24 de abril 2006 - 00:00
Cine alemán también juzga ahora su otra dictadura
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HBO Max estrenó la película peor puntuada de una saga que traumó a millones de espectadores
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Una escena de «La vida de
los otros»: después de
muchas películas sobre el
nazismo, ahora Alemania
también revisa su duro
pasado comunista.
«La vida de los otros» rompe con esa moda. «Se acabaron las risas», empezaba su crónica sobre la película el diario populista «Bild». La RDA que retrata Donnersmarck es un país en el que uno no puede fiarse ni de su esposa o marido, en el que el Estado controla cada palabra y movimiento de los súbditos, indefensos ante la arbitrariedad del Estado. Al caer el Muro, la Stasi tenía 91.000 funcionarios y 174.000 agentes no oficiales. Estos eran ciudadanos normales que colaboraban con la policía secreta informando de sus vecinos o allegados. En la RDA había un espía por cada 180 habitantes, una tasa muy superior a la de la Alemania de Hitler.
El protagonista de la película es el dramaturgo Dreyman, de éxito en la RDA, (interpretado por Sebastian Koch). Intelectuales como éste los había a decenas en aquel país. Eran miembros de una casta privilegiada -y muy infiltrada por la Stasi- que podía permitirse viajar al extranjero, leer libros y prensa extranjera e incluso, dentro de unos límites, criticar al régimen.
En el film, el ministro de Cultura de la RDA se encapricha con la actriz compañera del dramaturgo (Martina Gedeck). El ministro encarga a la Stasi que espíe al intelectual. El leal Wiesler -un agente que tiene algo de monje al servicio exclusivo de la religión del Estado- instala un equipo de escuchas en el desván de la casa donde viven Dreyman y Sieland. No hay nada nuevo, desde el punto de vista histórico, en «La vida de los otros». Pero su éxito ha reabierto el debate sobre la segunda dictadura alemana del siglo XX, la comunista.
Mientras que los alemanes han realizado una ejemplar tarea de análisis respecto al nazismo, el régimen de la RDA -por su naturaleza distinta y por ser más reciente- resulta más fácil de idealizar o relativizar. Una víctima de la Stasi, el cantautor disidente Wolf Biermann, expulsado de la RDA en 1976, publicó un artículo muy elogioso sobre «La vida de los otros» en el diario conservador «Die Welt». «Esta película me hace sospechar -concluía- que la confrontación verdaderamente profunda con la segunda dictadura alemana sólo acaba de empezar».




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