La gente desbordó esa tarde la capacidad del auditorio y se instaló en las mesas del bar contiguo. Al culminar el acto, el bandoneón de Rodolfo Mederos interpretando el tango que Piazzolla dedicó a Carlos Alonso, resonaba en La Rural suscitando algo más que suspiros.
Un memorioso recordó entonces que hace apenas tres años, la revista española «Lápiz-» publicó un celebrado ejemplar sobre el arte de nuestro país que culminaba con el artículo «No más tangos, por favor», de la española Rosa Olivares. El texto señalaba las carencias del sistema local, pero no se puede obviar la posición estética subyacente bajo ese petulante reclamo.
Sin embargo, a fines de 1999, durante el concurrido almuerzo en Puerto Madero donde se presentó la revista, no sólo no se cuestionó ese título, sino que además, se argumentó a favor de invertir dineros públicos y privados en la apertura de una sucursal del Museo Guggenheim en Buenos Aires. Otros tiempos, otro país. Ahora, por primera vez en la historia, los argentinos defienden su arte y demandan más tangos. Por favor.
Dejá tu comentario